Un esfuerzo deportivo

Dice José Lasaga, quizá el mayor experto en Ortega, que “deportivo” hoy suena más bien feo al hablar de la ética del esfuerzo orteguiana, y es cierto que Ortega se refiere al deporte de los antiguos olímpicos griegos para hablar de su “esfuerzo deportivo”, donde el esfuerzo era recompensado con una corona de laurel por todo pago. Hablamos de la Grecia antigua, no del deporte de la tele. Quede claro. El pago era el prestigio y no el parné. Porque más prestigioso parece que sea hoy hablar de un griego antiguo que de un jugador, pongamos, del AEK Fútbol Club, así sea que este último sea un fenómeno pegándole a la pelota y el primero un fulano sin oficio ni otros méritos conocidos. Impagado, eso sí. Algo que hoy también ha perdido prestigio porque está también muy visto.

Ortega distingue para su ideal de felicidad dos tipos de esfuerzo, el esfuerzo como cálculo y el esfuerzo deportivo. Uno pragmático, otro ético (?). El esfuerzo pragmático habla del trabajo, de medios y fines; el esfuerzo deportivo se refiere en cambio a una especie de vocación impagada. Cuanto más haya de vocación en el esfuerzo de lo profesional, cuanto más “deportivo” sea lo que hacemos por razón instrumental, como medio de sustento material, más ‘felicidad’ hallaremos en el camino, viene a decirnos Ortega. Tanto más haya de vocación en la profesión, tanto mayor esfuerzo deportivo en lo que antes era esfuerzo de cálculo, tanto así de dichosos y más ‘felices’ seremos.

No me lo creo.

Yo lo he vivido todo al revés de como lo explica el gran filósofo. ¡Eso a mí no me pasa! Le pasa a Ortega, o acaso te pase a ti. Cada vez que he intentado acercar la vocación a ese esfuerzo instrumental de supervivencia, a ese afán obligado de mera devolución, he acabado siempre arruinando mi vocación o la profesión, o las dos cosas. Dicho más deprisa: nunca encontré satisfacción alguna en hacer de mi vocación una profesión.

Para mí siempre ha sido una forma segura de mandar al traste una vocación querer prostituirla por un trueque comercial. Y es que, además, no sé si admiro (¿envidio?) a quien no lo haya vivido así, o es quizá solo que no crea en que se pueda hablar de dos polos hacia ‘la felicidad’ con conceptos para mí tan mal mezclados, desde que esos tipos de esfuerzo orteguianos, para definirse, uno y otro, exigen dejar de ser lo que son para ser ya otra cosa que parece a todas luces su contraria. O hablamos de profesión, o hablamos de vocación. Que te paguen por una vocación es una mera coincidencia afortunada, más aún lo será si, pasado un tiempo, esa vocación puede seguir llamándose así, pero el valor de transmutar esfuerzo de cálculo en esfuerzo deportivo, ‘ético’, es para mí tan ético como pueda serlo la recién descubierta repelencia de los números primos: Nada. Si al esfuerzo deportivo se le puede llamar ético, que se puede, tan ético será entonces el esfuerzo de cálculo, tanto o más.

Las vocaciones hay que protegerlas, mimarlas, aislarlas del crédito y de la sustancia dineraria, defenderlas con sangre, si llega el caso. Porque no estoy tan seguro de que sea muy extraño a tu experiencia si te digo que profesionalizar una vocación es una forma casi probable de perder tu vocación. Ortega pasa por ser un racionalista, pero de un vitalismo poético, tan precioso como mentiroso, cuando habla de esfuerzo ‘deportivo’ como vocación impaga si ésta quiere ser pagada de razón instrumental. Que pueda dejar de ser impaga, gratis et amore, sin llamarse a la razón de cálculo, y por tanto ya otra cosa, me parece un ideal dificilote, cuando no cambiar lo que antes era disfrute amable por puro hueso quebrado y podrido.

Yo no sabría cómo vivir sin vocaciones impagas que nadie me pueda comprar, porque no las vendo, ni así me las quieran comprar. Y cuando las vendo, ya son y serán otra cosa.

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.