El (no) fin de la historia

 

Andaba Don Francis Fukuyama (Chicago, 1952) profetizando, allá por los años 90, que todas las ideologías habían muerto y que renacía, cual Ave Fénix, un nuevo mundo lleno de ilusiones y de paz perpetua de un extremo a otro de los hemisferios.

Si bien su libro, “El Fin de la Historia y el último hombre” (1992) era un compendio de vaguedades con un uso de Hegel a su antojo, es también verdad que tuvo mucha difusión (financiado jugosamente, todo sea dicho) en todo el mundo entre supuestos intelectuales, colegios, universidades etc… Claro, se había hundido la URSS y el muro de Berlín acababa de ser derrumbado: el camino estaba libre al capitalismo rampante.

De ahí que la ideología Neocon (y por extensión el Neoliberalismo) hayan dominado durante casi 2 décadas no sólo la política norteamericana, sino también la Europea. Digamos que todo se fundamentaba en la privatización, privatización, privatización; desregulación, desregulación, desregulación; en la economía de libre mercado, mercado, mercado y el fin de todo posibilismo de cualquier tipo, sin contrapeso alguno que pudiera desestabilizar esa tan bien trabajada ideología. Oye, lo lograron. Fundamentalismo mercantilista y ya saldrá el sol por Antequera o por Port Moresby.

En el magnífico documental “Catastroika: El Colapso Económico Planificado” ( https://www.youtube.com/watch?v=TSs8RVhZDuQ ) se explica muy bien ese proceso de privatización y de venta de todo lo vendible a precio de saldo, todo a costa del ya maltrecho pueblo ruso. La Democracia? Cosa de griegos…

Pero mira por donde, no en todos los lugares triunfó el Neoliberalismo como ideología dogmática. Falta que mucha gente lo padezca, para alzarse contra ella porque claro, para que triunfe, o se necesita una democracia liberal light o una dictadura (los chilenos y argentinos se acuerdan bien).

Todos estos alzamientos de los pueblos en todo el mundo, el continuismo de las guerras y la pobreza general, denotan que lo que profetizaba Don Francis Fukuyama no era tal: no Francis, no, el fin de la Historia no ha terminado, está ahí, vivita y coleando.

Hace tiempo que él mismo entonó su mea culpa después de dejarlo todo embarrado y empantanado, aunque falta saber si le ocurrirá lo mismo que le ocurrió a Oppenheimer cuando descubrió la bomba atómica. Qui scit? Lo más paradójico es que al final de su compendio ideológico, acaba reconociendo sin querer, que el sistema acabaría en lo que Karl Marx ya soñó : una sociedad sin clases.

Lo que si es cierto, es que, tras varias hecatombes políticas, económicas, financieras, morales, ecológicas, sociales y, hasta me atrevería a decir culturales, está costando entender el cómo, el porqué, el cuándo y el dónde. Eso sí, no faltan los vendedores de galeones hundidos que siguen con el mantra neoliberal allá donde se les pague (y muy bien, por cierto) pese a que ese dogma fundamentalista empieza a dar síntomas de estar en fase Rem. Me viene a la mente uno de ellos, que suele ir con americanas de colores y que algunos lo habréis visto por muchas teles, de hecho, es el economista de cabecera de TV3, la cadena pública catalana. Con verbo fácil, teatral a la par que infantil y con una didáctica de fácil comprensión, intenta enseñar las verdades del barquero de la economía y la pasmosa facilidad con la que uno puede montarse en el dólar y vivir de ello, con éxito incluido.

Porque… qué impide que con un poco de ingenio, un garaje destartalado, un mecenas (si lo hubiera o hubiese) y un mundo por delante no pueda acabar uno como Steve Jobs, Mark Zuckerberg u Amancio Ortega? Vagos que sois todos unos vagos! No se puede socavar la libertad individual aunque se generen desigualdades!

Muy anglosajón el concepto. Igual que aquel axioma calvinista de hacer culpabilizar al ser humano de no enriquecerse pese a tener todo tipo de oportunidades para ello.

A fin de cuentas, y visto lo visto… Qué hacer? Bueno, los hay que entendemos que para ello se necesita algún tipo de intervención estatal, porque estamos llegando a unas cotas que como bien decía Rousseau “Entre el débil y el fuerte, la libertad oprime”, aunque luego tenía la frase salvadora: “Sólo la ley libera!”.

Estaros atentos.

 

 

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