Máscara

paranoias 3copia

Yo la miro y ella me mira. Escruta la máscara que me viste con su cara de tótem inexpreso. Suena un desgarbado garabato en el espacio-tiempo y las voces no se oyen, así que parecemos dos besugos masticando la tiniebla, moviendo la boca para no decir nada. Nuestros rostros se alargan, se endurecen; son dos troncos de abedul. Nuestros ojos se disparan hacia el alba y lo atraviesan, y brotan de la herida los colores. Rojos, azules, amarillos que se confunden y se desean. Pero yo estoy borracho y daltónico, no logro atraparlos por más que agite mis dedos evanescentes. Estas cosas son así: A veces uno se mira dentro con tanto afán introspectivo que se quema los ojos (tal vez fuera entonces cuando me incrusté en lo eterno). Ciego estuve siempre, por eso no recuerdo los sudores que lamí, ni la luz de las farolas, ni los bares llenos con el humo del tabaco. Por eso no la recuerdo, y aunque ella me mirara y yo la mirase, aunque me hubiese mordido los huesos y fuera su sol como una lluvia de benceno; os juro por lo que me queda de inexistencia que no la veré jamás.

 

Dibujo y texto: Adán Cuesta

Acerca de Adán Cuesta

Manchego y caballero andante por los humeantes páramos del Imperio en busca de vida inteligente. Huyendo. Exprimo a las palabras mientras afuera crecen las ruinas, intentando que enuncien el rostro de nuestra decadencia, intentando que enuncien una verdad que no se puede conocer de otro modo. Libertario y Antiautoritario. Porque aquel que no es capaz de oir la música siempre piensa que los que bailan están locos
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