No hay representación sin conversación

“El desafío del nuevo poder es ¿Cómo usar el poder institucional sin estar institucionalizado?”
Jeremy Heimans

El pasado día 28, dos colaboradores de Melettea nos reunimos en la Casa Encendida de Madrid para disfrutar de uno de los famosos encuentros TEDx. La conferencia y posterior debate, basada en dos vídeos que podéis disfrutar aquí y aquí, llevaba por título “Democracia e Internet” y, como el propio nombre indica, las charlas eran una llamada a la intrusión del invento que ha revolucionado este siglo en la vida política. A continuación, y tras un debate abierto y una buena conversación, las dos humildes opiniones.

Este nuevo invento que es internet se ha instaurado, como bien dice Jeremy Heimans en el primer vídeo, como la forma del nuevo poder. Es el cuerpo de una revolución de las masas al ser, de la forma más libre, accesible.

Y aquí, se define como nuevo poder a un conglomerado de personas y/o instituciones que actúan de una manera muy diferente a como el viejo poder ha estado actuando. Véase los casos de Airbnb, Blablacar, Change.org, Kickstarter, Tutellus, Crowdfunding o el proyecto co-fundado por el propio Jeremy.

O también es parte del nuevo poder las revoluciones del 15M, la primavera árabe, el ascenso de numerosos partidos gracias, en parte, a las redes sociales y en general la voz que cada ciudadano tiene a la distancia de un teclado.

La disyuntiva llega en la fiabilidad que este nuevo poder da cuando se acerca a un poder real o ciertamente institucionalizado. Barack Obama llegó a la presidencia gracias al financiamiento colectivo que obtuvo gracias a miles de supporters por crowdfunding, pero no será grandiosamente recordado por nada políticamente especial. Lejos de ser el primer presidente de color en EEUU.

Uber es también una plataforma aparentemente devenida del nuevo poder, pues cumple muchos de sus requisitos: consumo colaborativo, internet, geolocalización, ausencia de intermediarios. Pero realmente detrás de la marca se encuentra un sistema estandarizado del viejo poder, un fondo de inversión y un grupo de socios accionistas ante los que Uber y, con ello, todos sus “pilotos”, tienen que responder. “Cuando nos deshagamos del tipo del coche, Uber será más barata” dijo su presidente, quien hace omisión a las críticas recibidas por mantener la sede en Delaware, conocido paraíso fiscal.

Lo que debería gobernar en este nuevo poder no es el accionariado multimillonario del viejo poder sino la informalidad, lo transparente y la participación. El día que Uber sea de sus conductores y no de los accionistas podremos hablar de nuevo poder. El día que Obama no sólo se autofinancie de forma colaborativa con los medios que otorga el nuevo poder sino que se retroalimente con estos mismos medios para escuchar a aquellos que pusieron dinero, podremos hablar de nuevo poder.

Esto último es lo que propone Pia Mancini en el segundo vídeo de las charlas. Ella y un grupo de amigos argentinos, cansados del monólogo político y conscientes de la realidad dinámica y conversacional del nuevo poder, decidieron probar y crear un programa llamado DemocracyOS con la intención de que, a través de éste, el congreso se acerque al ciudadano con un lenguaje más sencillo. Y no sólo eso, además de recibir información, permite actuar con ella. DemocracyOS permite votar sobre las decisiones que se toman y sobre las propuestas parlamentarias.

DemocracyOS es el intento de buscar conectores que hagan del ruido una realidad. Es coger nuestro sitio en la mesa en un sistema político que funciona de la misma forma que en el siglo XVIII.

Como era de esperar, los congresistas se rieron del grupo de amigos argentino cuando éstos fueron a presentar tan idílico y utópico proyecto.

Pero mejor. Quién asegura que proyectos de este tipo no se perviertan al entrar en el sistema. Burocratizar las redes es poner un chicle en una tubería rota porque esta red sostendría instituciones que están podridas.

Las tuberías, el sistema, se tiene que regenerar con las nuevas generaciones (valga la redundancia) desde la educación. De nada sirve darle opinión al pueblo si el estado no quiere dársela y de qué le sirve al pueblo ese poder si no ha sido educado para opinar.

El Ché Guevara preparaba su revolución escondido en las montañas como también lo hacía Moisés en Egipto.

De momento las empresas, movimientos e instituciones que se forman, por y para las personas, con el nuevo poder, están políticamente cautivas, por su bien y por sí mismas.

Es mejor que el mayor arma que ha tenido el pueblo se quede con él mismo, en una especie de exilio temporal. No dejemos que pase la línea y forme parte de una tubería corrupta en su esencia.

Tiempo al tiempo.

Texto: Luis Aguilar

 


 

“Vale la pena intentar luchar por cambiar la forma en la que nos relacionamos con las instituciones” Jeremy Heimans.

Hace seis años solo unos privilegiados tenían Internet en el móvil, lo del smartphone nos conjugaba mejor con la película Minority Report que con nuestro día a día. Si trazáramos una línea en el tiempo que se elevara según cómo la tecnología ha influido en nuestras vidas, los seis últimos años supondrían uno de los picos más altos. En un período breve de tiempo hemos pasado de hacer llamadas y dar “toques” a enviar whatsapps, de comer con amigos en cuerpo y alma a comer con amigos solo en cuerpo porque están más pendientes del móvil que de nosotros. Hemos pasado de cargar en bolso y mochilas cámaras digitales cuyas fotos pasábamos al ordenador, luego a un CD a cargar con un palo en el que enganchamos nuestro móvil y en el trascurso de un minuto más de 300 amigos entre Facebook e Instagram podrán saber dónde estamos, con quién, qué hacemos y posiblemente que sentimientos nos abrazaban en el momento de la foto. Los christmas navideños han pasado a la historia, no nos perdemos por la calle y no preguntamos si el autobús acaba de pasar. Hemos perdido la ilusión porque nos feliciten por nuestro cumpleaños y ya no nos chupamos un dedo para pasar las hojas de un libro. Hemos perdido la paciencia de esperar porque vivimos salpicados de inmediatez. Las bibliotecas y las universidades se han llenado de tablets, portátiles y “phablets”. Compartir tu coche con extraños ya es normal. Nos preocupa más hacer una foto a la comida que comérnosla y salir de casa sin el móvil que sin dinero. Pero el crecimiento de las nuevas tecnologías también ha supuesto una subida del telón para que nuevas oportunidades aparezcan ante nuestros ojos; montar tu propio negocio, descubrir nuevos deportes, profesionalizarnos en lo que antes considerábamos solo un hobbie… La tecnología nos ha empoderado. Ya no necesitamos linternas porque nuestro móvil actúa como ella, pedimos un taxi a través de una app, no perdemos tiempo esperando el autobús,  somos más ricos en conocimiento y podemos acceder a cosas que antes hubieran sido más que imposibles.

Todo esto y más en solo seis años o menos. Estamos de acuerdo en lo mucho que la tecnología ha cambiado nuestras vidas. La mayoría de los sectores se han visto obligados a adaptarse a las nuevas tecnologías e intentar no morir en el intento pero, en la política ¿ha cambiado algo?, ¿la democracia se ha adaptado también a los nuevos tiempos? Como bien decía una de las ponentes, Pía Mancini, “somos ciudadanos del siglo XXI interactuando con instituciones creadas en el siglo XIX”.

Después de asistir al TEDxMadridSalon del pasado 28 de Enero y visualizar dos charlas  que abarcaban temas relacionados con la democracia e Internet hemos llegado a las siguientes reflexiones.

La tecnología nos ha empoderado y nos ha proporcionado unas herramientas con un alcance del que antes carecíamos.  Las herramientas las tenemos pero ¿las utilizamos? Parece que el nuevo poder que nos ha proporcionado la tecnología lo hemos aprovechado para fomentar conexiones y las relaciones entre la sociedad pero,  ¿hemos sido capaces de utilizarlo para articular alternativas? Si aceptáramos que esto ha sido así, ¿este peso debería caer sobre los ciudadanos, o deberían ser aquellos a los que pagamos por representarnos los que nos ofrecieran alternativas y un diálogo, aprovechando las oportunidades que las nuevas tecnologías les ofrecen?

El nuevo poder es una corriente en la que se colabora, se construye entre muchos y en el que el rey es la transparencia, mientras que el viejo poder se consume y lo tienen unos pocos. Pero, ¿este nuevo poder puede llegar a tener éxito? Pese a que la economía colaborativa es tendencia y parece no parar de crecer, no podemos olvidar empresas como Apple, caso de éxito admirado por muchos y que se ha construido y  evoluciona en función del antiguo poder, que solo lo poseen unos pocos y donde no reina precisamente la transparencia. Obama ganó las elecciones gracias al nuevo poder pero luego ha gobernado en función del viejo, ¿qué pasa cuando el nuevo poder llega al poder?

¿Qué es o qué debería ser la democracia en el mundo de Internet? La democracia no se ha adaptado a los nuevos tiempos lo que genera una tensión que según Mancini provoca dos resultados: silencio o ruido. Silencio ante ciudadanos que no quieren implicarse y manifestarse en algo que no les va a reportar ningún beneficio directo e inmediato y el ruido, que deriva en conflicto. Inevitable ante un sistema que no parece estar representando a las personas y tener capacidad de diálogo. ¿Por qué en muchas democracias los ciudadanos tienen la necesidad de tomar las calles para ser escuchados?

Vivimos sobreinformados pero el reto no pasa por obtener más y más información sino en poder hacer algo con ella. “La acción política es ser capaz de pasar de la agitación a la construcción” comentaba Mancini, por eso ella fundó DemocracyOS, una app que no solo informa de cuestiones del gobierno traducidas en un lenguaje que no sea de abogados para abogados y que permite a las personas votar sobre cuestiones que les afecten. En un primer momento ellos querían que los políticos tomaran las decisiones en función de lo que quería la gente gracias a la ayuda de la app, tomando decisiones junto con aquellas personas a las que les afecta. Esto fue imposible de llevar a cabo puesto que los políticos no estaban dispuestos. ¿Creéis que estamos preparados para opinar sobre decisiones de gobierno? ¿Deberían dejarnos hacerlo? ¿Nos deberían formar para poder tener estas competencias? Finalmente los políticos levantaron la veda para al menos escuchar lo que decía la población, pero luego eran ellos los encargados de tomar las decisiones. ¿Dejaríais decisiones de Estado en función de la mayoría? Queremos participar más en la toma de decisiones pero ¿estamos preparados?

No deberíamos dejarnos de preguntar qué es y qué debería ser la democracia en nuestros días.

Texto: Lucía Barba

 

Fotografía: WikiNoticia

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