Inés

Reflexiones de un gallego: Inés

 

Allá por los 60 Inés era popular en todo el barrio por su lozanía, sus exquisitas maneras y una belleza salvaje que aún mantiene pese a las arrugas y su ligeramente encorvado caminar. Morocha, madre de 3 hijitos varones que eran la pesadilla del vecindario, se casó con Leandro en Caballito y tuvo una vida feliz.

El camarero la ve incluso antes de entrar acercándose por Pampa porque es la hora. Es viernes y todos los viernes Inés visita Manhattan a las 6 en punto de la tarde para tomar el cafetito con su acompañante, Gabriel. Yo los atisbo desde mi mesita del rincón, taza en mano también, deleitándome con las jovencitas que, tan bellas y díscolas en su mocedad, ni se percatan de mi presencia. Otro viejo, supongo que pensarán. Me gusta el café de Manhattan, está rico y no lo han subido desde hace ya un tiempo. Continúa a 40 pesos.

– Buenas tardes, Juan.

– Muy buenas Doña Inés. ¿Dos cortados?

– Sí, por favor. Está fresco hoy, ¿verdad?

– Y que usted lo diga. Abríguense bien para salir no vaya a ser que se resfríen.

– ¿Ya nos estás echando? ¡Y ni bien llegamos!

– Claro que no, Inés. Solo me preocupo por su salud. Dicen que viene un frío aún más intenso. Ustedes cuídense, de acuerdo ?

Inés viste una falda negra con blusa blanca y zapatos de medio tacón, viejos pero bien cuidados. Sobre su blusa blanca un abrigo de cotelé oscuro adornado con un broche majestuoso que bien pudiera ser un colibrí o similar, de colores vivos. Un peinado sencillo pero profesional y un pañuelo de seda al cuello completan su ornamento. Inés es sencilla pero tiene clase. Es de esas ancianas a las que da gusto mirar porque atacan la dignidad todos los días al levantarse y le dedican unos minutos al espejo y a su armonía.

-Te lo dije Gabriel. Te dije que no debías volver al club – Inés gesticula reprimiendo a su marido – Parece mentira que no te des cuenta. ¡Con la excusa de jugar a las cartas todas las tardes se te van más de 100 pesos! Y yo me pregunto: ¿cuándo pagan ellos ? ¿Por qué siempre tienes que invitar tú? Si es que … de bueno a tonto hay un paso y tú siempre lo das.-Continúa – No podemos permitírnoslo. Sabes que Javi va a ir este año a la universidad y Ramón necesita ropa. Que no Gabriel, ¡que no!

 Inés sigue gesticulando en un monólogo suave pero firme.

– ¿Otro vasito de agua Doña Inés?

– Sí, por favor, Ya nos vamos. Tengo que comprar unas medias en la galería y después toca preparar la cena para todos, ya sabes. Muchas gracias, Juan. ¿Todo bien por casa?

 Inés camina despacio. Se ha arrancado a llover y yo la observo desde mi mesita pegado a la ventana mientras apuro mi café y me debato entre salir ya o quedarme un rato más, de pura fiaca. Se está tan bien en Manhattan. Sin paraguas y haciendo malabarismos, Inés se acerca a la esquina con precaución. Pese a todo, resbala y cae al suelo sobre la vereda. Salgo rapidamente, asustado y sin pagar mi cortado. Me acerco a ella, quien torpemente trata de alzarse de nuevo apoyada sobre un farol. Un joven adolescente ya está atendiéndola cuando yo llego.

– ¡Señora! ¿Qué pasó?, ¿se encuentra bien? Déjeme ayudarla. Quizá no debería pasear sola en días como éstos. Está el piso muy resbaladizo. Quizá un bastón …

 Inés mira al muchacho y dignamente le espeta:

– Yo no estoy sola hijo. Yo nunca estoy sola. Y no necesito un bastón.

 Se levanta, arregla su peinado con las manos y se marcha Cabildo abajo dirección galería Río de Janeiro. Cojea visiblemente.

Vuelvo a Manhattan y le pregunto a Juan.

– Enviudó hace seis años. Solía venir aquí con su marido todos los viernes. Un pan de Dios. Es la mejor clienta que tenemos. Educada y elegante. Yo le doy bola, ¿sabe ?.

Volví a la cafetería 3 viernes más pero Inés nunca apareció. Me dirijo a pagar mi café y pregunto de nuevo al camarero, quien con lágrimas en los ojos solo me devuelve el cambio.

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Acerca de Vicente Aguilar

Como dice mi buen amigo Joaquín la pasión deja cicatrices. A mi no me queda piel sana ya entre tatuajes y ‘pasionaduras’. Nací de la pasión y apasionadamente (estoy seguro, aunque nunca me lo dijeron). Esto sucedió en Madrid el siglo pasado. Vivo pues desde la pasión, para la pasión, por la pasión, tras la pasión …. y podríamos acabar casi con todas las preposiciones pues encajarían como un puzzle en el día a día de mi agitada vida. Cocino, como, hago el amor o follo (según se tercie), río, lloro, trabajo o escribo con pasión y eso es todo lo que puedo ofrecer. No entiendo de otra cosa. Es por ello que, desde aquí quiero comunicarme apasionadamente y recibir el calor de vuestra compañía que confío esté a la altura de este secretillo mío que ahora acabo de desvelar.
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