Madrí, Madriz, Madrid.

Sedentaria en sus costumbres y nómada en sus colores. Pisoteada y escupida por su invitación al paseo, sucia de vino fuerte y limpio su techo cuando aparece el sol tras la lluvia.

Fantoche en boca del resto, engreída, en secreto, al corazón nuestro.

De apariencia aperturista pero mente cerrada, conservadora de camisa abierta, pelo en pecho y palillo en eterno movimiento en la boca. Lo que ella se cree es un esperpento visto a los espejos del Callejón del Gato. Que años atrás éramos cuatro (gatos). Menos mal que al final te haces aunque no nazcas y con 7 vidas para intentarlo.

Y nace, otra vez, en la noche y en sus luces, de bohemia. Escondidos los gatos en bares, ya no son lo callejeros que eran antes. Ahora sin cerveza ni protesta, pero con mercados, graffitis y algunos músicos que en su día si pasaron una prueba.

En los bares huele a Brumel o a ajo que diría Victoria (Becks), suena a envite, sabe a oliva, brava, callos, paella con suerte y a vermú.

Porque decía el Sabio de Hortaleza que teníamos el culo pelao y tal pero más tenemos los codos por las barras y su compañera cerveza, a ser posible, Mahou.

Que aquí no se libra nadie, ya Góngora satirizó las aficiones taberniles de dos compañeros madrileños y poetas de profesión:

“Hacen hoy amistad nueva,

Mas por Baco que por Febo,

Don Francisco de Que bebo

Y Felipe Lope de Beba”

Y ahí, en el bar, se oyen chasquidos en bocas que parece que dicen “Eh, aquí estoy yo”, chulapo que observa el tedio de su entorno y habla de lo que oyó, después de otro chasquido, en la barra del bar anterior.

Antes, compró unas flores en Tirso de Molina, mojó el churro en Montera y no en San ginés, pasó por el congreso en silencio, bebió agua de un grifo cualquiera, explicó que cuanto más sucia esté la freidora más rico está el bocata, de calamares (claro), “la” dijo que su castellano era perfecto, habló de la única vez que estuvo en El Prado, con el colegio, y midió todas las distancias en diez minutos.

“Gato no naces, gato te haces” decía Nike mientras que el Manuel de Pío Baroja sigue en “La Busca”, ahora se llama Tariq o Mohamed y lo llaman Mayrit.

“De Madrid al cielo” y si buscas las estrellas, hay: siete, en nuestra bandera. Lo mismo se olvidan de salir.

“Espejo de lo que somos” le dijo TeleMadrid a su reina, copia barata al calambur de Quevedo y su “entre una flor y una rosa, su majestad escoja.” Se ve que Doña Isabel de Borbón no andaba con la misma rectitud que su reinado y que Esperanza tampoco enderezaba el volante, allá por el número 44 de la Gran Vía.

Porque ¡Vaya vaya! Nunca llegaron barcos aquí donde se cruzan los caminos pero si pían gaviotas desde el 91. Anidaron sobre el Manzanares y ocultaron los huevos en la M30.

Al menos dejaron el Calderón presidiendo, el río con agua y un paseo a pagar en cómodos plazos. A ver si le dan trabajo a los que cogen ticket en el INEM y nos quitamos, aunque sea, los intereses.

Pero no nos vayamos a poner tristes. Mañana es 15 de mayo, podemos celebrar el aniversario del movimiento que dio la vuelta al mundo y que empezó aquí, si, en la capital del reino. Aunque, y pensándolo mejor, vayamos todos a la pradera, que para un día que nos dejan reunirnos y beber en la calle, no le vamos a poner la mordaza a San Isidro. El pobre estará harto de que por protestar, esté loca de la Cabeza su Santa María.

Mañana toca chotis para bajar el cocido con la parpusa puesta, las vistas al Madrid que pintó, desde ese mismo lugar, Goya, y diversión, mucha diversión, porque: Madrid is fun.

A ver si encontramos todos sitio en el parque y sino, como dijo Tierno Galván, “el que no esté colocao que se coloque y al loro” que lo mismo entre Botella y botella conseguimos perder la Esperanza. Al final llevaba razón Joaquín Sabina cuando decía: donde regresa siempre el fugitivo, Pongamos que hablo de Madrid.

Pero, aún rodeados de fugitivos que no se van y en toda esa superficialidad de pluralismo, olvidando la fuga de cerebros y no haciendo caso a la nostalgia de capital de imperio y dictadura, Madrid apura caladas de una chulería castiza que se asocia en nuevos espacios de encuentro.

Madrid crece en su nueva generación de forma poco usual. Cansados del “embotellamiento” de las instituciones madrileñas y su apuesta por Eurovegas y las olimpiadas mientras cancelaban la 30ª edición del Festival de Jazz, los jóvenes están buscando nuevas formas de conexión ciudadana para proyectar la ciudad a la espalda de un ayuntamiento con miles de millones de deuda.

Marcela San Martín, responsable de la sala El Sol decía para El País hace un par de años:

“Allí en los ochenta corría el champán. Era el lugar en el que se podía presentar un libro de Umbral, un disco de Nacha Pop o acoger una fiesta de Almodóvar. Ahora este tipo de salas sufren una persecución del Ayuntamiento. No tienen voluntad de ayudar, ni de crear un espíritu cultural. Los promotores de conciertos grandes ya no vienen a Madrid. Grupos que tocan en Lisboa y en Barcelona y no aquí. La subida del IVA y la recaudación de la SGAE hace muy difícil la música en directo. Madrid está muy triste. La comparación con Barcelona es recurrente: Estuve en las fiestas de la Mercè. Las plazas estaban llenas de gente escuchando música en directo y gratis. Había muchísimos europeos. Aquí eso ya no pasa”

Ahora, asociaciones trabajan por formar una narrativa ciudadana que se proyecte a falta de una estructura de ciudad por parte de la clase gobernante. Un claro ejemplo, proyecto nacido en el Matadero (dependiente del ayuntamiento), es el Vivero de Iniciativas Ciudadanas, cuyo objetivo es recoger propuestas y trabajar sobre ellas de una forma colaborativa con la intención de construir ciudad. Pero no podemos olvidarnos del 15M y todas las formas de asociación que a raíz de él, independientemente de estar de acuerdo o no con ellas, han ido surgiendo.

La Movida ya pasó y el madrileño ya no sólo se ve en los bares. Obcecados por sacarnos de la reunión en las calles, de destrozar nuestra noche (famosa por sí misma), de ponernos difícil el emprendimiento mientras salvan bancos que dicen ayudar a la gente y en su trabajado intento de privatizar algunos de los servicios sociales más importantes (véase:sanidad), el ayuntamiento ha conseguido todo el efecto contrario, Madrid está creciendo como un día creció Berlín: en su gente.

El movimiento subversivo de la capital es referencia europea de urbanismo ciudadano y economía colaborativa, siendo esta última, motor esencial para el acercamiento entre el Madrid de los excesos suizos, las camisas abiertas y el chulo que castiga, con ese de los gatos callejeros.

Dejemos los halagos para otro post y no nos desviemos de tema, que llega el puente. Mañana nos vemos en la pradera y el fin de semana siguiente volvemos a vernos en los bares.

Madrid, qué bonito nombre tienes.

Acerca de Luis Aguilar

Gato al sur del Manzanares, hormiga del globo y okupa del Cyberespacio. Su pasión por la comunicación le llevó a licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas y, aunque es más de esto último, adora el creativo resultado al juguetear con las palabras. Convive con el estrés a la espera de un traficante de tiempo y, mientras tanto, le roba a la vida más de lo que le puede dar. Cuando descansa, coge aire en las comas y a veces, consigue pararse en los puntos.
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.