Oscura es el agua

Sería mentira algún parecido real de lo que estoy viendo. Son imágenes demasiado nítidas, pero pienso que me he debido perder horas atrás, quién sabe si días, a medio camino de la vigilia y el sueño.

No puedo estar seguro de lo que a mis sentidos llega. Es posible que la herida de mi vientre pueda estarse infectando de nuevo, debería buscar una nueva postura, pero estas sillas de piscina están diseñadas para no encontrar nunca la comodidad, sino para que estés constantemente sumergido en la piscina.

No encuentro el momento de conseguir un modo, quizá una suerte de indulto, que me permita salir de una vez de este extraño centro. No puedo recordar como llegué aquí, al abrir los ojos contemplé una extensa sala blanca, de amplios ventanales, un olor a suero  por atmósfera, que planeaba denso, introduciéndose en las heridas y vendajes de las pobres almas que a mis lados se encontraban. Me sentí aliviado por darme cuenta de un hecho: mi cama se encontraba cercana a la mitad de aquella galería de dolor. Es posible que este regocijo sea sólo placebo, pero siempre he pensado que en los hospitales siempre colocan a los que están expirando sus últimos alientos cerca de las esquinas de estas salas. Del mismo modo ocurre en el agua: si lanzas una piedra a un lago, las ondas más densas y anchas irán surgiendo a medida que se alejen del punto de choque de ambos elementos.

Los siguientes días fueron confusos, tengo en mi cabeza borrada la diferencia de la luz del día con la nocturna, gritos que hacían oxidar el hierro de las camas, instrumental que resonaba al caer al suelo del pasillo contiguo (y no me hacía extrañarme, no quisiera ser yo el que tuviese que curar a este zulo de mutilados).

Me ofrecen un pequeño cojín para colocarlo debajo de la pelvis, y acepto sin dudar, no quiero que los puntos se abran y manchar de nuevo uno de estos ridículos pijamas, pues me llevaría a discusiones sin sentido entre la negación de quien tiene que ser ayudado y el buen samaritano que quiere curarlo.

No entiendo el idioma que se habla, pretendo prestar atención. A juzgar por su acento, es posible que sea alemán, pero tampoco hay relación con las otras voces que oigo. Me reconforta, agradezco que me lo haya dado, aunque se me aleja con una mirada extraña, sabiendo quizá, que dentro de poco tiempo, pueda volver a necesitar su ayuda. Pero el cielo empieza a enrojecerse, me hace sonreír, me recuerda los colores patrios, y es cuando te veo salir de la piscina. Sin desearlo, mis pensamientos se han aclarado. No es verdad lo que veo, hay gente por medio cruzándose, es posible que sea el último sueño antes de despertarme, pero tu cuerpo desnudo, envuelto en gotas transparentes, ha llenado silenciosamente el ruido de este lugar. Estás en tu silla, te has sentado con gracia, puede que intentando hacer ver cierta torpeza, pero te vas  deslizando muy lentamente, al mismo tiempo que el hielo de mi vaso se derrite. Aparto el parasol, es necesario verte más nítidamente, hacía ya tiempo que no podía admirar tan virtuosamente un cuerpo femenino, líneas curvas,  negro como la tierra tras el incendio.

La verdadera duda que surgiría en una mente calmada sería qué hace una belleza en tan grimoso lugar. Pero sé que me miras, y te diriges hacia mí, rodeando con tu contoneo el borde de la piscina, cada vez más cerca, y como la boa hambrienta al  chacal herido, te agachas a besar mi herida, y comienzas a mordisquear mi mano mientras me disuelvo en el más rojo de los deseos. Y siento los pies fríos, el agua de la piscina comienza a subir por nuestros cuerpos, se desborda llenando el patio. Sumergido cierro los ojos un segundo, ahora sabré que despierto de un extraño sueño. Pero el agua me sigue cubriendo cuando los abro, es lo único que me rodea, miro mi traje de soldado, desharrapado, la herida permanece en su lugar, veo los rostros de quién me han arrojado a las profundidades.

No es necesario luchar ya, sólo aprender a no respirar, perderme en esta profundidad.

 

Fotografía: National Library Of Scotland

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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