Frustración silenciada en diplomacia

Conferencia de Staffan de Mistura sobre la situación en Siria

Staffan de Mistura es el enviado especial para Siria del Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-Moon. Con una larga trayectoria, ha sido viceministro de Asuntos Exteriores de Italia bajo el mandato de Mario Monti (2011-2013) y ha desenvuelto diversas labores en distintas áreas de la ONU; entre ellas destaca su colaboración en el Programa Mundial de Alimentos y su labor como representante especial en Irak. También fue nombrado presidente del Instituto Europeo de la Paz y su trabajo le ha llevado a conocer de cerca los conflictos en Afganistán, Irak, Líbano, Ruanda, Somalia y Sudán, entre otros. De origen sueco, en 1999 la República Italiana le confiere la ciudadanía por su determinación, trabajo y profesionalidad.

 

Poco antes de comenzar la conferencia recibe un mensaje que le avisa de otro ataque en Alepo. Sobran comentarios. Puesto que se encuentra en medio de un periodo de negociaciones el acto no puede ser grabado ni publicado, por razones obvias. Bueno, publicado evidentemente sí.

 

Casi cuatro años de conflicto en Siria han dejado cientos de miles de fallecidos, cerca de 12 millones de refugiados y más de 6 millones de desplazados. Una gran parte de ellos son niños. Datos reflejados cada día en los titulares de la prensa internacional, ante la pasividad de la sociedad internacional.

 

Un conflicto influenciado por la Primavera Árabe que alimentó diversas protestas contra los gobiernos en Túnez, Egipto, Libia y Bairén. Esta oleada de revoluciones tocó también a Siria, que vivía el preámbulo de la que se convertiría en una guerra civil. Comenzada a principios de 2011, separa al Gobierno de una parte de la sociedad distinguida como los rebeldes. Éstos reivindican libertades, derechos humanos y democracia. Condenan al gobierno de Bachar Al Assad al que acusan de totalitario, represivo y corrupto. Las protestas en contra del gobierno se volvieron cada vez más multitudinarias y el ejército no dudó en usar la violencia para reprimir las manifestaciones (uno de los puntos de conflicto diplomático nacional e internacional fue la supuesta utilización del gas sarín. Que sí, que utilizaron…). El objetivo de los rebeldes es derrocar el gobierno de Bachar Al Assad. Pero en las últimas elecciones de 2014 se veía como claro ganador. Bastaba con ver las pancartas por las calles para darse cuenta de su poder. No había cabida para otros partidos. Su cara se rodeaba de flores. Curioso.

 

Siria, un país con 22 millones de personas en el que el 75% de la región es suní, 15% chií, y el resto de diversas procedencias. La guerra civil ha llegado a involucrar a los países limítrofes creando tensas relaciones en Jordania, Líbano y Turquía. Una situación que contribuye al riesgo terrorista, en especial por las recientes actividades de Jabhat al-Nusra, frente militar islamista formado en enero de 2012 por rebeldes afiliados a Al Qaeda.

 

Un país en el que los conflictos abarcan a los rebeldes, al Gobierno, a grupos insurgentes y al terrorismo del Estado Islámico. Un buen lío.

 

Assad se ha ganado el desprecio de muchos países occidentales no solo por la violencia hacia su pueblo y por sus dudosas políticas, sino también por las relaciones que mantiene con Hamas y Hezbollah, partidos políticos supuestamente responsables de ataques terroristas.

 

En el ámbito internacional los rebeldes están siendo apoyados por EEUU, Turquía y países árabes del Golfo Pérsico. Por su lado, el Gobierno es apoyado en cierta manera por Irán, Rusia, y la organización libanesa Hezbolá. El gobierno mantiene una continua crisis diplomática con Turquía, Israel y el Líbano. Rusia argumenta que la verdadera finalidad del conflicto es el dominio de la influencia occidental, llevada a cabo en especial por EEUU. ¿Recuerda a algo?

 

En cuanto a la perspectiva de la ONU Staffan asegura que en Siria no cabe una solución militar sino una solución política, pero que para ello “hace falta que no haya precondiciones”. Sin condiciones, en la que se incluyan a todos los sirios. Pero no está sucediendo porque nadie tiene el coraje de llevarlo a cabo. El gobierno de Assad, por su parte, se está mostrando disponible para cooperar. O eso dice.

 

Pero quien realmente se está beneficiando de esta situación es el ISIS: ni Bachar, ni los rebeldes ni el pueblo sirio. Razón por la cual la ONU pretende incentivar las ayudas. Solo los terroristas más terroristas que Al Qaeda consiguen sacar partido de esta guerra. Staffan se pregunta por qué no se ha tomado este terrorismo como una llamada de emergencia, una “wake up call” para el resto de países con el fin de llegar a un consenso que acabe con tanta muerte y devastación.

 

Con los ojos cansados por la despiadada violencia, la ONU busca un plan de paz. Una fórmula que abarca dos frentes:  cualquier acción que reduzca la violencia a través de un proceso político de paz, y el aumento de la ayuda humanitaria. ¿Cualquier acción?

 

El papel de España es de gran importancia -eso dice- no solo por ser miembro de las Naciones Unidas, por haber firmado los Derechos Humanos o por ser miembro del Consejo de Europa, sino por su fuerte empatía hacia el mundo árabe. Juega un papel importante. Pese a la creciente islamofobia inducida por el miedo al terrorismo (cabe destacar, sin intención de alarmar, que según el Corán el islam debe volver a recuperar las zonas que fueron parte de su historia… Al Andalus), de Mistura nos aplaude, así como el reciente pacto firmado por PSOE, PP y pequeñas coaliciones que nos posicionan en el epicentro legislativo de la lucha contra el terrorismo. Dicen. España destinó en 2014 más de 9 millones de euros a ayuda humanitaria en Siria. En unos meses sabremos cuántos más para 2015.

 

A lo largo de la conferencia Staffan ha querido mostrarse contundente en su visión esperanzadora y optimista de una resolución del conflicto. El objetivo principal es el de no usar la fuerza y el de incrementar la ayuda humanitaria. Pero el terrorismo del Estado Islámico, que podría ser un punto de inflexión en este conflicto, está siendo un punto de disonancia. Entre los estados que proporcionan ayudas -tanto militares como de suministro- hay discrepancias. Algunos países pretenden acabar solo con Bachar Al Assad, otros acabar solo con el terrorismo, y otros mantienen el objetivo de terminar con ambos.

 

Sus palabras medidas con lupa -es un cargo de la ONU- muestran un velo de frustración silenciada en diplomacia. Si bien la fuerza no debe ser el camino, es evidente que los parches y tiritas que se proporcionan no acabarán con el porvenir compulsivo de las heridas. Y detrás de las heridas, está el pueblo sirio. A veces sí habría que usar la fuerza. Probablemente lo hagan. Pero esto nunca lo sabremos.

 

Fotografía: ACNUR

Acerca de Giulia

Guiri por naturaleza, le gusta perderse entre submundos para hacerlos reemerger. Silenciosamente incómoda y discretamente enfadada. Mente freelance dispuesta a mancharse los dedos de vidas. Salpicando ideas aquí y allá, espera ser útil para alguna pupila. Quiso ser abogada, cineasta y agente secreto. Se quedó en periodista. Pero es una fiel conservadora de ese antiguo oficio, aquél que se ejercía en humeantes madrugadas con olor a café.
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