Ciudad muerta/Impunidad viva

ciutat morta

569.000 espectadores logró reunir el documental “Ciutat Morta” frente a una pantalla de televisión, narrando lo vivido por Patricia Heras, Rodrigo Lanza, Álex Cisternas y Juan Pintos, así como el resto de encausados por el caso 4F, el pasado sábado.

Hace más de un año pude visionar en el centro social okupado La Quimera de Lavapiés esta película que después se paseó por centros sociales de todo el Estado llegando más tarde a salas de cine y festivales  obteniendo, entre otros, el Premio al mejor documental en el Festival de cine de Málaga. Este hecho representa en buena manera algo importante, y es que el film ha sabido romper y asaltar los límites de lo marginal, entendiendo “marginal” como limitado en cuanto a sus posibilidades de difusión, y llegar a la opinión pública sin dejar de ser explícito y sin renunciar en ningún momento a su intencionalidad y reivindicación.

De un centro social ocupado a la televisión pública, ¿cómo se ha conseguido?

Ciutat Morta es el enésimo intento militante que desde lo cultural trata de hacer público lo silenciado para la mayoría y que ha logrado en estos días traspasar el murmullo del hashtag y entrar en la agenda política.

Lo hace sin ser un documental extraordinario desde el punto de vista técnico, sin tratar una temática fácil y sin servirse de artificios. Si es, sin duda, valiente particular y extraordinario por la historia que en sí mismo entraña. Historia que revuelve el estómago, dosis de realidad que golpea conciencias.

El mérito innegable de Ciutat Morta es hablar de lo incómodo y este mérito nace de un compromiso con la verdad, de un esfuerzo de los y las represaliadas, familiares y amigas de estas. El mérito nace de articular un esfuerzo de base que lleva a ocupar un cine el día de su estreno hasta ser capaces de llevar ese grito desde la calle a la televisión pública.
Su posterior repercusión sorprende porque de alguna forma el documental logra filtrar un tema tabú en los medios de comunicación nacionales que habitualmente ignoran de forma consciente esta temática.

Quizá ayudara la indignidad de censurar parte de su contenido en la emisión y su efecto Streisand o quizá es que una historia así no podía permanecer más tiempo contándose de boca en boca como si fuera un simple chisme y debía ser de conocimiento común, por pura decencia.

No obstante y como intenté explicar anteriormente, Ciutat Morta no es más que otra forma de intentar hacer público aquello que no lo es por pertenecer al mundo de la disidencia en el Estado. Este documental, además de un homenaje a la memoria de Patricia, no es más que una manifestación, un acto público, un manifiesto o un fanzine en favor de presos y presas, encausados, torturados o afectados por el actual régimen.

La historia de Patricia Heras, la de Rodrigo Lanza conmocionan y sacan las vergüenzas de un Gobierno y Estado perteneciendo a un muestrario del terror que sigue a día de hoy viviendo en la sombra, con el conocimiento de solo unos pocos que buscan además de justicia, un reconocimiento público de lo ocurrido.

“Me llevan a la «habitación dura». Allí oía gritos del resto de detenidos/as. Me sientan en una silla y me mojan las manos, mientras escucho ruidos de algo que parecen electrodos. Cuando estaba en la celda también escuchaba esos mismos ruidos. Me dicen que tengo que hablar y me empiezan a quitar la ropa hasta dejarme totalmente desnuda. Estando desnuda me echan agua fría por encima. Me vuelven a poner la bolsa hasta tres veces seguidas. Me amenazan con hacerme la bañera. Estando desnuda, me ponen a cuatro patas encima de una especie de taburete. Me dan vaselina en el ano y en la vagina y me meten un poco un objeto. Sigo desnuda y me envuelven en una manta y me dan golpes. Me agarran, me zarandean y me levantan del suelo.”

Testimonio perteneciente a Beatriz Etxeberría, presa condenada por pertenencia a ETA. El pasado año el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al Estado español por no llevar a cabo “una investigación profunda y efectiva” sobre los malos tratos y el abuso sexual sufridos, en virtud de la violación del artículo 3 del Convenio Europeo de DDHH.

Pape, una de las centenares de personas que fueron deportadas el pasado año en uno de las decenas de vuelos fletados por el Gobierno relataba este proceso (el de su deportación) y sus circunstancias para Eldiario.es

“Llegó el momento de subir al avión. Pape viajó con su compañero adormilado al lado. “No respondía a lo que le decían. Estuvo con la cabeza hacia un lado todo el viaje, como ido, estaba drogado… Yo le conozco, me llevaba muy bien con él, y no es así… “, destaca. “Los policías se reían de él. Le decían: ‘Pareces un camello. Mucho hablabas antes. Ahora no puedes, ¿eh?”. Según cuenta, al llegar a Senegal, este chico estaba mejor pero “casi no podía andar, le costaba mucho”. El senegalés sostiene que no fue el único”.

Los dos supuestos citados pertenecen, obviamente a situaciones diferenciadas que se desarrollan en tiempos y contextos distintos pero que tienen también obvios puntos en común,  vínculos notables debidos a la existencia de elementos transversales que se repiten y que coinciden en buena medida con lo que ocurrió en el Caso 4F, con lo que se expone en Ciutat Morta y en tantas denuncias de torturados y torturadas, asociaciones y ONG´s.

 Elementos transversales en la impunidad.
1) Francisco Etxeberría, doctor en Medicina por la Universidad del País Vasco y  antropólogo forense español de reconocido prestigio hablaba en 2012 ‎sobre lo que era práctica habitual, el hecho de que no se investiguen, que no se tengan en cuenta y se ignoren en la mayoría de los casos y de forma sistemática, las denuncias por malos tratos en comisarías y centros penitenciarios de todo el Estado.

Además sobre la existencia de la tortura ejercida por los cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado (FCSE) se pronunciaba en estos términos “Lo tienen aprendido muy bien, no dejando marcas. Lo que ellos hacen es resquebrajar psicológicamente al individuo. (…) En el momento actual igual se da menos el maltrato de carácter vengativo o punitivo, pero lo de obtener información yo creo que sigue funcionando. Y para eso no vale darle una somanta de palos y ya está, porque igual lo revientas y no sacas nada. En el momento actual lo que hacen es resquebrajar psicológicamente al individuo, y para eso no tienes que darle patadas en el hígado todo el tiempo. Se hace de otra manera, y lo saben hacer. Teniendo al individuo cansado, bajo tu mando. Un individuo al que tú le dices `quítate la ropa’ y se la quita, `ponte la ropa’ y se la pone… Si eso lo hace cuatro veces seguidas, entra ya en tu rollo, mentalmente está en tu rollo. (…) Lo de los puntos débiles lo tienen cada vez más aprendido. En el caso de Unai Romano, por ejemplo, pega el reventón psicológico cuando le hablan de su madre y le dicen que su madre ha muerto“.

2) La utilización del principio de presunción de veracidad de los funcionarios pertenecientes a las FCSE representa otro de los elementos transversales de la impunidad. Su uso torticero y el criterio seguido por fiscales y jueces de utilizarlos como única prueba, sirve para motivar sentencias condenatorias, tal y como ocurrió con los testimonios de Bakari Samyang y Víctor Bayona, mossos involucrados en la vergüenza del 4F.

3) Se promueven situaciones de excepcionalidad para la aplicación parcial, cuando no la suspensión de derechos fundamentales para presos y detenidas; la utilización de las cárceles para personas extranjeras por el simple hecho de haber cometido una infracción administrativa, las denominadas “deportaciones en caliente”, la dispersión de los presos o la implantación del régimen FIES, forman parte de este catálogo.

4) Es un hecho consumado la existencia de criterios políticos, racistas y clasistas que influyen en la aplicación de la Ley, tal y como se demuestra de forma clara en el desarrollo del caso 4F. Es política el retiro dorado de Bakari Samyang y Víctor Bayona, es racismo el tratamiento a Rodrigo Lanza o el resto de detenidos migrantes en el supuesto, y es clasismo que solo se empiece a cuestionar la versión oficial tras las torturas sufridas por el joven de Trinidad y Tobago hijo de un diplomático.

Lamentablemente puede decirse que existe también todo un muestrario de víctimas: unas, para bien o para mal,  poseen nombre y apellidos (la siguiente tan solo es una muestra no tasada a modo de ejemplo): víctimas de la falta de asistencia médica en las cárceles (ver caso de Samba Martine, víctimas de la violencia de los FCSE (ver caso de Ester Quintana, víctimas del régimen FIES (casos de Xosé Tarrio González o Alfonso Fernández Ortega), víctimas de la tortura (ver caso de Beatriz Etxeberría o Martxelo Otamendi), y tantos otras que ni siquiera lo tienen.

Verdaderamente asusta pensar cuantas.
Amnistía Internacional ha documentado en varios informes fechados en 2007, 2009 y 2012 denuncias contra agentes de policía en casos de tortura y malos tratos, poniendo énfasis en la práctica habitual del régimen de incomunicación que las facilita y promueve, documentando también “detenciones ilegales y malos tratos con componente racista, especialmente a ciudadanos extranjeros, y (…) la impunidad que parece amparar a los que cometen estas violaciones de derechos humanos.”

Ante esto, la palabra clave de nuevo es impunidad.

Repugna la justificación de gobiernos, nacionales y autonómicos de todas y cada una de las salidas de tono de las FCSE, tanto las que están dentro del protocolo oficial de conocimiento público (disparar y apalear personas en la frontera), hasta las que hasta hace poco no lo estaban (golpear y detener de forma aleatoria a manifestantes), así como la ausencia de responsabilidades políticas y la concesión de indultos. Sorprende también el estatus intocable que las FCSE mantienen a pesar de tantos casos de abuso de poder documentados, estatus que les permite incluso mofarse de Patricia Heras como lo hacía el Sindicato de Mossos el pasado sábado.

Ante este escenario preocupante, ante el predominio de la impunidad, no cabe más que felicitarnos cuando traspasamos la barrera de lo minoritario y conseguimos hacer del caso 4F un tema conocido por todos. Este momento nos ofrece además una oportunidad única, reivindicar la existencia no de una, sino de centenares de ciudades muertas.

Es en este momento cuando hay que decir que la violación de los Derechos Humanos en España existe y que la tortura también. Que desgraciadamente esto sí es Marca España, como lo es la impunidad.

Y que la mejor forma de combatirla es hablando de ella, aunque duela.

 

 

Fotografía: Fotomovimiento

Acerca de Fernando Martín

Vivo en el Madrid que se descompone. Estudié Políticas por vocación y Derecho por qué se yo, para acabar tecleando esto que lees en una oficina random. Desobedezco, ejerzo el activismo y me posiciono, mas no cultivo mis propias verduras ni coso mis propias ropas. Escribo y protesto porque mi vida y mi entorno requieren de lo uno y de lo otro. Al igual que tu vida y tu entorno, exactamente igual.
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