Negativo original – David Olivas

Por vez primera en esta colección de entrevistas, que de momento sólo va dejando mostrar su pata, he tenido el placer de entrevistar a un fotógrafo, más que de profesión (que también), por pasión. David Olivas (Albacete, 1996), de estreno con su novela, La misma brújula, conversa con fluidez y aceptando esta ardua parte de las promociones que son las entrevistas, donde las palabras se acaban repitiendo, se repliegan y acaban perdiendo el norte. Él, en cambio, no. Me demuestra su tesón y voluntad de continuar sus objetivos. Porque ‘ser valiente no es sólo cuestión de suerte’ como dice la canción.

 

 

Las palabras

 

—¿Es posible errar con brújula, David?

Es posible errar… Yo creo que sí, es muy posible, en el caso de este libro, errar con ella.

—Refiriéndonos sobre todo al caso del protagonista, Eduardo, por todos esos tumbos que da entre unos y otros familiares, o amigos, o gente más cercana incluso.

Sí, además pienso que ese personaje finalmente te cuenta la historia y es con quien vives el libro. Es verdad que se apoya en todos los demás, pero Eduardo es el que va dando pasos agigantados en ese camino que no sabe si es el acertado o no, que va moviéndose por todo. Y yo creo que es él quien lleva la brújula en esta historia, es el que va por un camino sin la seguridad de que vaya a gustarle, pero que confía en ella, la lleva en el corazón de algún modo.

—Los protagonistas son dos hermanos gemelos, Adolfo y Eduardo. ¿Por qué decidiste que fueran tal cosa, que su unión fuese tan próxima, y los colocaste en el marco de la adolescencia? Ya que podrías haberlos pensado en una edad más adulta, o más jóvenes incluso.

Bueno, al principio, esta historia iba a ser contada por un personaje, un chaval, hijo único y demás, pero fue cuando me encontré con dos hermanos gemelos. Me fijé y dije ‘la verdad, qué lazo que te une cuando tienes un hermano, aún más si cabe, siendo gemelo; es increíble, impresionante’, así que decidí que debían ser dos los protagonistas. Y tuvo que ser en el marco de la adolescencia, porque ahí es donde más fácil me iban a poner el papel que yo quería desempeñar en la novela. Estas dudas sentimentales, esa valentía, esos problemas a los que nos enfrentamos en esa etapa de la juventud, que es muy bonita pero difícil. Fue ahí porque era el periodo adecuado, tanto para ellos como para la historia.

—En tu página personal, soydavidolivas.com, tienes el siguiente texto, en relación con tu labor principal, la fotografía: ‘Fotografías de un concierto o festivales hasta los retratos más intensos, pasando por paisajes imposibles y momentos para el recuerdo.’

Diría que mantienes este nexo entre lo amplio y lo mínimo en tu novela, con el uso narrativo que haces de los espacios y las conversaciones. Todo ocurre entre grandes superficies, como las calles de Gerona o los paisajes nevados de Benasque, o en casas y aulas de instituto.

Sí, la verdad es que cuando escribía La misma brújula me imaginaba todo el rato dónde, de qué forma, y entonces es verdad que cuando estás trabajando todos los espacios y ambientes y escenarios, recurres a las cosas que has visto porque es un recurso visual muy efectivo. Quería que te lo imaginases desde la primera hasta la última página, que en tu cabeza se fuese formando esa película, como la calificó Màxim Huerta. Y es cierto que la construcción de estos escenarios los hace más grandes aún, como esas montañas, el aire que se puede respirar, o algo muy chiquitito como la sala de una discoteca o la habitación de los hermanos gemelos. Es cuando te das cuenta de todos los espacios que estás trabajando a la vez.

—Son habituales también las escenas de paseos, con los protagonistas cuestionándose sus tribulaciones amorosas o personales, siempre en movimiento. A la hora de escribir dichos capítulos y pasajes, ¿los veías como fotografías en tu cabeza, y las accionabas mediante las palabras? Del mismo modo que en el cine cuando se dice ‘acción’ antes de rodar una secuencia.

La verdad es que sí, yo me iba imaginando todo por fotografías; veía a Eduardo en ese banco con su mejor amiga, imaginaba cualquier momento que escribía, y en ese instante, conseguía accionarlos, darles vida a ellos y sus situaciones. Es cierto que en ese aspecto era muy fácil, ya que se ve una imagen clara y a través de ella ya les seguías, les dabas vida. Hablaban, andaban, seguían tus direcciones donde les mandabas. Te sientes el director, porque tú pensabas la forma, la dirección, con quién, y es una sensación muy bonita.

—¿Y referencias externas de directores que te influyesen en esos momentos? ¿Tienes, o tenías, alguno en particular?

Bueno, para mí, Juan Antonio Bayona siempre está presente en todo lo que hago y demás. Aunque en este libro también Daniel Sánchez-Arévalo con su novela La isla de Alice, ya que estaba en constante movimiento y te tenía atrapado. Y sí, quería escribir algo que te mantuviese despierto, alerta de todo lo que puede pasar, por eso las acciones fluyen en movimientos, salvo dos o tres del libro. En definitiva, esos dos autores estuvieron muy presentes.

—¿Ha habido una transición entre tu anterior obra, Serendipia, y esta novela, o lo has considerado como una coyuntura en tus creaciones, una ruptura con tu anterior trabajo?

Creo que iban unidas, que no se entendería Serendipia sin este libro, y viceversa. Para mí es como una evolución que da la mano a la antecedente, pues es verdad que en este libro hay cosas muy poéticas, cartas, imaginaciones, canciones, de todo, que me ha venido muy bien tener al lado, porque esos momentos muy sentimentales, tan profundos, no se entenderían de la misma forma si no hubiera hecho un poemario, ¿no?, si esos sentimientos no se hubiesen sacado tan claro en el otro libro. Van unidos, sí, no es una ruptura, es un cambio de rumbo. Pero me gusta, pues era el momento de una novela. Estoy muy cómodo ahora en ella, pero me encanta mi poemario Serendipia, es fundamental en todo lo que hago y lo tengo súper presente siempre.

—El género de La misma brújula es, grosso modo, el de la literatura juvenil. Pero tú le has querido dar un tono que no lo hace tan remarcable, algo que se agradece. ¿Es intencionado abrir el rango de tus lectores?

Este libro está enfocado al público juvenil, pero lo que quería era que si alguna madre, algún padre, un tío, un hermano se atrevía a ojear ese libro, que también pudiese sentirse identificado, que pudiese emocionarle. Entonces en este aspecto sí que abrí mucho más el abanico hacia el lector, porque veía una historia clara, que puede leer cualquiera, tanto joven, mediano o adulto.  Y la verdad es que sí, lo abrí de forma intencionada.

—Durante la lectura te lo he notado en, sobre todo, y a parte de la claridad propia de la literatura juvenil, ciertos flecos que denotan profundidad que lo hacen accesible e interesante para un público más adulto.

Sí, la verdad, hay veces cuando estaba escribiendo este libro que quería profundizar determinadas situaciones, llevarlas más adentro para que llegue, desde tu inmensidad hasta la del lector. En ese aspecto, era una forma clara de conseguirlo, dado que nos emocionamos por distintas cosas, pero en el caso de esta novela, que es tan familiar, nos sería más fácil para con la historia de estos dos hermanos.

—¿Qué tipo de lecturas, escritores, prefieres y te suelen acompañar?

Pues ahora estoy leyendo de todo, lo que pasa es que, agradezco mucho las novelas, las que me atrapan desde que empiezo a leerlas, que desde la primera página me hacen entrar, me sumergen, no los que en la página cien empiezas a notar algo interesante, sino que en la tres estés pensando ‘¡necesito saber cómo acaba!’. Creo que La misma brújula, esas diez primeras páginas, te están metiendo en su mundo y ambiente que se crea; el ambiente del personaje de Óscar, también, que es un poco misterioso, lo diferentes que son Eduardo y Adolfo y cómo se desarrolla su relación… Leo, pues, todo lo que me atrapa. No tengo una determinada novela. Todas las historias que te llegan a emocionar son las que quedan.

—Pero, ¿hay algún título en particular?

Pues, ya te decía antes, La isla de Alice, que me encantó; La lección de August, que me la leí hace poco, que es un libro juvenil muy fácil y bonito. Me gustó mucho leer también la novela de Carlos Montero, El desorden que dejas… Libros que te atrapan, creo, desde el principio.

—Poesía, narrativa, fotografía, trabajos en dirección, ¿hay algún avistamiento posible de adaptación cinematográfica?

Uff, ojalá, ojalá. Ya está la mirada puesta, con que sea una la que se fije en esta historia, sería increíble. Se lo ha leído un director, bueno, están varios en ello. Lo dicho, ojalá algún día estemos hablando de una película. Pero es verdad que todos coinciden en las críticas. Este director que lo leyó me dijo que es una novela que le gustaría ver en el cine, porque es posible, se la imagina como tal. Le encantaría, y a mí, bueno, sería tocar el cielo. Hay avistamiento, esperemos que ocurra.

—Te he traído unos versos de Vicente Aleixandre que creo que pueden mostrar muy bien la relación que tienen los hermanos protagonistas, y entre otros secundarios: ‘Amor mío, amor mío/ Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo. […] Todavía nuestros brazos están tendidos/ Y la voz se queja en la garganta.’

Pues sí…

—¿Qué te parecen?

Es un poema que va muy bien para ellos, que refleja perfectamente lo que hablamos sobre este libro, esos lazos entre hermanos, del modo en cómo así consiguen reflejarse y mostrarse. Y es verdad, vamos, coincide perfectamente.

—¿Llegan a eclipsar los lectores, David? ¿Cómo es la relación con tu ferviente público a través de las redes sociales?

Son fantásticos, magníficos y geniales, y es un público muy agradecido con todo lo que haces, muchísimo: que se hayan emocionado, que hayan llorado, la historia, etc. Ayer mismo sacábamos unas críticas, de los que lo habían leído, con sus ‘@’, y todos coincidían: ‘gracias’ ‘gracias por esta historia’, ‘gracias por regalarnos estos amores distintos’, ‘gracias por volcar el corazón’, y eso es tremendo. Es un público muy agradecido, y que acude a las firmas, hacen colas para verte, para que les firmes el libro, y te cuentan que se han visto reflejados, y yo no puedo estar más agradecido, porque, al final, escribes para alguien, para ayudarle. Imagínate que esta historia se la lee una persona que está perdida o necesita un libro para desahogarse, pues creo que los libros están para dicho cometido, para que los lectores se queden con una parte de lo escrito. No me puedo quejar,  me siento súper afortunado.

—Para despedir esta entrevista, te voy a recomendar dos canciones; una la tenía ya pensada, y la otra se me ha ido ocurriendo de camino a nuestra cita. La primera es South for the winter, de Vertical Horizon, y la otra Hanging on the telephone, de Blondie, porque es cómo vas a estar durante toda la promoción.

Sí, sí (Ríe). Pues muchas gracias, ha sido un placer.

 

 

El Test

 

¿Cuál es tu palabra favorita? Emoción

¿Cuál es la palabra que menos te gusta? Despedida

¿Qué es lo que más te causa placer? Un reencuentro

¿Qué es lo que más te desagrada? Los malos gestos

¿Qué sonido o ruido te agrada más? Aplausos

¿Qué sonido aborreces escuchar? Las obras

¿Cuál es tu palabrota favorita? Joder

Aparte de tu profesión, ¿qué otra profesión te hubiese gustado hacer? Periodista, o algo relacionado con el espacio

¿Qué profesión nunca ejercerías? Matemático

Si el Cielo existiera y te encontraras a Dios en la puerta, ¿qué te gustaría que te dijera al llegar? Te estaba esperando

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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