Cuarta Cultura

A veces tiene uno la suerte de tropezarse, a la hora del café, pongamos por caso, con un experto en nanotecnología con más ancha y mejor cultura humanista que mucho otro humanista profesional. Un techie/fuzzy del todo ambos en uno solo. ¡Es para celebrarlo!

Extraño yo, y hasta confeso impostor en ambas orillas, creo sin embargo que C. P. Snow, novelista o físico a la vez, hizo muy bien en prevenirnos de la ruptura entre ciencias y humanidades en su conferencia Las dos culturas, por más que enseguida mostrara un optimismo excesivo ante la idea de una tercera cultura, como lo diría Brockman, que hermanara agua y aceite. Las dos culturas, científica y humanista, exhiben a las claras una brecha entre el hombre ingenio y el hombre anumérico, que es, todo en todo, brecha verdadera y casi necesaria. Tampoco hoy la identidad numérica y la aliterada terminan de explicar por qué todo humano quiere ahora ser o estar en cualquier cosa o en cualquier lugar menos, obligadamente, en ese que frecuente hoy. Humanista no debió ser nunca entendido como lo que realmente ha acabado por ser entendido: el don de un señor o una señora que ni entienden de negocios ni de números ni de tecnologías de la información por mucho que de otra cosa. La tercera cultura es para mi gusto un intento fallido mal que bien intencionado de aliar dos substancias antagónicas. Especialista en cultura de ciencia no debió ser nunca entendido como lo que realmente ha acabado siendo entendido: el don de un señor o una señora que a fuer de matar la teoría han acabado por crear una muy otra filosofía por poco que ataña a lo humano.

El hombre se define lo mismo por su afán de dominar el fuego como por la necesidad de apagarlo a su merced, y en esto último ya venimos fallando.

No habrá jamás, o no lo creo, un entendimiento neto entre las dos culturas porque nuestro modelo pinta, al contrario, encaminarse hacia muy otro lugar, más aún, y desde que, ahora ha surgido una especie de cuarta cultura: esa que niega la tercera para luego afirmarse en el deseo de mostrar una humanista cuando es científica o científica la otra cuando ha sido humanista, pretendidamente ambas. O no satisfecho deseo alguno, podrías decir también.

Fotografía: Victor Sangermán

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
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