Prisa mata

melettea prisa

Una amiga me dijo y enseñó dos-palabras, que no son Te-quieros, que también, que te cambian la perspectiva, el enfoque, los días: prisa-mata.

Dogma de vida. Reminiscencias budistas. Negación de nuestra era. Antípodas de la urbe.

Y no es sentarse a esperar, es Vivir. Así, con mayúscula. Porque lo importante no es llegar, sino el camino en sí. Ya sabes dónde llegas, qué esperas encontrar, pero en el camino está la sorpresa. O no, que también puede ser la sorpresa.

¿Dónde te ves dentro de cinco años? Y yo qué sé y qué más da. Vamos llegando.

Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver. O, como resumió, por ir aún más rápido, el punk de los setenta: No future. Aquel “vive deprisa” y este “prisa mata” no son antagónicos, ni incompatibles. Lo triste no es vivir sino esperar la vida, lo triste no es morir sino esperar la muerte, que decían los Celtas. No tengas prisa en vivir, al final (ojo, spoiler): vas a morir. Pero no te limites a esperar llegar el destino, disfruta del paisaje.

El espíritu de un erasmus, en su burbuja de libertad, es lo que hace que en un año viva lo equivalente a tres años en tu vida rutinaria. Es tan sencillo, y tan complicado, como comer cuando tienes hambre, dormir cuando tienes sueño, y hacer lo que te pida el cuerpo. A una velocidad de un Carpe Diem por minuto.

Claro que el sistema no te lo pone fácil. Es jodido saber que los animales (los que escapan al hombre) son más libres que tú. Escápate a las Alpujarras. O tráete el Tíbet a tu casa, a tu mente y a tu vida.

Piensa que un día, con sus 24 horas, tiene 1440 minutos. ¡Mil cuatrocientos cuarenta! ¿Y te vas a estresar por llegar un coche antes a tu casa, un semáforo antes a la otra acera, un vagón antes al trabajo? Tómate tu tiempo en enamorarte al menos una vez cada mañana en el metro. Ya recuperarás esos minutos después. Si total, vas a perder muchísimos más mirando al dios-pantalla-luz de la tele o el móvil…

Esta noche perderás horas de sueño acabando lo que no te ha dado tiempo en el día. Y hablo de acabar un trabajo como de resolver un dilema mental. Desfacer entuertos, vamos. Y tu cerebro a esas horas estará tan saturado y apagado que a la mañana siguiente gastarías la mitad en hacer exactamente lo mismo. Organízate (y lucha, contra ti mismo y tu desorden). Deja para mañana lo que no puedas hacer hoy.

O vuélvete un licántropo, sal de noche. Vive de la luna. Cuenta estrellas. De noche muchos relojes no funcionan: los de sol.

Márcate un ritmo, corre solo porque quieres, pero no pares. Sin prisa pero sin pausa.

 

Allegro ma non troppo.

Ponerle comas a la vida, no vivir en una frase. Al final, siempre hay un punto

 

Fotografía: Santiago Gómez (@sgophoto)

Acerca de Pablo Abad

Madrileño que no chulapo. Creativo de nacimiento. Sembró licenciándose en Arquitectura y siguió cultivándose en otros campos del diseño, la fotografía, la escritura para… en el fondo, germinar poco a poco en la expresión propia de la visión personal de todo y nada. Hijo adoptivo del proyecto Melettea, se centra en el diseño y preciosismo visual de los conceptos con los que Lu&Lu hacen malabares.
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