Miedo a la incertidumbre

Caprichosa naturaleza. Unos días de sol asfixiante y sin quererlo un granizo atronador que asustaría al más valiente. Estamos sin duda a su merced. La humanidad lleva muchos siglos queriendo ser todo poderoso en el planeta, omnipresente. Creamos presas y canales para controlar ríos, que al final se desbordan. Creamos construcciones que modifican el paisaje, y que al final son derruidas. Nos da miedo aquello que no podemos controlar, la incertidumbre aterra al hombre, lo que se escapa de nuestras manos. El egocentrismo humano esta condenándonos probablemente a la extinción. Estamos desafiando quien nos dio vida, la que nos proporciona los recursos para que ésta sea posible.

No estamos aprovechando la oportunidad que nos dio el universo, esa ínfima posibilidad que nos dio para existir. Somos muy desagradecidos y parece que no aprendemos. Parece que las catástrofes que vemos por la tele le pasan siempre a otros, pero nadie es portador de la verdad absoluta y menos un humano. Estamos abandonados a nuestra suerte y aun así nos seguimos creyendo que podemos manejarla a nuestro antojo. El cambio climático es un aviso, un mensaje de la Tierra. Nos advierte de que llevamos mucho tiempo abusando de su bondad, tomándola por ingenua, sin darnos cuenta que está observando todo. La estamos hiriendo pero ella queda inmóvil, parece impenetrable, tan solo nos castiga de vez en cuando, cada vez más a menudo eso sí. Es como los golpes de un hijo a su madre, que nunca va a ser cruel con su creación, más si se tensa la cuerda, se colma el vaso, a ese hijo se le echara de casa, de su hogar. Y esto va a llegar como no cambiemos el rumbo, como no cambiemos sobre todo nuestra mentalidad.

Hemos perdido el respeto a la naturaleza al estar sumisos en nuestras propias creaciones. Vivimos rodeados de edificios grises, calles asfaltadas, anuncios publicitarios y gases contaminantes. Hemos perdido conciencia de lo que nos rodea. A mucha gente lo salvaje le da miedo. A la gente de ciudad, aquella que vive por y para su comodidad. Este rechazo hacia la natura, incluso la fauna, muestra el poco respeto que se la tiene. Vemos que tribus o comunidades como la budista que viven en constante contacto con ella son mucho más conscientes de su importancia. Saben que el único dueño de sus destinos son las leyes universales, somos probabilidades. Formamos parte de una ecuación y sus variables no las decidimos nosotros. Eso sí, nos empeñamos en querer solucionarla, o más bien redactarla.

La incertidumbre es parte fundamental de nuestra vida, de hecho es lo que nos impulsa a vivir, a hacer cosas diferentes, a arriesgarnos. No creo en la buena o la mala suerte, creo en la incertidumbre, la aleatoriedad de nuestra existencia. Parece que cuando nos ocurre algo bueno es gracias a nosotros, a nuestros méritos, mientras que, en caso contrario, conjuramos en contra de todo lo que nos rodea en vez de tomar responsabilidades. Somos contradictorios. No aceptamos que nuestra vida no está totalmente bajo nuestro control.

Aceptemos nuestro papel en el mundo y tendremos posibilidades de seguir existiendo. No hay objeto que gire en torno nosotros, somos diminutas partículas comparadas con el inmenso océano en el que vivimos. Las leyes gravitacionales prácticamente nos ignoran, y seguimos con nuestro pensamiento “humano centrista”. Cuándo se pensaba que todo giraba en torno a la Tierra, en realidad se pensaba eso por la mera prepotencia que nos caracteriza. Queríamos creer que todo giraba en torno a nosotros.

Cuando se descubrió el heliocentrismo, debió ser una cura de humildad para nuestra especie.

Veneramos las grandes creaciones humanas, desde los más pequeños descubrimientos hasta las grandes proezas arquitectónicas, pero en cambio no damos importancia al hecho de que todo esto es tan solo gracias a la Naturaleza. No es de extrañar que existan Dioses. Cada acción natural se justificaba, otra vez por el rechazo a darle poder a la Natura. Valiente imaginación humana.

Siempre escudándonos en hipótesis que derivan en afirmaciones. Siempre por miedo, por miedo a lo inexplicable, a lo incomprensible, a lo que nos rebasa. Solo la verdad nos hace libres pero, ¿quién dice que vayamos a conocer nunca la verdad?

Acerca de Diego Sanz

Amante del poder de la palabra y consciente de todas sus posibilidades. Madrileño de origen y trotamundos como fin. Disfruta con el arte en todas sus concepciones e intenta practicarlo para inspirar mentes. Políglota graduado en Empresariales, a bordo de un barco a la deriva en busca de buen puerto. Entre rimas y libros, escribir afina sus sentidos, forja sus ideales y desentierra la verdad que le hace libre, o eso pretende.
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Un comentario

  1. We see that tribes or communities, such as a Buddhist who live in constant contact with him, are much more aware of its importance.

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