Goliat sólo pierde en los cuentos

Y justo cuando ha desaparecido de las portadas de los grandes medios, voy a contar dos cuentos para hablar del final de una guerra que ya tiene ganador.

Un cuento bonito, uno como en el que Moisés ayudaba a su pueblo a escapar de la esclavitud egipcia. El profeta judío, que no se encontraba en ninguna comunidad económica, tiró de un pueblo harto de la esclavitud impuesta por los reyes del sol y tras una especie de referéndum de la época, resultado del hastío hebreo, lograron escapar de la austeridad egipcia y de su sistema de maltrato de esclavos en pos de su reproducción como comunidad rica.

En otra historia bíblica, también de superación hebrea, David, un joven pastor que luego fue rey de Israel, derrotaba a Goliat aun siendo un niño mientras que éste último era un gigante. Tras la victoria del pequeño David sobre el gigante Goliat, el pastor dijo que la victoria se lograba sin tener miedo a nadie, sabiendo que se tiene razón y sabiendo hacer buen uso de las armas que se tienen.

Pero al bueno de Tsipras le han faltado varias plagas divinas (o populares) para atreverse con los faraónicos poderes del Eurogrupo. O quizás no ha sabido utilizar sus armas. A lo mejor es que no llevaba toda la razón. O simplemente es que Goliat sólo pierde en los cuentos.

El caso es que Tsipras no ha conseguido cruzar el mar rojo porque, simbólicamente, sobre éste se asientan unas bases democráticas y comunitarias que se tambalean y resquebrajan.

Él y su ministro Varufakis llegaron como unos profetas. Y así nos lo creímos todos. Dicho y hecho. Fue llegar al poder y empezar a plantar cara al imponente e inamovible sistema neoliberal que comanda Europa. Aquí no se paga, hay un pueblo que pasa hambre y, eso, no se negocia.

¿A qué precio hay que pagar?

El esperanzador discurrir de los acontecimientos  ilusionaron a personas de los PIGS (Portugal, Spain, Greece y Italy), por su forma de hacer tambalear a los decisores de las formas de esclavitud modernas y por la creencia en la posibilidad de hacer las cosas de otra manera a este capitalismo financiero e inhumano. Pero sobre todo por el atrevimiento del gobierno griego de poner no sólo sus ideales ante la Unión Europea sino todo un voto popular, urnas y urnas llenas de decisiones, en contra o en favor de imposiciones que gobiernan Europa desde una élite que, aquí, en el sur, desconocemos. Parecía democracia, de la de verdad, esa cuya etimología es precisamente griega: demos es pueblo y krátos gobierno. Tsipras se convirtió en la imagen de todos aquellos que querían una Europa gobernada por lo europeos o, qué más da Europa, una Grecia gobernada por sus habitantes sin la carga de una deuda hasta la muerte de varias generaciones.

Pero Tsipras se defecó y sucumbió a una Troika que resurgía de unas supuestas cenizas. Y nadie sabe cómo el enigma, que quedará sin resolver, ha dado lugar a que el primer ministro griego acepte unas condiciones peores de las que tenía, imagino una escena de película con el pobre Tsipras encerrado en una salita mientras Angela y otros le torturan y amenazan con matar a su familia o al pueblo que vio nacer la democracia.

Seguramente lo que se esconde detrás de todo esto no es algo económico sino el miedo de la victoria del pueblo y los gobiernos socialistas. En palabras de Dominique Strauss-Kahn, antiguo gerente del FMI, “esto es una victoria ideológica sobre un gobierno de extrema izquierda a costa de una fragmentación de la Unión. Se trata de eso.” Es probable que el castigo para el pueblo haya sido superior precisamente por intentar autodeterminarse como pueblo a través del referéndum.

Pero, entonces, qué ha hecho Tsipras sino aumentar la humillación de un país y demostrar, una vez más, la falacia que es la política en general y el sistema en el que vivimos en especial. Por qué acercó el caramelo para luego quitarlo. Como dijo David al final de su cuento con Goliat, Tsipras llevaba razón, la deuda es insostenible y esta teoría está apoyada por premios Nobel de economía. Tsipras tuvo valor para enfrentarse, aunque no conozcamos las salitas ocultas del parlamento de Bruselas. Y como arma tenía a un pueblo que le respaldaba. Grecia ha perdido una guerra en la  que nadie había tenido el valor de luchar pero su derrota es la de muchos y la imagen de la imposibilidad de crear realmente una comunidad basada en la integración, la solidaridad y la sostenibilidad.

La victoria de Goliat y el resultado final es un país vendido y endeudado para el resto de su historia y la sonrisa póstuma de aquél loco bajito y con bigote que quería y casi consigue, precisamente, gobernar Europa.

Acerca de Luis Aguilar

Gato al sur del Manzanares, hormiga del globo y okupa del Cyberespacio. Su pasión por la comunicación le llevó a licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas y, aunque es más de esto último, adora el creativo resultado al juguetear con las palabras. Convive con el estrés a la espera de un traficante de tiempo y, mientras tanto, le roba a la vida más de lo que le puede dar. Cuando descansa, coge aire en las comas y a veces, consigue pararse en los puntos.
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