Declaración de lo útil

Estoy harta de lo útil.

¿Quién determina lo que es útil y lo que no lo es?

Lo que es útil para ti puede no serlo para mí. Puede que tu cacharro nuevo a mis ojos se convierta en un impermeable para peces.

Y a mí qué, que un teléfono pueda recordar los trescientos mil números de una agenda si lo único que quiero es que te acuerdes del mío.

Útil no es tener un robot de cocina que prepare las 1001 cosas que yo no tengo paciencia de aprender a cocinar, sino que tengamos el mismo plato favorito y lo preparemos, mal, como mínimo una vez por semana.

Todos aquellos casetes, CDs y listas de Spotify de ‘Varios’ que nos regalamos no tenían nada de útil hasta que no los bailamos ridículamente y nos quedamos sin aire.

Útiles son tus uñas para aliviar mis picores de espalda -y de corazón-. Útil no es que me digas que me quieres, sino que yo lo crea como tus dedos en mi piel, como tus labios apretando los míos, como tu abrazo cuando no tengo sueño.

Y vaya, amar no es nada útil, pero creo que amarte es lo más útil que he hecho en toda la vida.

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