Siempre pensando en sexo

 

JULES: ¿Te acuerdas de Antoine Rocamora, medio negro y medio samoano, al que llamaban Tony Rocky Horror?

VINCENT VEGA: Si, tal vez. ¿Era gordo? ¿no?

J: Bueno, yo no llamaría gordo al hermano, más bien tiene un problema de peso. ¿Qué quieres que haga ese negro? Es samoano.

VV: Si, creo que ya se a quién te refieres. ¿Qué le pasa?

J: Pues que Marcellus le ha jodido y bien. Se comenta por ahí que la culpa de todo la tuvo la mujer de Marcellus

VV: ¿Qué hizo? ¿Follársela?

J: No, no, no, no. Nada tan grave

VV: Pues, ¿Qué hizo entonces?

J: Le hizo un masaje en los pies

VV: ¿Un masaje en los pies? ¿Solo eso?

Masaje en los pies. Pulp Fiction. 

 

Dejando a un lado las explicaciones mitológicas, ya fueron los griegos los primeros en preguntarse qué era aquello de la ética y la moral. Plantearon una pregunta, cuyo eco, aún resuena en nuestra época: ¿Las leyes morales son naturales o convencionales? ¿Los valores morales son universales o culturales? Los filósofos posteriores y coetáneos como lo fueran Sócrates o Platón, dieron gran importancia a estas cuestiones. Asimismo, como proponía Aristóteles años más tarde, el conocimiento y la práctica de la virtud, como ellos llamaban a la moral, era dependiente de que ésta fuera enseñada.

Para Epicuro la moral no significaba nada si en ésta no reside el placer; hedonismo como concepto para explicar la moral, descontrolado y libre. Al contrario de lo que proponía Hobbes, quien creía en la intervención del estado para reducir la libre satisfacción de los deseos individuales o de lo que decía Rosseau, preocupado por un estado que defendiera la voluntad general de sus ciudadanos.

Cuando llegó Hegel, abrió camino a la diferencia y planteó unos postulados, no en función de la búsqueda de verdades universales, sino en función de ofrecer una filosofía que comprendieran los contextos y que actuara en función de ellos. Apostó por una ética que no se encontrara en el individuo o fuera universal, como proponía Kant, sino en el estado, no como se entiende ahora, sino en el estado como sociedad, en el sentir del pueblo.

Dejando muchos otros filósofos en el camino, volvamos a un contemporáneo que se expresa en el cine como medio. Quentin Tarantino, maestro en crear microcosmos, propone en una escena, un dilema moral entre los protagonistas de Pull Fiction. Al comienzo del artículo, un extracto de la famosa escena en la que los dos protagonistas, exponen sus antagónicas opiniones acerca de la moralidad. Porque en 1994, varios siglos y un par de milenios después, Samuel L. Jackson y John Travolta se siguen preguntando: ¿Quién impone la moral?

Pues el propio cine, para empezar. Y con lo que da de sí Pul Fiction, me quedo con otra escena. A la que le da sonido el grupo Urge Overkill y su “Girl, You´ll be a woman soon” mientras Umma Thurman baila cual Apofis y John Travolta discute con su ángel de la moralidad por sostener a un pene que, por universalidad, quiere sexualizar con el demonio reencarnado en un baile de serpiente pero que, por la virtud socrática, lo único que clava esa noche es una aguja con adrenalina.

Pull Fiction no da respuestas respecto a quiénes dirigen la moral. Será que es una institución etérea que nació cuando nació el hombre o se habrá ido creando con la propia evolución humana o de sus mismas instituciones.

Puede que todo empezara cuando María fuera sin pecado concebida, o cuando en libros y misas se doctrinaba la palabra de un señor que murió por la falta de moralidad de muchos otros. Si éste levantara cabeza, lo mismo le hacían morirse más veces, no sé si por lo poco moral de muchos o por lo poco moral de algunos de sus allegados eclesiásticos.

Pero hay más ejemplos, lejos de hablar de Dios, pues todavía sus predicadores no me han quitado el peso del pecado original de la espalda, con lo que trabajo yo en ver a San Pedro algún día.

Aznar dejó el poder y volvió el gobierno socialista. Zapatero pronto aprobó leyes que permitían el matrimonio entre personas del mismo sexo y otras, por ejemplo, como la que facilitaba el divorcio para parejas que no encontraban la virtud en el “hasta que la muerte os separe”. No llueve a gusto de todos, pues la oposición no encontraba la moralidad de estas aprobaciones, como la actual oposición no moraliza con la ley que ha hecho “dimitir” a Gallardón.

Un día, Zapatero (o el ministro de educación de turno), que debía leer mucho a Aristóteles, puso en marcha una asignatura llamada “Educación para la ciudadanía”, para enseñar a los jóvenes estudiantes españoles una serie de valores éticos. Lo cual, por una parte es una bonita forma de enseñar a los niños la normalidad de las causas que devenían del matrimonio homosexual, o la normalidad de la llegada de extranjeros en una época en la que España era un país con más inmigración que emigración (qué tiempos aquellos). Por otra parte, este tipo de asignaturas que favorecen la implantación de unos valores morales, pueden ser un buen medio de adoctrinamiento por parte del estado. Lo preocupante de este lado es la volatilidad política que pudiera gobernar la moral, más cuando cada cuatro años cambia el mando de la universalidad que prometían muchos sabios filósofos. Ayudados por la educación, aunque no sólo por ella, sino también por los medios informativos o la publicidad, los ejecutivos cuatrienios se aprovechan de crear, como apuntaba Orwell en 1984, Neolenguas. El objetivo es que, mediante la manipulación del vocabulario, el lenguaje hablado por la sociedad gire en torno a lo que las grandes instituciones propongan.

Así que estamos lejos de esa universalidad de la moral que está determinada por los decretos leyes, alguna directiva europea, el protocolo de Kioto y el Papa. La moral e inevitablemente sonando a Marx, es un instrumento más al servicio de los que no sirven pero si tienen sirvientes.

Por lo que, volvemos a la historia, al principio. El sofista Georgias decía que, la oratoria, método de aprendizaje en época griega, podía ser manipuladora si el que la practica no es una persona justa.

Por lo que,  y sin dejar a los Griegos: ¿Es la moral un valor universal e inmutable? o como apuntaba Hume: ¿Está ésta al servicio de los sentimientos que nacen de los intereses generales de la comunidad? O como digo yo, no es que estará sólo al servicio del manejo de unos pocos…

Brian: Mamá, ¿Crees que tengo la nariz grande?

Madre de Brian: ¡Sexo, sexo! ¡Siempre pensando en sexo!”

La vida de Brian. Monty Python

 

Acerca de Luis Aguilar

Gato al sur del Manzanares, hormiga del globo y okupa del Cyberespacio. Su pasión por la comunicación le llevó a licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas y, aunque es más de esto último, adora el creativo resultado al juguetear con las palabras. Convive con el estrés a la espera de un traficante de tiempo y, mientras tanto, le roba a la vida más de lo que le puede dar. Cuando descansa, coge aire en las comas y a veces, consigue pararse en los puntos.
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Un comentario

  1. ehhh… un tema amplísimo y con infinitos recorridos en el laberinto…
    Sí porque hay un laberinto que hay que vivir, día tras día, y ¿el objetivo?
    Si el término fuera “moral” estaría plenamente de acuerdo contigo: la enseñanza de los valores morales tiene que ver con el interes de unos pocos. Sin embargo, yo creo que la ética sea más bien un plantearle cara a la moral, un acto de pensamiento crítico acerca de la eterna pregunta “¿Cómo vivir?”.
    Hay dos maneras de tratar Educación Para La Ciudadanía: una como la imposición de una moral (sea cual sea); la otra como planteamiento de un problema o como proceso de sensibilización.
    ¿un masaje en los pies? ¿Solo eso?”

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