Libros que he escrito y que no he leído

La primera vez que hablé de un libro sin haberlo leído yo tendría unos doce años. Y mi madre ya dijo entonces que, aunque con buen fondo, le había salido un niño un poco higüeputa y muy teatrero. Después no he sabido ni querido quitarme del todo esa costumbre. La honradez académica, la intelectual o la honradez a secas no son, tampoco, dones naturales, sino más bien complejos artificios que se aprenden con los años (o nunca), acaso por la autocensura que te impones cuando descubres que quienes admiras de verdad no hablan jamás de oídas.
Recuerdo haberme visto en alguna tertulia alcohólico-filosófica, en alguna casa de comidas, del barrio, de la calle, o del bareto menos glamuroso de todos los bares, donde media docena de fulanos, sofisticados nosotros, tomábamos el jotabé-cola, garrafón, copa gordota, meñique enhiesto, mientras que gallardos elogiábamos un libro con mucha energía y que luego supe que ninguno habíamos leído. Lo supe porque yo sí lo leí. Después. Mucho después. Ayer. Lo leí un poco. Pasé de la tapa y leí su reseña en Revista de libros. Un ejercicio que yo recomendaría a todo el mundo. Hay que hablar, y mucho, se sepa o no se sepa de lo que se habla, porque, que el verbo se hiciera carne yo no lo sé, pero que la carne se ha hecho verbo… una jartá, y desde Facebook y Twitter ya es una cosa mala.

Un poco de impostura es necesaria y hablar de oídas también. Acaso ya no lo es tan necesario hablar mal de un libro que no has leído, pero mucho más divertido y travieso. Recomendable.

Soy un experto en hablar de libros que no he leído. Soy un experto en libros que no leería ni dios, y que (menos voy a hacerlo yo) yo tampoco he leído. Soy Bartleby multiplicado por mil «no quiero», por mil «no puedo» y por mil «’enga, coño», pero puedo hablar de libros que no he leído, y tú también. Y es que, dices tú que no, es jodido encontrar tiempo para ser actor y lector, para ser político y lector, para ser periodista y lector; para hacer que casen bien el tráfago de lo que eres y lo que dices que eres. ¡No te da tiempo, claro! Es natural, y se comprende.

Tengo un amigo que defiende el mes que viene una tesis que ha escrito pero que todavía no se ha leído. Mi amigo me supera: hace mis miserias muy normales o vulgares. Qué cabrón. Y qué salao.

 

📷 Clem Onojeghuo

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
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