Yo te saludo, España

De antemano, avisaré a quien pretenda leer las siguientes reflexiones, que se abstenga si posee algún arraigo interior con la fuerza suficiente como para provocar rechazo ante los siempre llamados (y de forma burda, a mi parecer, a estas alturas de la historia) ‘temas delicados’ del dominio público. En este caso, la religión.

Recientemente, he podido ver en  una reposición televisiva, en un programa que se dedica a recuperar diversos temas en diferentes aspectos, sucesos, o movimientos que han tenido lugar en la cultura española, uno que me llamó bastante la atención, más estando ligado a mi principal interés que es el mundo del cine. En el año 1985 llegaba del vecino país galo la película Je vous salue, Marie, de ese enfant terrible cinematográfico que es Jean-Luc Godard, en el que presenta a la Virgen María como una joven de clase media que lleva una vida corriente, siendo jugadora de un equipo de baloncesto femenino y ayudando a su padre en una gasolinera. José, aquí, ejerce de taxista (un papel sin duda más relevante que el que juega en el libro sagrado). El resto se lo pueden imaginar: embarazo sin mácula, expectación en su entorno familiar, etc. Se puede destacar (y de aquí el comienzo de la polémica) los planos que muestran el cuerpo de María desnudo (integral, usado también en el cartel promocional). Obviamente, el aire mediterráneo que envuelve a ambos países hizo que pusiesen el grito en el cielo por la hereje interpretación que se hacía de uno de los más célebres pasajes bíblicos. A la cabeza, el por aquel entonces Papa, Juan Pablo II, arremetió duramente contra el filme, expresando textualmente que “hiere profundamente el sentimiento religioso de los creyentes y el respeto por lo sagrado”. Abanderados por tan afilada sentencia, en nuestro país, un importante número de fieles se congregaban, cuales lejanos cristianos frente al río Jordán, frente a las valientes salas que se atrevían a exhibir, para poder bautizarles (o puede que exorcizarles) en un acto de salvación mesiánica extrema, con la mejor intención preventiva ante las bárbaras imágenes que los pecadores espectadores estaban a punto de visionar: se dedicaron pues, a insultar (sólo algunos exaltados) a quienes guardaban la fila, y la inmensa mayoría (por su edad avanzada), a rezar el rosario en voz alta.

Estaba sorprendido, a caballo entre el borde de la risa y de la simple sorpresa. Dos años después, se repetirían algunos actos parecidos (más atroces en Francia, de nuevo) por otra película de índole religiosa. Podría derivar esta introducción hacia temas más actuales como han sido las matanzas de Charlie Hebdo u otras similares, pero en vez de mirar fuera, me quedaré observando el interior de nuestras fronteras. En estos últimos años, de permanente cambio, se ha discutido mucho sobre lo avanzado y lo superado, lo cual no discuto y afirmo, pues sí es cierto que de un tiempo (finales de los años 70) a esta parte se ha escalado un enorme muro (aunque las grietas sigan siendo demasiado visibles). Pero no creo que en la religión se haya hecho demasiado hincapié. España jamás será un país laico. Al menos, tal y como se ideó en 1978, tal y como se ha pretendido en todos estos años. Que este país se libre de este pesado lastre, arrastrado desde tiempos inmemoriales, resulta tan inverosímil como que una roca sea comestible. E incluso, en determinadas fechas del año, o por determinados acontecimientos, sería más fácil tragar un par de piedras que aguantar las desfachateces a las que nos tiene acostumbrado la Iglesia Católica española, y por extensión, el gobierno (el partido, más bien) derechista que le apoya y defiende, como buen sentido de camaradería ha de haber entre quienes siempre guardan una oscura segunda intención. Recordemos todas y cada una de las semanas santas ocurridas hasta la reciente, en las que podemos observar como España, intento de marca progresista, avant garde del liberalismo y otras etiquetas que los políticos dan, se vuelve negra, enfundada en los puntiagudos capirotes, enmudece bajo los pasos descalzos de  penitentes (¿tanto pecado necesita ser purgado realmente, o sólo queda el fetichismo turístico?), y llora de grotesco modo bajo cadavéricas figuras cercadas de pálidos cirios. ¿Se distinguen estas escenas de los grabados medievales? Yo diría que no. Se saca el lado más tosco, rancio, conservador, tenebroso, e incluso fascista (pero muy light) en este tipo de actos, en el que se deja claro que este es un país, que aunque haya superado todos los acontecimientos que llevamos estudiando desde la adolescencia, siempre se va a dejar llevar por voces ilusorias y tétricas que han subyugado, diezmado y arrastrado a decenas de miles de mentes (colectivos con especial saña) durante varios siglos (y los que queden). Aquí la religión siempre ha tenido un toque muy español, es decir, preocupado en lo ajeno, es decir, cotilla. Siempre inmiscuida en lo que debemos pensar (y en verdad, debería quedarse reservada a un espacio íntimo de nuestro cerebro), en el modo que tiene que guiar nuestra política y educación (y es en lo segundo dónde más me duele que siga ocurriendo). Simplemente, una vergüenza. Bajando el nivel de hemoglobina en mis palabras, quitaré hierro afirmando que sí posee su vena bondadosa, reflejada en ayudas a los más necesitados (algo bueno, menos mal). Aun así, hoy día el misterio de organizaciones como el Opus Dei (realmente gore) es igual de cercano al de la Santísima Trinidad, siempre las envolverá, y nunca sabremos, pobres mortales, cuál es su poder real frente a los que creen (y los que no) en la palabra de Dios, y esto ya sea aquí en España o en otros países, pues en todas partes cuecen habas. En un país en el que un misionero infectado con una enfermedad sin cura recibe más atención (a mi parecer, algo paranoide lo admito, por ser miembro de la Iglesia) que una pareja de montañeros perdidos (pero también españoles, (y quién sabe, puede que creyentes también), dice mucho de la sociedad en la que vivimos. Por esa razón, yo te saludo España, porque veo que el tiempo no ha pasado demasiado por ti, menos por las cabezas de tus gentes.

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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3 comentarios

  1. Un artículo realmente certero. Por cierto, me podrías contar dónde encontraste esa peli de Godard? Porque soy incapaz de descargármela por ningún lado…

    • Muchas gracias, me alegra saber que te ha gustado. La película la descargué hace tiempo, pero a saber si el enlace sigue existiendo. Un saludo.

  2. Sólo un apunte, España nunca se ideó como un estado laico en 1978. España se ideó como un país aconfesional. Tristemente no llega ni a ser eso.
    Saludos.

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