Las noticias de Germanwings

Se siente tanta pena ante el sufrimiento de las familias del caso Germanwings, y estamos sin embargo tan acostumbrados a ver cómo nos escupen las noticias con un sesgo tan amarillo, que lo que voy a contar es casi redundante para el mayor número. Acaso lo prudente sería sumarse a un duelo silencioso. No puedo ser prudente y me disculpo.

 

Tanto da en lo que uno crea, todo mi respeto para ese uno, penoso y vergonzante me resulta ver la moralidad exhibida de las noticias en primeras planas sobre la dolorosa catástrofe de Germanwings, y cómo estas noticias están siendo tratadas en muchos medios, bien que no en todos.

 

Bertrand Russell decía con buen juicio que a la hora de subir a un avión le importaba muy poco la religión del piloto; lo que realmente le importaba era su ética. ¿Tiene sentido? Creo que sí lo tiene. No todos siguen o seguimos una religión, mientras que todos somos por fuerza morales y nuestras conductas particulares están siempre incardinadas en una ética que las circunscribe a todas ellas, ya sea secular o teologal; ética a su vez que, como las capas de la cebolla, queda por último envuelta por el derecho. La norma sin coerción supraindividual no es norma, todo lo más es un consejillo inerme. Pero aquí no hay caso porque aquí no hay un problema ético, no de acuerdo a la convención, aunque también discutible, de lo que es ético. No solo. Ni siquiera es un problema moral soluble o anticipable con doctrinas «psi». Me parece.

 

Hay un comentario chusco, ciertamente malintencionado, que nació tras el 11-S: Russell volvería a plantearse la importancia de la religión del piloto antes de subir a un avión hoy en día. ¿Cuál será la chuscada periodística ahora que ni ética ni religión, sino psicología, andan en liza sobre el debate por la «eficacia» en la medida y límite de las conductas humanas?

 

La pregunta de Russell hoy sería tal vez (válgaseme la ironía —no quiero frivolizar con el fondo ni que lo parezca—): «¿De qué corriente psicológica era quien le hizo el test de aptitud al piloto?, o acaso: «¿Qué relevancia tiene demostrada la tal corriente en prognosis de asesinos?». (¿Estamos locos?). Las psicologías son un campo de estudio interesantísimo, necesario, pero no milagrería futurista. Me parece un truismo tan evidente que huelga extenderse en todo esto y no lo haré. Porque quizá el problema último de la perplejidad informativa consista en que no podemos soportar que nos expliquen una verdad contrastada: Ni neurología ni psicología, ni psiquiatría ni ciencia humana hoy están (¿aún?) legitimadas para la prognosis de estos acontecimientos ante los que nos sentimos tan impotentes por ello mismo.

 

Luftansa, o como se llame, tiene que pagar una indemnización de miles de euros a las familias víctimas de este desecho humano, y bien está, pero que esto sea significativo justo ahora para el amarillismo más zafio —porque no se habla de otra cosa—, me perdonen, resulta del todo inmoral. Pareciera que cualquier moral, en el sentido del Alcoyano, se pueda calmar con eurazos y esto acaba por importar más a algunos emporios mediáticos que desentrañar finalmente las tripas de las dos cajas negras —un atrapamiento tecnológico del precámbrico, por cierto. ¡Videocámaras blindadas ya en las cabinas! ¿Qué narices es una caja negra, cuando no se ve qué ha ocurrido y apenas se oye?, ¿¡ahora que hasta nuestros niños tiene mejores cachivaches tecnológicos en eficacia para puro ocio!?

 

Dudo —negaría— que un porrón de euros en la cuenta de las familias rebaje el dolor de las pérdidas a estas familias. Sin embargo para los lectores de actualidad hay dos temas que parecen protagonistas y que se tienen,  nos tenemos, que tragar a la fuerza para estar al tanto de la noticia: Uno: El o el No al «rigor psicologista» de las pruebas de aptitud —pura ficción que pretende hacer de este saber otro fundamentalismo. ¿Porque quién puede creer que una prueba de aptitud psíquica sea determinante para anticipar una psicopatía? Los que menos, los psicólogos bien instruidos, porque conocen bien sus límites de incidencia en la contratación de personal por más que dediquen el tiempo preciso a estudiar un perfil psíquico, ya contesto yo; y dos: el dinero que se van a llevar las familias en «compensación» por este horror.

 

Decía don Quijote a su buen Sancho: «Cuando agredas a alguien de obra, no le agredas también de palabra». Entre asco y pena da leer algunas palabras del caso. ¿De verdad son importantes estos detalles ahora? Entre el cientificismo del asunto y la compensación de derecho parece que todos quedaremos resarcidos hasta la próxima gaceta.

 

Condolencias muy sinceras a las familias y amigos. Lloro con ellos.

 

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.