Negativo original — Carmelo Beltrán

Ha sido mi primera entrevista a un booktuber y reconozco que estaba nervioso. Pero no hay nada mejor que disipe ese estado que la persona a quien vas a entrevistar se encuentre de la misma manera cuando le preguntas por la sensación que te rumia a ti. Carmelo Beltrán (Cartagena, 1994) demuestra el tesón y amabilidad intuido en sus vídeos, unido a la pasión por la literatura y curiosidad por buscar nuevas historias que merezcan ser reseñadas. Un detalle: que dos adeptos a la literatura se encuentren debe crear un ambiente extraño alrededor, pues en la cafetería donde fue grabada la entrevista, no dejaban de aparecer mujeres con tutú y diadema. Despedida de soltera, supongo.

 

Las palabras

 

—Para empezar con fuerza, ¿qué opinas de la decisión de la Academia Sueca de no entregar este año el Nobel de Literatura debido al escándalo sexual?

Lo estábamos comentando antes fuera de micro, y es algo muy jodido, sobre todo por lo que implica. Ya tuvimos todo lo de Hollywood, la institución quedó muy manchada. Que también haya pasado en los Nobel, me parece preocupante. Yo no he querido profundizar mucho, creo que fue un escándalo entre el esposo de una de las académicas que otorga el premio, ¿no? A ver, me parece muy simbólico como medida de queja, pero también creo que tendrían que haber apartado la figura de este tipo, Jean-Claude Arnault, que se tomaran las medidas legales necesarias, y así actuar con la normalidad que se merece uno de los premios más importantes del mundo.

Si estuviese en la piel de quien tomase la decisión, tampoco sabría muy bien cómo gestionarlo, porque va a afectar tanto el no darlo como sí. Además de que, en los últimos años, los Nobel de Literatura han tenido sus propias polémicas: el de Bob Dylan hace un par de años, que decían que no era literatura y tal… Bueno, aparte de que ocurran estas situaciones, me alegro que se estén destapando. Creo que cada vez la gente tiene más valor para sacarlo, pero también me da rabia que eso salpique a  terceros que se lo curran y podrían ganar uno de estos premios. Hollywood es un buen ejemplo. Este año ha sido mortal para ellos, pero la entrega de los Óscar fue una reivindicación pura y dura, ¿no? Por tanto, se podría haber hecho de esta forma.

No sé cuándo ganó por última vez el Nobel de Literatura una mujer…

—Hace tres años.

Tres años. Pues igual se podría haber hecho un acto simbólico con mujeres, sólo candidatas mujeres o por el estilo, para darle más fuerza. No lo sé.

—Tu apego con la literatura es, valga la redundancia, muy literario, pues llegó por culpa de una enfermedad.

Eso es. Lo he explicado muchas veces, lo habrás visto por ahí, pero el tema es que yo no leía nada. No leía absolutamente nada. Era de esas personas que odiaba leer, que decían ‘Joder, es que esto es aburridísimo. Estar ahí parado, ¡con la de cosas que se pueden hacer!’. Cuando en el instituto me mandaban algo, yo pasaba, simplemente. Lo leía por encima pero haciéndome, mucho, de rogar. De pronto, cuando tenía quince o dieciséis años, por esa época, cogí una mononucleosis muy muy grande. En Tres Cantos, donde yo vivo, las mononucleosis son endémicas, las pillamos todos, por alguna razón.

—Sois como El pueblo de los malditos.

Sí. Recuerdo un chaval en clase que la había pillado, y lo pasó muy mal el pobre. Luego, en una fiesta, una amiga tenía una copa y me dio un trago. A la semana, ella estaba enferma y yo pensé ‘Bah, a mí esto no me va a pasar’. Los cojones. Al final estuve enfermo nueve, diez meses; seis en cama, sin poder moverme. Sólo salí al final de primero de bachillerato para ir a los exámenes, y el principio de segundo. Luego fui encontrándome mejor. Entre febrero-marzo y diciembre que duró todo, además de la ayuda de muchos profesores, el tiempo que me quedaba lo utilicé para ver pelis, series y jugar a videojuegos. Pero llegó un momento en que me desesperé.

Mi padre siempre ha sido una persona que ha leído mucho. En el desván tenía todos sus libros, así que un día me dije ‘Voy a subir a ver qué hay’. Me acuerdo que cogí uno de Agatha Christie y me lo leí en el momento. Y así hasta hoy, sin parar.

—¿Te acuerdas cuál era?

Sí, Asesinato en el Orient Express. Lo cogí de casualidad. Pensé: ‘Esta mujer me suena’. Yo no tenía ni idea. Había leído lo típico del instituto. Por esos meses me habían hecho leer El Quijote. Por Dios. Lo siento, pero le tengo un poco de reticencia, porque creo que mandárselo a chavales de quince años es demasiado.

—¿Por qué decides compartir tus lecturas a través de vídeos y podcasts?

Todo empezó con un blog, también a raíz de la enfermedad, cuando vuelvo a hacer vida normal. Me di cuenta de que me gustaba mucho leer y a mi entorno no. Quiero decir, tengo amigos que leen, pero no como yo, no tanto. Yo quería compartir lo que me hacían sentir, lo bien que me lo pasaba leyendo. El blog lo abrí en 2011. Al principio, hablaba de un libro, y poco más. Pero me di cuenta de que me gustaba e iba dedicándole más tiempo, investigaba sobre cómo atraer visitas, en las redes, etc. Así mucho tiempo.

El primer trabajo que tuve lo conseguí gracias al blog. En un evento que hizo una editorial, me senté al lado de la persona que se ocupaba de la comunicación. Después, nos fuimos a tomar unas cervezas, nos hicimos amigos y empezó llevarme a estos eventos. Hasta que, de pronto, un día me dice que tienen un puesto de trabajo, que buscan un becario en marketing. Le dije: ‘Pues yo’. De esto hace tres años. Entonces, a raíz de un trabajo creativo que teníamos que hacer para la universidad, pensé grabar una especie de concurso en vídeo, a lo Saber y Ganar, porque a mí llevaba tiempo picándome el gusanillo de editar. Usé de conejillos de Indias a mis compañeros para probar, y después de haberme tirado ocho horas editando —aunque el vídeo tampoco era tanto— me di cuenta que eso me gustaba.

En el trabajo, a las pocas semanas de entrar, había que editar y me lo encasquetaron. Llegó el momento en el que, haciéndolo para otras personas, pero también para mí porque me gustaba, me lancé. ¿Por qué no? La novia que tenía por entonces también me animaba mucho. Finalmente, un 30 de mayo de hace dos años —estamos casi de aniversario—, subí un vídeo. Desastroso, que ya no está, lo borré. Vamos, lo tengo, pero… Mira, te lo mencionaba antes. Ángel Sanchidrián, cada vez que alguien le preguntaba por Twitter respecto a abrirse un canal en Youtube o similar, pero le causaba recelo, etc., el hijo de puta —yo le quiero mucho, ¿eh?— mandaba el link de mi vídeo para decirles: ‘Mira éste cómo está  y cómo habla ahora, para que veas la progresión’. Y  yo: ‘Serás cabrón’… Pero en fin, empecé con dos vídeos a la semana, y ahora hago tres o cuatro, que no sé cómo saco el tiempo. Creo que me aporta mucho a nivel personal.

—El estilo que manejas está muy alejado de la estridencia, o sosería, que suele caracterizar estos vídeos. Eres directo. ¿Es importante para ti tanto el contenido como la forma?

Sí. Cuando di comienzo al canal, seguía a gente pero no me convencían. Creo que se hacía todo muy por encima de la literatura. YouTube es entretenimiento, principalmente, pero yo pensaba que podía haber otra forma. Al principio seguía ese modelo, pero luego me dirigí hacia lo distinto. Es lo que tú me dices, el contenido y la forma me son importantes. A lo mejor no quiero llegar a la gente a la que se dirigen la mayoría. YouTube tiene un público mayoritario muy joven, pero a mí los que me siguen son casi de veinticinco a cuarenta y cuatro, gente mayor que yo. Entonces, quiero un mensaje para ellos distinto al simple ‘Este libro me ha gustado mucho. Te lo recomiendo’. No. Quiero detenerme, analizarlo.

De ahí, de esa espinita, nacen todos los formatos. Una cosa que me gustó mucho hacer fue lo que llamé ‘La semana de autopublicados’, porque yo veía —a través de mi trabajo en marketing, llevando editoriales de esa índole— que lo pasaban mal. Y así conocí gente, experiencias en ese campo. Yo quise ayudarles, porque lo peleaban, para potenciar ese tipo de literatura. Por Internet veía que había mucho prejuicio contra este método, que al final hay de todo, cosas buenas y malas. Así que un día, de cervezas con unos amigos, escribí a Laura Tárraga y le dije ‘Oye, ¿y si montamos algo sobre autopublicados? Yo ahora estoy por ahí, pero voy a dejar la pregunta en un tweet y a ver qué pasa’. Al día siguiente tenía un montón de comentarios, de e-mails. Se ve que a la gente le interesaba.

Eso fue lo primero distinto que aporté con mi canal. Me hace gracia porque fue una semana en la que hubo bastante asiduidad en los comentarios, y la empresa de marketing en la que yo trabajaba —en la que acabé muy mal por unas cuestiones aparte— estaban aprovechando este hashtag. Fíjate tú, qué vueltas da la vida.

Luego vinieron otras cosas. Hice en noviembre una cosa sobre Edgar Allan Poe, estamos probando ahora con formatos más largos, la Taberna Literaria, que dura hora y media, y el treinta y pico por ciento de la gente llega hasta el final ¿eh? Así que claro que hay espacio para hacer más cosas. YouTube está poblado de literatura juvenil, que a mí también me gusta, pero no es la única opción.

—En relación con ello, ¿crees que hay un ligero, o no, abismo entre los lectores y escritores de juvenil y narrativa adulta?

Sí, más que abismo, hay malos rollos. Fue el año pasado, creo, cuando salió una crítica, de una asociación potente de editores, contra todo el mundo del BookTube porque sólo se centraban en literatura juvenil, que eran lectores mediocres, etc. Si dentro del mismo sector, se van pisando unos a otros, es preocupante. A mí me parece que el papel de la literatura infantil y juvenil es clave porque metes más lectores, y tiene que competir con mil y un otras formas de entretenimiento. Para que un niño lea tienes que pasar por encima de: el móvil, el iPad, los videojuegos, las series, y como dice Juan Gómez Jurado, al final tienes que demostrarle, cuando tiene el libro delante, que es lo más divertido que puedes tener en ese momento.

Hay un abismo y está desprestigiada. Yo apenas la consumo, eso es cierto, pero creo que se le ataca y critica sin fundamento. Puede aportar mucho, a pesar de que se le ha colocado la etiqueta de ‘Literatura juvenil’ como algo despectivo, cuando no debería ser.

Me hace mucha gracia cuando dicen ‘Es que los jóvenes no leen’, pero ¿y los adultos qué?

—No lee nadie y leen todos.

Por eso. Se deberían acercar las posturas.

—¿Se manejan bien tu trabajo y estudios con el mundo YouTube?

Se manejan regular. Es difícil, porque son muchas horas, lleva bastante trabajo un canal. He tenido épocas de estar hasta las tantas, con la uni, con el trabajo, y lo otro era un plus. Cuando algo te gusta, lo haces. Mi forma de organizarme era, hasta hace dos meses: trabajo por las mañanas, ir a la universidad, volver a las nueve de la noche, estudiar, y cuando tenía un rato, pues me ponía con el canal. Lo aprovechaba para grabar mucho, editar más. Me daba una paliza…  Por las mañanas, mientras unos leen el periódico en el desayuno, yo me organizo para sacar ideas para vídeos y estructurarlos. Es muy difícil compaginar todo, quien esté en este mundo lo sabe, pero al final tienes que ser una persona capaz. Así se puede sacar.

—¿Tú también tienes previsto lanzarte al ‘oficio de vivir’ que decía Pavese, a escribir ficción?

Estoy a punto de acabar el libro, estoy en la revisión. Así que sí. Lo empecé a escribir el año pasado, hace tiempo; es otra cosa que sumas a vivir, a estudiar, a currar, a YouTube.

—A esa montaña mágica que es tu vida.

¿Qué más se puede hacer? (Risas)

—¿Es novela?

Lo es, sí. Tengo ganas de que salga.

—Para finalizar, ¿qué estás leyendo ahora? Y si quisieras dejar algunas recomendaciones, adelante.

Ahora me estoy leyendo Harry Potter por primera vez, porque he sufrido mucho bullying de gente de YouTube por no habérmelo leído. En las reuniones siempre sale el tema. ‘Pues Carmelo no se ha leído Harry Potter’, así que al final he acabado cediendo. Estoy con el primero, y bueno, no está mal. Y en inglés. Tenía muchos prejuicios contra Harry Potter pero estas navidades me convencieron unos amigos para hacernos una maratón de las películas, y ya me picó más el gusanillo. Voy poco a poco. Harry acaba de llegar a Hogwarts, así que tampoco llevo mucho.

Y recomendar… Esa es difícil… Mira, te voy a recomendar una de juvenil, una de distopía, que soy muy fan, y otro que ya se me ocurrirá por el camino… De juvenil, Momo, de Michael Ende. Creo que es uno de esos libros juveniles que se comprende mejor de adulto. Te aporta y explica cómo situar tus prioridades para la vida que quieres, que a veces hacemos un mundo por nada, o que ponemos cosas delante de quienes nos importan. Luego, para mí un clásico, 1984, de George Orwell. De las mejores cosas que he leído nunca. Lo he leído varias veces, la primera hace dos o tres años, y me encantó. Por acabar y recomendar algo de fantasía, diré que Neil Gaiman, que lo he descubierto hace poco. Me he leído American Gods y Neverwhere, y una pasada. Sobre todo el último, que me parece la metáfora de una ruptura —lo que pasa es que yo acababa de dejarlo con mi chica, y quizá por eso lo entendí así—, entrar en una nueva realidad y ver qué ocurre después. Me caló.

 

El test

 

¿Cuál es tu palabra favorita? Transeúnte

¿Cuál es la palabra que menos te gusta? El verbo ‘Hacer’

¿Qué es lo que más te causa placer? Unas cervezas con los amigos

¿Qué es lo que más te desagrada? La gente que desprecia sin conocimiento lo que para uno es importante

¿Qué sonido o ruido te agrada más? La cafetera cuando borbotea

¿Qué sonido aborreces escuchar? Las notificaciones del móvil

¿Cuál es tu palabrota preferida? Hijo de puta

Aparte de tu profesión, ¿qué otra profesión te hubiese gustado hacer? Periodismo

¿Qué profesión nunca ejercerías? Abogado

Si el Cielo existiera y te encontraras a Dios en la puerta, ¿qué te gustaría que te dijera al llegar? Tu perro está aquí

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Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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