La fortuna favorece a los audaces (o todavía queda lugar para la esperanza)

“Audaces Fortuna iuvat” con esta breve pero elocuente frase de Virgilio, puede expresarse el sentimiento que desde hace ya algún tiempo se ha apoderado de mis pensamientos, los mismos que se empeñaban una y otra vez en recordarme que lo tengo crudo, bueno, más bien, que todos lo tenemos, ya que a pesar de que ahora nos están vendiendo el panfleto de que todo va a mejor, de que el desastre está superado y demás metralla del peor y más rancio marketing político, constantemente se adueña de mi una sensación de creciente frustración y desesperanza, en donde intentando ver algo claro de mi futuro, solo alcanzo a distinguir una señal codificada al más puro estilo de aquel porno del canal plus que, al igual que ahora, me afanaba por distinguir para poder sacar algo en claro, pero como entonces, me veo obligado a terminar por cambiar de canal o apagar directamente el piloto de encendido, no vaya a ser que me quede ciego en el intento. Pero como ya señalaba unas líneas más arriba, tras estar sumergido en esta rutina de rabia y autocompadecimiento, y probablemente por estar ya inmerso en esta lucha laboral y existencial que ante mí se presenta al fin, y que siempre pensaba como lejana, me he visto obligado a rectificar mi actitud, ¿el motivo? la pasividad y la desvergüenza generalizada que veo a mí alrededor. Día tras día, nos están recordando lo estúpidos que somos y joder ¡esque llevan razón!, nuestra pasividad, nuestro miedo, nuestro conformismo o simplemente nuestra ignorancia ha permitido que la desvergüenza se halla adueñado de este país, se ha producido una “democratización” de esa desvergüenza. Cada día se puede observar un creciente y pasivo desprecio por la “cosa pública”, la impunidad campa a sus anchas, se juega con nuestro futuro sin remordimiento alguno, ¿pero eso quiere decir que ya no hay vuelta atrás? ¿Qué debemos resignarnos a esperar que Dios o Pablo iglesias nos saquen del atolladero? La nación, el pueblo en suma está cansado, algunos porque se han molestado en pensar en la situación y deciden tomar las riendas de una posible solución y otros por mera inercia, pero al fin y al cabo se ha terminado por forjar un sentimiento común de hastío y rabia, los poderosos no han visto, o han ignorado, que las formas tradicionales de dominio ya están caducas, mal que les pese, una gran mayoría de la gente de este y otros países está inserta en una nueva era, un tiempo en donde la información ya no es solo una herramienta para el cambio, sino que se ha perfilado como el principal baluarte de la resistencia popular contra el opresor, estamos formados, podemos y debemos utilizarla en nuestro beneficio, no debemos dejarnos guiar por proclamas o ideales generalistas, hemos, en definitiva, de luchar por un pensamiento reflexivo y autónomo, debemos pues ver que existe esperanza. Una esperanza que aunque no siempre sea audaz, sí que se muestra incontrolable. No podemos entender la existencia humana sin la búsqueda de nuevos retos, sueños, la esperanza se traduce así como una necesidad primaria del subconsciente, de la propia naturaleza ontológica de la persona. Debemos pues enseñar  a educar la esperanza para poder de esta manera evitar caer en el mal que a mí me ha perseguido durante varios años, una desilusión congénita que si nos se extirpa a tiempo puede acabar por destruirnos y con ello toda posibilidad de cambio, ¡hay que ser audaces, tomar la iniciativa y convertirnos así en dueños de nuestro propio futuro! Es nuestro deber y nuestra responsabilidad, recordad que nadie nos va a regalar nada.

Lleno de rabia y amor, sin el cual no hay esperanza posible, llamo a un despertar de las conciencias a enarbolar las banderas de un pensamiento y una forma de vida en donde la tolerancia, que no la condescendencia, y la construcción de un espíritu crítico nos ayuden a la construcción de un futuro socialmente justo y sostenible, y lo que es todavía más importante a la toma de conciencia por parte de la gran masa del pueblo, que nunca debe olvidar que su actitud es a la vez causa y efecto del devenir de su propio futuro. Por tanto y ya para concluir, la historia que está por venir la debemos dibujar nosotros mismos, nada está pues decidido, las páginas del futuro siguen en blanco esperando a que nosotros mismos seamos los que comencemos a trazar nuestro propio destino, recordando siempre y como señalaba Pío Baroja de los bohemios madrileños en El Nuevo tablado de Arlequin:

“Y aunque tengamos la evidencia de que hemos de vivir constantemente en la oscuridad y en las tinieblas, sin objeto y sin fin, hay que tener esperanza. Hay que hacer que nuestro corazón sea como el ruiseñor, que canta en la soledad de la noche negra y sin estrellas, o como la alondra, que levanta el vuelo sobre la desolación de los campos a la luz poderosa y cándida de la mañana.”

Acerca de Carlos Castillo

Siempre he soñado con utopías y he sido muy cobarde para intentar llevarlas a cabo, pero como todo en esta vida, cambié y empecé a tomar conciencia de que ver la vida desde detrás del burladero no era vivir, con lo cual y también presionado por las circunstancias me he dispuesto a contribuir un poco en esta tarea de compartir mentes desde el corazón. Estudié Historia y siempre he tendido a ver el mundo desde una complejidad que me condena a la eterna frustración, pero sin la cual no existiría esa llama que nos hace humanos, la voluntad de sentir, pensar y luchar, y que a la postre es nuestra mayor virtud
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Un comentario

  1. Por un pequeño problema con la web hemos perdido el comentario que habíamos recibido en este post. Si vuelves por aquí, que sepas que te agradecemos el haber dejado tu opinión 🙂

    Un abrazo.

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