Negativo original — Enrique Fernández

Situada al inicio de la madrileña calle Génova, la librería Pasajes, anteriormente conocida en los años setenta como ‘La Turner’, es uno de esos enclaves en los que la literatura en diferentes idiomas puede ocupar espacio en armonía. Desde el castellano hasta el ruso. Un lugar que no queda acotado al ambiente libresco, sino abierto al interés del lector y comprador curioso que decide entrar y resistir la tentación de llevarse más de un ejemplar a su estantería particular. Enrique Fernández (Madrid, 1989), dependiente, cuenta aquí su experiencia.

Las palabras

—Enrique, ¿cómo llegaste a tu puesto en la librería Pasajes? ¿Era tu primera opción o valoraste otras?

Pues, la verdad es que, después de venir de Salamanca, estaba estudiando también por la UNED y quería hacer dos cosas al mismo tiempo: estudiar y trabajar. Me lo recomendó una amiga, y es una tienda que yo también conocía de toda la vida; me pareció un buen plan, les escribí, aunque también había escrito a otros sitios, pero me alegré bastante de que me cogiese la librería, porque al final es un trabajo muy particular. No es un trabajo de oficina, no es… No sé. Tiene un poco de todo.

—Aunque se puede pensar que el oficio de librero, o dependiente de una librería en tu caso, es un oficio corriente o banal, contigo podemos demostrar que guardas toda una carrera, anterior a tu presente periodo, bastante amplia: has estudiado Ciencias Políticas en Innsbruck y trabajaste un año de asistente académico y traductor en el Departamento de Derecho Internacional de la Unión Europea, amén de otros ámbitos, ¿verdad?

Sí. Mientras terminaba los estudios, el último año trabajé ahí. Vamos que, al final, siempre he estado trabajando y estudiando. Y los libreros es verdad que tienen, en general, no sólo yo, un perfil académico y laboral que es bastante particular en cada caso. Muchos son filólogos, otros han hecho cosas de arte, otros incluso económicas… Es decir, tienes toda una clase de perfiles también gente que estudia filosofía—. Obviamente, casi todo son humanidades. Pero no puedes descartar otros caracteres técnicos, es algo vocacional en gran medida. Aparte de la atención al público, tienes que tener un conocimiento bastante amplio de la literatura en general, y con el ejemplo de la librería en la que estoy, tiene que ser internacional, no puedes limitarte, tienes que estar puesto en todo. No te exigen que sepas todo de algo en concreto, pero bueno.

—¿Y por qué ese salto del mundo diplomático o político a un empleo tan cercano a la realidad y la cultura?

Bueno, lo dicho. Siempre quiero, hasta que termine lo que realmente quiero hacer, que es la abogacía en el ámbito medioambiental, es una buena opción combinarlo con los libros. Porque además te estimula, es un trabajo en el que cada día pasan por tus manos títulos que quieres leer y alimentan tu curiosidad. Tiene muchas cosas positivas, son muchos incentivos. Y también conoces a gente muy rara y curiosa.

—¿Qué te atrae más de la cultura o modo de vida alemana, o de la vida austriaca más en particular? Ya que has vivido allí durante un tiempo. Respecto, por ejemplo, a las librerías, ¿es diferente el trato allí del que se hace en España?

Creo que en Alemania se incentiva bastante más desde pequeños la lectura. No es por el ímpetu de crear gente culta o que quieran llegar a serlo, es más gente que lee por entretenimiento, gente joven, que en otros sitios. Se incentiva desde pequeños como digo, y se le da mucho valor a leer juntos. Que haya sitios de lectura, que los padres lean con sus hijos, eso no sólo en la niñez, sino también en la juventud. Eso a mí me gusta, y creo que se me quedó. A mí en casa me leían, teníamos siempre au paires de pequeños, mi hermano y yo, alemanas para tener una persona de referencia de habla alemana en casa, y que no sólo aprendiésemos en el colegio, y una de las funciones, de las actividades que teníamos era leer. Mucho, todos los días. Se nota, además, que hay una actitud diferente. Luego nosotros quizás tengamos más literatura destinada a progresar culturalmente, allí no tanto. Van más con  la estación del año, en primavera se lee una cosa, en verano se lee otra. Aquí más o menos también un poquillo, pero allí es que la lectura de otoño es la lectura de otoño. De veras que en Alemania afectan las estaciones al estado de ánimo y eso se plasma en las lecturas o selecciones de literatura que uno tiene.

—¿Cómo es un día cualquiera en tus tareas de librería? Cuéntame cómo funciona cuando se organizan eventos para presentaciones o demás, o lo que tú haces, de ventas externas, como cuando vas al Institut Français o similares.

De por sí, la librería tiene una larga tradición de colaborar con el Goethe-Institut, con el Institut Français, y más colegios y tal, y aparte de la posición privilegiada que tiene la tienda, que es un sitio estupendo porque está al lado de todos ellos. Es una de las pocas librerías especializadas, por lo tanto, bueno, el contacto es casi natural: es decir la gente del Institut viene a nosotros y viceversa. En cuanto a la organización, casi todos tienen un programa cultural de invitar a autores muy buenos, de cursos, etc., que hacen idóneo el trabajar juntos. Podemos traer rápido las cosas, hablamos constantemente con ellos. Y bueno, mi día a día. No sé, porque en esta librería tienes que hacer muchas cosas, muchas funciones. Aparte de la atención al cliente normal y tal, tenemos que hacer entre todos la selección de los libros, no es una cosa tan centralizada, sino que confían mucho en sus empleados, cosa que me parece muy positiva, porque luego, al final, son los empleados los que van a recomendar personalmente los libros. Trabajamos mucho con el material que recibimos. No es tanto de ‘Te vendo el libro a granel’, ¿sabes?, sino que de verdad sabemos de qué va. Luego hay mil cosas administrativas, por supuesto, que tienes que hacer: contabilidad, de revisar facturas, etc., porque imagínate trabajar con tantos países… Entonces, tienes de todo.

—¿Guardas alguna anécdota extraña que te haya llamado la atención, que haya ocurrido en tu franja laboral?

Hay muchas. Hay gente muy rara. Sobre todo gente rara que viene y te llama. Sí, sí. Pero no creo que sea por la librería, aunque a éstas es posible que vaya más gente extraña…

—Sí, creo que sí.

Pero sí hay gente que llama y te pide, vamos, cosas imposibles o extrañas de entrada. Pero bueno, eso es una cosa de la atención al público en general. Le pasa a todo el mundo. Te entra gente maravillosa, te entran lunáticos, aunque la inmensa mayoría de los clientes es gente culta y amable. No te sé decir una anécdota en concreto.

—¿No se te ha quedado ninguna?

Sí, pero es difícil elegir. Hay comentarios raros, salidas de tono. Ves gente, por ejemplo, que está tan inmersa en el mundo de los libros que…

—No hablan ni tu propio idioma.

Sí, sí, sí. Mira eso sí. Hay gente muy curiosa que viene y te dice que habla diecisiete idiomas. ¡Y de verdad los habla! Compran literatura en muchísimos idiomas y te invitan a que les busques y veas sus perfiles. Lo haces, siguiendo su invitación, y alucinas. Manejan diecisiete, dieciocho idiomas fácilmente, y luego les preguntas ‘Oye, dime… Pregúntame… Tradúceme esto…’ y te lo saben decir. Luego lo miras, lo compruebas, y te sorprendes. Pero me es difícil quedarme con uno entre tantos sujetos extraños.

—¿Y a ti qué tipo de literatura te gusta?

Me gusta mucho la divulgación científica, la narrativa histórica, y en general la literatura con la que aprendes. No me gusta tanto la literatura de entretenimiento, que también de vez en cuando la necesito. Pero me gusta aprender, terminar un libro y poner el tic de ‘Correcto’ en mi cabeza de ‘Vale, me ha servido para aprender mucho’. Puede ser narrativa también. Yo aprendí muchísimo leyendo el libro de Frankenstein de Shelley, Siddhartha de Hesse, o el Fausto de Goethe. Hay libros que te enseñan, pero me encanta sobre todo la divulgación científica.

 El test

¿Cuál es tu palabra favorita? Templanza

¿Cuál es la palabra que menos te gusta? Desinterés

¿Qué es lo que más te causa placer? Gestos solidarios sin pretensión de llamar la atención

¿Qué es lo que más te desagrada? La hipocresía

¿Qué sonido o ruido te agrada más? El timbre de una bicicleta

¿Qué sonido aborreces escuchar? El griterío

¿Cuál es tu palabrota preferida? Botarate

Aparte de tu profesión, ¿qué otra profesión te hubiese gustado ejercer? Inventor, científico

¿Qué profesión nunca ejercerías? Cualquier oficio en Telecinco. Antes, la muerte

Si el Cielo existiera y te encontraras a Dios en la puerta, ¿qué te gustaría que te dijera al llegar? Todo esto es una ilusión

 

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Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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