Amar es amarse

Decidió ir andando. Sin pensar en nada, con la mente blanco, solo escuchando sus respiros y goteando adrenalina. Entró en el portal casi sin tocar la puerta, como por miedo a que quedara algo de sí pegado a esas paredes. Respira y su vello se levanta. Se detiene. Hay un espejo. Libre albedrío.

 

  • Casi no me reconozco entre estas olas que me empujan. He intentado refrenarlas, lo juro. Y ahora me pregunto a qué coño estaré amando. Puede que a la ola, o a esta marea, quizás a mi orilla, o solo busque el horizonte

 

  • Un reflejo. No te enamoras de la gente, no te gustan las personas. No te engañes, vives de las sensaciones que despiertan en ti, de aquello que te proyectan

 

  • Pero amo

 

  • Amas, es verdad, y con desgarro

 

  • No amo

 

  • Amas la emoción, que es miel ardiendo

 

  • Amo, pero también quiero. Siento caída libre desde el esófago al estómago, y ahí una mezcla ácida. Algunos lo llaman nudo, pero yo siento cascada

 

  • No tragas saliva, tragas culpabilidad

 

  • No, mentira. Trago momentos. Recuerdo los olores y al pensarlo siento, en serio, mi corazón ahogarse. Hay noches en las que juego con ahogarme. Y esta noche nos regalaremos un paraíso de abstracción. Casi inexistente. La cascada y yo

 

  • ¿Prefieres la cascada a las personas?, ¿o es que las personas no son suficiente cascada para ti?

 

  • Mira, pasa la lengua. Arde. Es una emoción que me recorre por detrás del cuello. Puedo enamorarme del placer, de la tensión, del momento, de un pasajero en un tren. Y esta cascada duele, sí, pero complace a la vez

 

  • Pues amas el placer que te producen las personas

 

  • Solo muerdo absurda nostalgia. Y absorbe tanto como las garras de quien me alimentaba de desesperada euforia. Una euforia momentánea que llena hasta saciar ese agujero de cascada. Escoria de mi mismo

 

  • Entonces amas por saciar

 

  • Tan solo amo. Ahora también estoy amando. Aunque no sea a quien le deba. Aunque sea a quien le deba

 

 

Ya está arriba. Abre la puerta y su sonrisa, esa sonrisa, aniquila.

 

 

  • ¿Y seremos sinceros?

 

  • Seremos nobles

 

  • Respecto a quién?

 

  • Relájate. Toca cascada

 

 

Nos han engañado. Pensábamos que amar era querer. Estar a gusto, compartir, confiar, crecer. Quizás con pasión, también admiración, algo de confort. Mienten. Amar no es eso. Amar es egoísmo. Amar es narcisismo.

 

El amor es sentimiento. Pero no deja de ser respecto a uno mismo. Otra cosa es idolatrar, admirar, ser platónicos. Amas si te compensa. Aunque te equivoques, aunque en realidad sea dañino y creas que no conviene -es que a veces nos creemos que compensa-. Pero si compensa es porque sirve. Porque sientes. Porque vives. Yo te amo porque te quiero. Te quiero porque provocas algo en mi, porque llenas algo en mi. Entonces amamos para llenar algo en nosotros. Entonces amamos porque nos amamos a nosotros. Porque nos buscamos a nosotros.

 

Y puesto que el amor forma parte más de uno, como reflejo del otro, ser infiel es otra búsqueda de ti mismo. De tu satisfacción. Estás amando esa satisfacción. Crees que amas a quien la produce, pero no, amas lo que te produce.

 

En la tradición greco-romana la fidelidad se entiende como genuinidad, confiabilidad, constancia, honestidad, verdad. En la sociedad medieval cobró el sentido de pertenencia y obediencia. Es en la sociedad moderna la fidelidad, en tanto que confianza, es erigida en norma dentro de un nuevo marco relacional: el contrato social.  Pero si tan siquiera somos fieles a nosotros mismos cómo vamos a serlo respecto a otros. Somos individualistas. Todos. Tú y yo también.

 

La fidelidad. Qué digno. Ese valor, principio y pilar social que no es solo exclusivo en las relaciones de pareja, sino en la amistad, el trabajo o los negocios. Y se convierte en algo frío, que desgranado, pierde toda esa fuerza que antepone a la razón. “Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona”. Según la RAE.

 

En cuanto la conciencia vibre en tus lagunas has perdido. Por compasión, por el perdón, por la seguridad, por la costumbre, por un vacío futuro. Si eres fiel no es por amor.

Y la nobleza. ¿En serio alguien piensa que contar una infidelidad implica nobleza? Egoísmo enmascarado. No lo haces por el otro, lo haces por ti. Porque vivir con esa angustia corroe. Y te quieres, no quieres quemarte. Y acabas quemando. Si eres infiel te quieres más a ti, no te ahogues de sinceridad. Quién es más noble, ¿el que calla o el que cuenta?, ¿ama más el infiel arrepentido o un fiel reprimido?. Todos lo hemos sido y todos lo seremos. Una pertenencia en lucha con tu libertad, que a veces asfixia, a veces arropa. Si consigues soportar la angustia del ardor, quieres. Entonces amas. Dejas de quererte a ti mismo por un ratito. Si amar es narcisismo y te desprendes de ti mismo, será pureza lo que sientas.

 

Infieles, no os amparéis en las excusas. Sois infieles. Y nunca estaréis bien vistos. Y que no os mientan. Nunca os van a perdonar por amaros demasiado. Quizás amar con pureza sea corroerse. ¿O somos hedonistas?

 

  • Entonces… ¿seremos sinceros?

 

  • Seremos nobles

 

Cerró la puerta y la marea inundó su vacío. Es lo que anhelaba. Aunque por dentro ese mar le esté quemando. Lejos de su orilla. Y se dejará amar por brazos ajenos. Y de vuelta a la arena, la sal arderá.

 

 

 

 

 

Acerca de Giulia

Guiri por naturaleza, le gusta perderse entre submundos para hacerlos reemerger. Silenciosamente incómoda y discretamente enfadada. Mente freelance dispuesta a mancharse los dedos de vidas. Salpicando ideas aquí y allá, espera ser útil para alguna pupila. Quiso ser abogada, cineasta y agente secreto. Se quedó en periodista. Pero es una fiel conservadora de ese antiguo oficio, aquél que se ejercía en humeantes madrugadas con olor a café.
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.