Recuento general

Se había montado un gran revuelo. Los muchahos salieron de las escuelas e institutos para reunirse sobre el puente de Arriaga en Bilbao. Buena parte de los universitarios de Deusto e incluso Mondragón se iban incorporando al cada vez más numeroso grupo y en poco tiempo radio, televisión y prensa escrita se movilizaban también para cubrir la noticia sobre el terreno. Una bomba que no por inquietante y sintomática del clima social del momento dejaba de ser curiosa y en cierto modo también divertida para ciertos núcleos sociales vascos. Se trató de una fiesta espontánea, una celebración radical salida de los más bajos instintos juveniles de la extrema izquierda  ¿Pero era en realidad una noticia para celebrar? Sin lugar a dudas no todos opinaban lo mismo.

La mañana anterior sobre un cielo despejado de San Sebastián un grupo de niños jugaba entre las piedras del río Urumea sin percatarse de lo que se estaba cocinando a escasos metros dentro recinto de ladrillo que tenían enfrente. Estaba a punto de comenzar el concierto del cantante y compositor Imanol Larzabal, gran defensor de la cultura y la lengua vascas.

  • ¿Estás seguro de que Imanol no sabe nada? – preguntó Piti.
  • ¡Que no joder! Y así debe ser. Lo sabe quien lo tiene que saber.
  • ¿Cuándo salimos entonces?
  • En cuanto termine el concierto

Ambos camaradas se despidieron en el patio y acordaron verse a las 15.45 h.sobre la canasta norte de la cancha de baloncesto donde confluían cinco largos corredores de cemento al aire libre que unían ésta con el gran bloque cerrado a unos sesenta metros.

Iñaki Pikabea, Piti, y Joseba Sarrionandia, Sarri habían tenido varias visitas más de lo normal aquel verano de 1985 pero nadie sospechó nada extraordinario habido cuenta de su popularidad y de que por aquellas fechas amigos y familiares disponían de mucho más tiempo libre por vacaciones.

El concierto comenzaría a las cuatro en punto de la tarde pero por motivos de seguridad y orden en este tipo de acontecimientos aquel día la dirección estableció una concurrencia escalonada al patio, donde los primeros en llegar serían sacados del módulo uno a las tres, diez minutos más tarde los del dos y así sucesivamente hasta completar los seis. Sarri y Piti pertenecían al cinco y llegaron al patio exactamente a las 15.42. Tres minutos más tarde se encontraban debajo de la vieja canasta según lo planeado.

  • Vamos por unas cervezas.
  • ¿Tienes dinero?
  • Algo me queda. De todas formas, solo nos dejan sacar dos.
  • Pues vaya mierda.
  • Igual, ¿de qué te lamentas ahora, tío ? Mañana ya no tendrás este problema.

El ambiente en el patio era absolutamente festivo. La banda realizaba  pruebas de audio minutos antes del comienzo. Los asistentes no podían parar de bailar, reír y bromear augurando el gran éxito que, independientemente de la calidad de la música, tenía el concierto anual de verano en la institución.

Era el siete de Julio de 1985 y en paralelo a la celebración de la mundialmente conocida fiesta de los Sanfermines en Navarra, ese día la prisión de Martutene organizaba para los reclusos uno de sus dos grandes eventos del año.

A Iñaki Pikabea, Piti, le habían caído ventisiete años de condena por asesinato, secuestro  y unión a banda armada. Sarri sin embargo debería pasar algunos más por motivos similares. Ambos llevaban cumplido solo un año en Martutene cuando aquella tarde la música cobró un sentido diferente, más allá de la libertad, el mero ocio o el arte.

  • ¿Repasamos?
  • No hace falta, ¿no? ¿Estás nervioso?
  • Para nada. Pero hagámoslo de nuevo.
  • Está bien. Sobre la hora final del concierto, a las cinco y veinte, Patxi León atacará a cualquiera de los tipos que se encuentren en la franja derecha del escenario. Allí, ¿ves? Confiamos que el hijo de puta arme el suficiente lío para poder acercarnos sin llamar la atención. Nosotros nos encontramos como verás a unos diez o quince metros. Hemos de apresurarnos en alcanzar la parte posterior del complejo de cables y equipos colocado a las puertas del camión blanco – Sarri señaló muy discretamente con el dedo el lugar exacto. Continuó: Nos espera Josema que es parte del equipo. ¿Recuerdas a Josema, verdad?. Bien. Nos quedamos con Josema y no hacemos absolutamente nada más hasta que él nos dé el aviso, ¿de acuerdo?
  • ¿cuándo entramos?
  • La intención es hacerlo a la orden de Josema. El abrirá y cerrará los bafles. No nos movemos hasta que no nos avise él. Piti, ¿Lo tenemos claro?
  • Sólo me preocupa …
  • Sí, ya sé que te preocupa. A mi también. Pero la suerte está ya echada. Entramos y esperamos. Lo más normal es que cancelen. Josema y el resto hablarán con Iñaqui y lo convencerán de cortarlo ahí. No van a reanudar el concierto después de una pelea jodida por diez o quince minutos. Y confiemos que así sea o las vamos a pasar putas ahí dentro entre el calor y el sonido. Ten fe, joder. Si Josema dice que cancelamos, cancelamos.
  • ¿Y el tiempo de espera ahí dentro?
  • Ni idea. Una, dos horas … más el recorrido después. Nos vamos a cagar de calor, eso está claro, pero con suerte mañana estamos en Francia tomando el sol en la finca de Uribe.

Y comenzó el concierto. Había cámaras por todos los sitios. Las medidas de seguridad se habían reforzado y la vigilancia desde las 6 torretas del perímetro habían doblado el personal, así como los guardas de seguridad del mismo patio, repartidos por todos los rincones. Sarry y Piti debían confiar en que el inmenso revuelo y la destreza de Josema para abrir y cerrar los bafles en dos segundos fueran suficientes para, entre el tumulto de presos, no ser descubiertos. Era el todo o nada, la libertad o la condena. Su vida o su muerte.

Llegó el momento. Mientras Imanol llegaba al punto culminante de uno de sus grandes éxitos, Patxi atacó a un miembro del comando Black de los peruanos. Debió excederse un poco, pensaron Sarry y Piti mientras se abrían pasos entre los reclusos que encolarizados ya andaban liados a hostiazos, porque en escasos segundos la zona del patio cercana al escenario se había convertido en una auténtica batalla campal.

Sarri cayó al suelo. A punto de ser pateado por la marabunta de presos una roca en forma de mano lo asió como a un guiñapo tirando de su camisa y llevándolo a la zona segura. Se trataba de Josema que a escasos metros de la escena llevaba vigilando el espectáculo desde su comienzo sin quitarles el ojo de encima. Fueron quince metros de terror, nerviosismo, de lucha por la libertad. Su libertad. Por esa libertad que ellos mismos habían arrebatado a otros seres humanos dos años antes.

El concierto se suspendió. Imanol, sorprendido por todo el revuelo ordenó retirar todos los equipos y cerrar filas. El peruano atacado por Patxi fue rápidamente trasladado a la enfermería del penal debatiéndose desangrado entre la vida y la muerte. Una docena más de heridos siguieron el mismo camino y mientras las autoridades del presidio reorganizaban al resto de reclusos para lograr una retirada segura la comitiva de Imanol salía con absoluta calma de allí una hora más tarde. Tan solo los operarios encargados del escenario portátil continuaron trabajando hasta pasadas las nueve de la noche desmontándolo todo sobre el dantesco patio vacío que lucía un terrorífico aspecto entre manchas de sangre y vasos de plástico desparramados. Era la hora del recuento general.

Dos miembros de ETA se fugaron ayer de la prisión de Martutene escondidos dentro de los bafles después del concierto de Imanol Larzabal,  aseguraba el titular de Egin a la mañana siguiente.

El desayuno de libertad para algunos se convirtió en vómito para otros. El país se dividía un pedacito más mientras los jóvenes abertzales sobre el puente de Arriaga clamaban por una independencia oscura que solo ellos creían entender.

Pocos días después el grupo radical Kortatu con su díscolo líder a la cabeza, Fermín Muguruza, compondría el tema que los haría internacionalmente famosos: Sarri, Sarri, en honor a Joseba Sarrionaindia. Toda una apología a ese íntimo concepto de libertad que mucho siempre varía dependiendo del ser humano y que nos lleva en ciertas ocasiones, lo queramos o no, a esta suerte de odio, peruanos desangrados sin sentido, naciones divididas y jóvenes que se emborrachan reclamando sus derechos desde el bar en lugar de sus escuelas o universidades.

Descanse en paz, amiga democracia.

Acerca de Vicente Aguilar

Como dice mi buen amigo Joaquín la pasión deja cicatrices. A mi no me queda piel sana ya entre tatuajes y ‘pasionaduras’. Nací de la pasión y apasionadamente (estoy seguro, aunque nunca me lo dijeron). Esto sucedió en Madrid el siglo pasado. Vivo pues desde la pasión, para la pasión, por la pasión, tras la pasión …. y podríamos acabar casi con todas las preposiciones pues encajarían como un puzzle en el día a día de mi agitada vida. Cocino, como, hago el amor o follo (según se tercie), río, lloro, trabajo o escribo con pasión y eso es todo lo que puedo ofrecer. No entiendo de otra cosa. Es por ello que, desde aquí quiero comunicarme apasionadamente y recibir el calor de vuestra compañía que confío esté a la altura de este secretillo mío que ahora acabo de desvelar.
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2 comentarios

  1. Genial relato sobre uno de los sucesos carcelarios más pintorescos de la historia reciente. Así comenzó la leyenda de Sarrionandia, que hasta hace un par de meses se encontraba en paradero desconocido pero que por el camino se convirtió en uno de los autores clave de la literatura en euskera.
    Solo una puntualización: Sarri sarri es una versión de un grupo jamaicano. Aunque por aquí la de Kortatu es mucho más conocida.

  2. Vicente Aguilar

    Hola Asier,

    muchas gracias por tu comentario. Sí, sabía lo de la canción pero no quise aburrir mucho al lector con detalles sobre su composición/versión. Sólo quería mencionarla (como no podia ser de otra manera) pues supuso el tema favorito de mi adolescencia que no paré de bailar durante mucho tiempo. Bueno … aún hoy lo hago 🙂

    Un abrazo.

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