Con – partes

En mi casa siempre han sido todos muy de derechas o muy de izquierdas. Solo me salvo yo, que soy más de ir al cine. Cualquier parecido de lo que te cuento con la ficción es pura realidad.

Esta mañana me he encontrado con mis sobrinos pegándose a mamporro limpio con espadas fosforito, pues todavía les duraba el resacón de la enésima parte de La guerra de las Galaxias que vieron anoche. La culpa la tiene su tío por hablarles de la guerra como un negocio tan infeliz como, parece, necesario para nosotros los primates avanzados.

Es domingo y me los he llevado a misa de once, no solo por encargo de mi cuñada católica, sino cosa mía también para que los niños se vayan acostumbrando un poco a todo. El cura que nos ha tocado, que además de un poco colérico parecía medio comunista, ha dicho: «¡Hay que compartir!». Y yo me lo he apuntado.

Con ese buen rollito hemos ido enfilando la vuelta a casa bien organizados, y ya que la idea del cura me ha parecido correcta pero breve en su fundamentación, he querido ser un buen tío y seguir la recomendación cristiana y tutelar de esa parte de mi familia que ya tenía olvidada (la recomendación, digo). Asumida felizmente mi tarea de docente a tiempo parcial, les he explicado a mis sobrinitos las ideas comunitaristas desde los socialistas utópicos hasta Alasdair MacIntyre; ideas que, como no me interrumpían, han seguido hasta un poco más allá, tan emocionado y enérgico como estaba regresando yo a mi pasado. Las niñas me miraban curiosas como el que mira a un mono en el zoo. Los niños, por su parte, más que atenderme marchaban con prisa para llegar a casa y agarrar otra vez las espadas, pero no han molestado durante el camino y solo me han interrumpido una vez para apostillar que el tal Bakunin, «además de ése, es también una marca de aspiradoras».

En cuanto hemos llegado a la casa, y con ese regusto cooperativista que llevábamos todos en el cuerpo, les he tenido que arrancar, violentamente, parte del armamento galáctico que he podido encontrar en la casa de mi cuñada. Yo me he bajado al bar como conclusión de mi ejercicio pedagógico dominical, pensando que ahí se maten ellos pero poniendo un pretexto más enjundioso para mi huida.

La mamá se ha quedado enchufando televisores, ordenadores, tabletas y otras golosinas digitales para ver si así los niños se distraían y bajaban el nivel de agresividad. La madre no ha encontrado golosinas para todos, con lo cual, luego he sabido, se han pegado de hostias entre todos ellos bajo el lema de que «hay que compartir». «¡Hay que compartir!».

 

📷: Guillermo de la Madrid

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
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