A propósito de la renta básica

La prensa española se hizo eco de una noticia publicada en el mes de Agosto por la BBC, en la cual se describe una idea que está tomando forma en estos momentos en Finlandia, pero que ya se anunció en la ciudad holandesa de Utrecht allá por el mes de Junio. Se trata de la Renta Básica, concepto que podría definirse como el derecho de toda persona habitante de un país a recibir de parte del Estado una cantidad de dinero periódica y establecida previamente que permita a dicho ciudadano cubrir sus necesidades vitales sin tener que dar ningún tipo de contraprestación a cambio.
En España ya se ha oído hablar de ello en varias ocasiones, especialmente desde las manifestaciones que encumbraron temporalmente al Movimiento 15M, pero jamás ha tenido una repercusión medianamente importante desde que tengo uso de razón. Normalmente, la gente que entiende un poco de economía y algo más de palabrería, ha apaciguado el optimismo que se esconde detrás de este “derecho”, pero con el ejemplo de Finlandia encima de la mesa, probablemente crezca el número de argumentos a favor del mismo, y como mínimo, creo que volverá a generar algo de ruido en este país.
Al norte de Europa, el gobierno de centro-derecha finés se encuentra actualmente ultimando los detalles con respecto a éste ámbito, que serán publicados a finales de 2016. Este derecho permitirá a cada ciudadano de esta nacionalidad cobrar ochocientos euros al mes independientemente de su situación laboral (aunque en la fase experimental se empezaría con quinientos cincuenta euros por ciudadano), y oficialmente cuenta con el apoyo de cuatro de cada cinco ciudadanos, un ochenta por ciento de la población. En Finlandia hay una población aproximada de cinco millones y medio de habitantes, que a ochocientos euros por persona supondría un gasto alrededor de cuatro mil cuatrocientos millones de euros mensuales. Sobre el PIB, supondría un gasto de en torno a un 25%. La clave para resolver la ecuación está todavía por saber, y esta incógnita no es otra que la reducción en el gasto público que se obtendrá mediante la Renta Básica, ya que pasaría a ser la única prestación a nivel de renta. Una vez conocida dicha incógnita, será más sencillo observar el efecto que la Renta Básica ha tenido en las cuentas del Gobierno finés. Para quienes deseen compararlo con España, a continuación se pueden observar unas tablas orientativas con datos abruptamente seleccionados y que tan sólo pretenden, como ya he comentado, ilustrar sesgadamente la realidad para el lector (sólo en la versión original).

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Al no ser esto ni un blog de economía (en la cual no soy ningún experto), y como además tampoco poseo conocimiento suficiente, estereotipos a un lado, como para comparar en términos sociales la población finesa con la española, me limitaré a dejar abierto un debate acerca del ser humano en general y su relación con respecto a la Renta Básica en particular.

Para comenzar, creo que es conveniente comentar que para describir la argumentación crítica en contra de la Renta Básica, ignoraré los aspectos económicos. Se podría ahondar profundamente en este tema, pero repito: esto no es un blog económico, así que simplificaré hasta tal punto que emplearé la respuesta más común que he escuchado en esos centros del saber característicos de España y que conocemos comúnmente como “bares”. Reduciré hasta el absurdo, como el que dice, y finalizaré apresuradamente este camino (que ya retomaré en otra ocasión), argumentando que “sin pasta, no hay Renta Básica”.

La cuestión principal de mi interés reside en uno de los argumentos de los que critican este derecho, y que no es otro más que la vagancia: que el ser humano tenderá a trabajar menos, o incluso a no trabajar, si de primeras ya obtiene un sustento para mantenerse. Mi posición frente a esto no es lo suficientemente férrea todavía como para decirla en voz alta, pero tengo claro, que aunque sea en términos de estereotipos, España no es Finlandia. Y no estoy llamando vago a nadie, solamente dejaré caer la palabra “pillo”, y que cada cual opine lo que le apetezca.

Dejando esta crítica de lado, y centrándome a continuación exclusivamente en España, creo que la Renta Básica requerirá de un esfuerzo tremendo para ser aceptada por la mayoría de la sociedad española, especialmente por la clase política y conservadora (no sólo político-conservadora, que también). Sin embargo opino también que con unos pasos que seguir en Europa tras los experimentos que en este campo están siendo realizados en Utrecht (además de otras ciudades holandesas comoTilburg o Nijmegen), y los detalles (a posteriori, obviamente) de lo que pase en el futuro en Finlandia, podrían cambiar esta percepción.

También podría pasarme la noche hablando del tema, pero el hambre apremia y las ganas de fumar también. Aun así, sería curioso relatar las experiencias previas que la instauración de este derecho ha tenido en otros lugares del mundo, que aunque no muchos, algún ejemplo existe (¿a alguien le suena Namibia?). También lo sería profundizar de manera técnica y desde un punto de vista económico en el campo de la Renta Básica para intentar predecir si sería o no sostenible para nuestro país, si provocaría una inflación tal que anularía el efecto que tendría en el poder adquisitivo de la ciudadanía, o incluso explicar a grandes rasgos como funcionaría un sistema de impuestos negativos sobre la renta y la compatibilidad y beneficio que éste podría suponer junto a la Renta Básica.

Aun así, dejando para el final lo que más me llamara la atención, me gustaría decir que mientras en España, esta medida sólo cabe dentro del imaginario social siendo propuesta por un partido de ideología “izquierdista” como Podemos, en Finlandia la está desarrollando un gobierno de “centro-derecha” formado por una coalición entre tres partidos, uno de centro, un conservador, y uno de la extrema derecha.

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