A propósito de San Valentín, ¿Y si el amor fuera otra cosa
?

Estuviste siempre cerca y sin embargo no te vi, no como te veo ahora. No eras mi tipo y posiblemente ahora tampoco lo seas. No eres alto ni rubio, ni siquiera tus ojos son verdes. No juegas al waterpolo y no me despeina el aire encima de tu moto.

Pero te quiero. Y no sé como hemos llegado hasta aquí. Hasta cambiar mi té por tu café.

Los rayos de sol me empujan a la madurez pero el olor de la resaca me recuerda que posiblemente fue a ti a quien primero alcanzó. Y es ahora, escribiendo estas letras, mientras mojo mis labios con la espuma del café, cuando me doy cuenta que quizá ni tú, ni yo hayamos madurado. Quizá ninguno ha cambiado. Quizá siempre fuimos los mismos. Quizá siempre estuvimos cerca pero nunca nos miramos, solo nos vimos. Quizá, antes, el contexto no nos abrazaba con el ímpetu de ahora.

El anverso nos dice que es mejor ser parecidos y el reverso que la diferencia te lleva hasta la complementación. Tú no eres ni mi anverso ni mi reverso. No te considero ni diferente ni parecido. Hace tiempo que rompiste mis esquemas, borraste los tipos de mi mente. Desatinado tiempo pensando en el quién, el cómo, el dónde y el por qué. Sin darme cuenta de que ibas a llegar sin avisar, sin una llamada ni un mísero whatsapp.

Por pasar lista cuentas veces el tren se nos va.

No sé si fue el contexto o la casualidad la que nos llevó a ese bar, fatigado y algo desgastado. El que puso la luz tenue. El que seleccionó la conversación para clavarnos las miradas. El que eligió la música para que nuestros cuerpos se unificaran. Quizá otro día, otro bar, otra luz, otra conversación y otra música hubieran hecho que este sorbo (…) fuera de té. Y es ahora, removiendo los mojados granos de azúcar que quedan en el fondo del café, cuando pienso en que quizá, si hubieras llegado en otro momento no me habría podido cambiar. Saltar hacia el café. Cuando mi corazón era un broquel, no. Cuando mis prioridades eran otras, no. Cuando tenía mucho que acabar, no. Tu mirada solo habría coincidido con la mía, como coinciden las gotas de lluvia entre los adoquines de la acera, por pura casualidad. Y la gota de lluvia hubiera sido tu mirada y el adoquín, igual, otra cualquiera. Y si el contexto os hubiera decidido abrazar, os hubierais unificado, como ha hecho con nosotros.

Tú me has demostrado que se puede estar cerca sin estar y que no siempre estás cuando estás cerca. Las casualidades, a veces no existen, pero a veces sí.

Tú has sido la casualidad que me ha demostrado que quizá el amor es otra cosa.

Que quizá sea quizás.

 

Fotografía: Striped-Cherry

Acerca de Lucía Barba

Madrileña inquieta. Curiosa por naturaleza y optimista por definición. Apasionada de la vida y de todas las cosas que le ponen los pelos de punta. Hablando por los codos la escucharás unos gramos de “sabes” y un kilo de “porqués”. Fan de las personas y las marcas. Eligió la publicidad como el viaje que le permitiría estudiar a las personas. Le encanta agitar las cosas, darles la vuelta, cambiarlas, descomponerlas y volverlas a componer. De ahí Melettea, un baúl abierto y volátil con destino la inspiración, donde poder volcar su curiosidad y agitar más de un pensamiento.
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Un comentario

  1. ¡Eres una maquinota churri!

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