Negativo original – Andrés Trapiello

De su extensa obra, el lector puede elegir al gusto en qué ámbito asentarse: novela, ensayo, diario —del que, cada año, se espera su nueva entrega; el último hasta la fecha, Mundo es—, sus entradas de blog, incluso. Pero es el primer latido de su andadura literaria, la poesía —su último libro, Y—, el que todavía resuena entre sus páginas. ‘Lo único que cuenta, el germen de todo’ en sus propias palabras. Puede aparecer como tal, en su conjunto de versos, o en pequeñas frases, tímidas, como fruto de su inevitable capacidad observadora. Se une a esta galería de entrevistas Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953), escritor que, como dijo Galdós, ‘por donde va, lleva consigo su novela’.

Las palabras

—En El gato encerrado, de 1990, anota lo siguiente: ‘Consignar todo esto en este cuaderno considero que es una pérdida de tiempo y que no conduce a ninguna parte’. ¿Se siente satisfecho de no haberse hecho caso en el momento de la escritura de la frase, y continuar hasta ahora su ‘novela en marcha’?

El desaliento es una de las razones por las que alguien decide escribir un diario, y diría que muchas otras cosas también. Por buscar en el muro del desánimo una ventana y abrirla. La sensación de estar solo y la de creer que aquello que se está haciendo no servirá de nada: seguirá estando solo, sin saber muy bien quién es, para qué estamos aquí, qué será de nosotros tras la vida; en fin, las grandes cuestiones. En todo caso, mientras escribimos, conviene no preguntarse nada de lo que ya sepamos la respuesta. La literatura, aunque deberíamos hablar mejor de “la poesía”, o es la linterna que nos ilumina el camino, si acaso no es el camino mismo, o no pasará de ser el manubrio de un organillo, artilugio que también tiene su modesta y respetable utilidad, amenizar las esquinas de la vida y sus patios de vecindad.

—La ‘X’ lleva suponiendo todo un juego para el lector, y una protección respecto a su pudor, en cuanto a la averiguación de quién se esconde tras la incógnita. ¿Ha llegado a molestarle su utilización, quizás, como pregunta insistente de sus lectores?

Puedo comprender la curiosidad, pero el misterio carece de interés, porque ni siquiera muchas de esas X responden a identidades reales. A veces no son más que entes de ficción. Suelo poner este ejemplo: cierta lectora preguntó la identidad de cierta X, un conocido y reconocido poeta con el que había hecho un viaje a Toledo, bastante divertido y demencial. Le dije su nombre, y me respondió a continuación: ¿Y ese quién es? No lo conocía, porque no estaba familiarizada con el mundillo poético español. Si un extranjero, incluso muy culto, leyera estos libros del Spp, le daría igual que X se llamara X o Y o se le nombrara por su verdadero nombre. Y no digamos si ese lector, aun español, fuera alguien de dentro de ochenta años. Y desde luego no se trata de ninguna estratagema de autodefensa, como algunos han asegurado muy convencidos. Tengo bastantes defectos, pero el de no exponerme no es uno de ellos. He vivido toda mi vida expuesto y a la intemperie, y desde luego ninguna de las represalias que pudieran haberme endosado por lo que haya dicho de X o de Y he dejado de sufrirlas. Más incluso de las que me correspondían, porque cuando he dicho en el Spp que “X es idiota”, se postulan veinte a ese puesto, de los cuales diez se han vengado de una forma u otra.

—Madrid, Las Viñas, El Rastro, los recuerdos de León, Venecia… En su Salón de los Pasos Perdidos los escenarios acuden y se suceden. ¿Han empezado a ser míticos dentro de sus páginas, a la manera del Combray de Proust?

Hombre, yo tampoco echaría los pies por alto… Los escenarios no son nada, o son muy poco, a menos que lo que suceda en ellos tenga alguna relevancia emocional, sentimental, histórica. Nuestra vida es sagrada para cada uno de nosotros, y debemos respetarla tanto como los escenarios que nos han tocado en suerte. E intentar dejarlos un poco mejor que como los encontramos, fueran poco o mucho.

—En el momento a finales de los ochenta en que decidió corregir y preparar el primero de sus diarios, o a lo largo de la escritura de los siguientes, ¿tuvo en pensamiento algún modelo, o prefiere anotar y después moldear, alargar o acotar sus textos? Lo pregunto debido a su cita habitual de autores como Pessoa, Kafka o Pavese, pues sus respectivos diarios son conocidos y mencionados a la hora de comparar estilos y puntos de vista-vida.

En unos años leí mucho el Libro del desasosiego, era un verdadero manual de soledades. Ahora menos, me abruma un poco. Se ve que en cuando nos vamos haciendo viejos necesitamos panoramas despejados, oxigenados y algo más risueños. El lector y el escritor no siempre coinciden. Al final, escribiendo, uno presta más atención a lo que le sucede, teñido sin duda de lo que les sucedió a otros. Por temperamento no he sido un gran lector ni de Pavese ni de Kafka, demasiado nihilistas para mí. Sí en cambio lo he sido de Stendhal, de Nietzsche, de Baroja, de Galdós, de Gaya, de JRJ y de todos aquellos escritores que de una u otra forma nos enseñan a celebrar la vida por encima de todo, principalmente por encima del propio escritor, y que lo hacen en nombre de todos, para todos y para ninguno.

—En 2015 salió a la venta su adaptación al castellano actual del Quijote, tan comentada con agrado como con vapuleos. ¿Era consciente del —cierto— impacto que causaría?

Es un lugar común decir que fue vapuleada, pero sobre todo una inexactitud. No lo fue en absoluto. Al contrario, tras la reacción de media docena de personas (media docena, si acaso, no más, y, digámoslo con el mayor respeto, filológica o literariamente poco o nada relevantes) a la semana misma de su publicación, excepto estos episodios ya olvidados, todo han sido parabienes. Y las críticas de esa media docena de personas, era una crítica a la idea de traducir el Quijote, ni siquiera a la traducción. Su mejor argumento era que no hacía falta traducirlo, porque se entendía perfectamente, y cualquier retoque en el original sería una pérdida de sentido. Cuando se les decía que lo que ellos llaman original ni siquiera lo es, o cuando yo les leía algún fragmento ininteligible (lo hice con dos o tres de esa media docena de personas), se quedaban sin respuesta y enemigos míos para siempre, supongo. Quedémonos con este dato: hay ya más de cien mil lectores castellanohablantes que pueden decir al fin que han leído el Quijote, como lo leyeron en su día la inmensa mayoría de sus lectores en todo el mundo, y en una versión desde luego más fiable que ninguna, y no tanto por mérito mío, sino por la suerte de hablar la lengua que está más cercana de la de Cervantes. En los próximos meses se publicará en los Estados Unidos, allí donde los hispanistas más lo pedían, para dárselo a sus alumnos.

—Abría Soledad Puértolas su ensayo de 1993, La vida oculta, con una cita de Anthony Burguess: ‘El escritor, siempre hablando de lo que no sabe…’ ¿Qué opinión le merece? ¿Se ha agravado hoy día esta costumbre, no sólo respecto a los que escriben, debido a las redes sociales?

Es que si escribiéramos de lo que sabemos, no diríamos nunca nada más que cosas sabidas. Por eso nos equivocamos tan a menudo. Y cada equivocación o desvío suele ser abrir aún más la brecha de nuestra soledad. Pero no hay otro camino.

—Dos preguntas superficiales. ¿Cómo lleva a cabo la elección de las imágenes de portada de sus diarios? Respecto a los mismos, ¿hay una intención de sonoridad poética en algunos de sus títulos? Las nubes por dentro, Do fuir, El fanal hialino, Troppo vero, Mundo es

Esa parte me divierte mucho. No sé muy bien las galerías secretas por las cuales el título llega a esa imagen de la cubierta, a menudo es algo casual y otras no, pero siempre acaban imponiéndoseme para mí de una forma rotunda. Ni que decir tiene que a menudo eso sólo lo veo yo. Hay una cubierta, la de Troppo vero, en la que se ve el brote de una glicina en el azul dorado del crepúsculo. Es el perfil de una cara. Cuando se lo indicas a alguien, este dice: ah, es verdad; pero nadie repara en ello. Y de los títulos diría lo mismo: son bastante intercambiables, a menudo los cambio de un año para otro. Da lo mismo. Pero todos ellos apuntalan la idea que tengo de la obra en general. Y de ello suele dar cuenta la solapa del libro, con el prólogo, lo que más me divierte escribir. A veces, de broma, he dicho que de esos libros bastaría leer el título, la solapa, el prólogo y dos o tres páginas del principio y dos del final… Porque además son tan largos.

—Para finalizar, ¿cuál es el último libro u objeto, venido del Rastro o librería de viejo,  que ha encontrado lugar en su casa?

Últimamente disfruto casi más con los que van saliendo de ella, libros u objetos. Pero, en fin, el último fue… déjeme que me acuerde, ah sí, la semana pasada, una pequeña foto original de Alfonso, del Madrid nocturno, años cuarenta. Me viene bien para el libro que estoy escribiendo de Madrid, después del libro sobre el Rastro, que saldrá en octubre.

 

El test

¿Cuál es su palabra favorita? Todas lo son, si se necesitan

¿Cuál es la palabra que menos le gusta? La que sólo hace ruido

¿Qué es lo que más le causa placer? Darlo

¿Qué es lo que más le desagrada? El que se lo quiten a alguien, placer, silencio, palabras, para hacer daño

¿Qué sonido o ruido le agrada más? El de una fuente

¿Qué sonido aborrece escuchar? El de una motocicleta

¿Cuál es su palabrota preferida? Con esas lo divertido es improvisar

Aparte de su profesión, ¿qué otra profesión le hubiese gustado tener? Vagabundo

¿Qué profesión nunca ejercería? Atención al cliente

Si el Cielo existiera y se encontrara a Dios en la puerta, ¿qué le gustaría que le dijera al llegar? –¿Dónde has estado?

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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