Cataluña se mueve ¿Hacia dónde?

Hacía tiempo que tenía pensado escribir algo al respecto  de los turbulentos tiempos en esta tierra donde vivo,  Cataluña , pero como todo había ido tan acelerado y los actores se habían movido tanto, no había tenido un momento de relax para comentarlo.

Ansiaba más democracia uno de los comentaristas de ésta página, cuando alentaba a Don Artur Mas a que no cejara de “luchar, no solo por el independentismo, sino por la democracia”. La pregunta que se hacía un oriundo de aquí era: vale, pero ¿qué tipo de democracia? ¿La liberal que encarna su partido y adláteres? ¿Democracia popular? ¿Democracia republicana? ¿Democracia defensiva? ¿Democracia orgánica?

Este supuesto nuevo orden que Don Artur Mas intenta explicar y llevar a cabo desde hace unos meses, con su partido JuntsPelSí  (en el que también está Esquerra Republicana de Catalunya en una extrañísima liaison amorosa) tiene, para más inri, como número uno a un hercúleo execosocialista llamado Raül Romeva. ¿Y qué hace ahí un execosocialista en una formación supuestamente tan heterogénea, liderada realmente por un partido de la burguesía catalana de toda la vida? La pregunta tiene bemoles!  Bueno, no nos escandalicemos, caídas del caballo las ha habido siempre. Probablemente una luz cegadora al estilo de lo que le ocurrió a Saulo (San Pablo para los cristianos) camino a Damasco,  le derribó del caballo emancipador y, tras escuchar al Dios Catalán recriminarle su actitud, decidió que lo mejor era emanciparse no sólo de su antigua ideología sino también del  territorio tenebroso llamado  España.

A todo ello habría que añadir, que existe un partido independentista y asambleario, llamado CUP, que para más señas,  es revolucionario y anticapitalista. Lo lidera  un hijo de un emigrante zamorano, y que, visto el panorama, lo  podríamos considerar como el “enfant terrible”  del independentismo catalán hegemónico. Van por separado de JuntsPelSí claro, sólo faltaría que se mezclaran las gentes nobles, con la gente humilde y revolucionaria que representan.

Diada del 11 de Septiembre reloaded. Esteladas, muchas esteladas. Autobuses, muchos autobuses. Notable  afluencia familiar de muchos catalanes de los pueblos rezagados del stress de la ciudad. Ambiente festivo y reivindicativo; y lo más importante de todo: mucha ilusión. Realmente bonito y bien organizado, todo hay que decirlo, por dos entidades llamadas ANC y Ómnium Cultural, que para eso se les subvenciona. Proclamas afrancesadas y revolucionarias que muchos ya pensábamos que estaban resueltas. En definitiva, una fiesta nacional emancipadora en la que se reclamaba saltarse toda ley española y saborear la libertad, a lo “Qué noche la de aquel día” de los Beatles, versión rumba catalana.

No entraré en hacer un análisis profundo del uso propagandístico de los medios públicos catalanes, no solo en la cobertura de la Diada, sino también en el casi constante monopolio, desde hace demasiado tiempo, que hacen los tertulianos de sus palabras hacia una dirección determinada:  la independencia de Catalunya. Basta ver la imparcialidad de la entrevista que le hizo la BBC a  Raül Romeva, para notar la diferencia y ver fácilmente las contradicciones de todo este proceso.

Pero…. ¿De que estamos hablando? ¿De legitimidad? ¿De legalidad? ¿De ambas? Esto daría cuerda para hablar “ad infinitum” sobre filosofía del derecho. No es necesario. Aun así,  el independentismo y el nacionalismo son legítimos. Son sentimientos  irracionales, sentimentales, pero al fin y al cabo,  legítimos. ¿Es legal lo que se pretende? Ahí está el problema. No solo no es legal en el marco actual,  sino que existe un bloque dentro y fuera de Cataluña, exceptuando a Podemos y su filial en Cataluña (CataluñaSiEsPot), compacto y contrario a ello. La lista es larga.

En esta pugna entre lo racional y lo irracional, se pregunta mayéuticamente uno: ¿es posible poder romper el Orden Constitucional Español a las bravas y sin apoyo internacional? ¿Es un plebiscito,  unas elecciones autonómicas o un simulacro de referéndum? ¿ Ésta ruptura la va a llevar a cabo el mismo núcleo de poder que ahora mismo gobierna Cataluña y que tiene 15 sedes embargadas por corrupción? ¿Lo llevaría  a cabo el mismo líder agazapado en el número 4 de dicha lista? ¿Las cifras que se dan y se explican son ciertas? ¿Es realmente esto una revolución?  Son preguntas al aire que muchos independentistas de dentro y de fuera de Catalunya deberían responderse. No es nada fácil.

Eso sí, lo que se ha  podido observar y llama mucho la atención, es esa adhesión inquebrantable  y ese convencimiento hacia  la figura de Don Artur Mas por una amplia parte de la sociedad catalana que, tras un ejercicio de márquetin fabuloso, han llegado a convertirlo en  el nuevo mesías de la patria catalana  al estilo  Eamon de Valera, Von Bismarck o George Washington. Cosas de la mercadotecnia de un, escondido, líder mercadotécnico.

Los que solemos mirar con recelo  los nacionalismos europeos por su dudosa ética y política respecto a otros del orbe (en este caso el catalán vs español), nos hace recordar a Schopenhauer cuando hablaba de que “el tipo de orgullo más barato, es el orgullo nacional. Quien está poseído por él, revela con ello que carece de características individuales de las que pudiera estar orgulloso, pues de lo contrario no echaría mano de algo que comparte con millones de personas”.

Probablemente ni el uno es tan bueno ni el otro es tan malo. Quizá, prescindibles.

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