Villanovense: De un pueblo alegre

Villanueva de la Serena se vistió de gozo y de fiesta y a muchos nos dio alegría ver a la gente de un pueblo tan bello y acogedor recibiendo al F.C. Barcelona con ese gallardo Villanovense que, sin reparar en gastos ni cuidados, maquilló y compuso al modesto Romero Cuerda con sus mejores galas para hacerle frente a un gigante en la mayor gesta deportiva vista en Villanueva hasta hoy. Y es que de hoy los niños serones recordarán a sus nietos esta pequeña proeza dentro de muchos años. El comportamiento exquisito de la afición, a un paso del asalto de haberlo querido, fue señalado en casa y en el periodismo más extranjero. Conozco a esa gente como forastero y difícilmente encontrare yo otra tan generosa, alegre y amable. Con Barça y sin él. Es una actitud vital de ellos. Les pertenece.

Difícil sin embargo es leer a un periodista tan bruto, tan contraurbano, como es este zampatorrijas de Salvador Sostres con sus comentarios hirientes ante la algarabía y el júbilo ajenos. La única culpa esgrimida contra los villanovenses, al desjuicio de este limpiababas, la desmesurada alegría de una afición humilde. Hay que ser muy infeliz, un miserable de primera división, para meter tanta saña en tan poco espacio y con tanta ira despistada hacia lo pueblo todo. El pueblo es la cultura. Cicerón usó la idea de cultura como metáfora, pero la cultura empieza en el pueblo y para muchos bien podría habérsenos quedado ahí. Pero no es una querella entre lo urbano y lo rural lo que produce estas bestias: Salvador ha llegado a la ciudad pero la ciudad no ha llegado a él, tanto menos la urbanidad. Más desagradable que “sentar a la mesa a un pobre”, como llora Sostres como un mal nacido cualquiera, será comprobar que la pobreza humana de este manchafolios no sea vista alguna vez con algo más de nobleza. Pobre el periodismo que hay que sufrirle a algunos. Y catetamente avinagrado, para mayor molestia. La afición del Villanovense, un ejemplo de elegancia y saber estar. Ea.

Que se le seque su pluma si no muda tan mala e injusta sombra, Salvador.

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
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