La gente que no tiene Facebook no sale de casa

La gente que no tiene Facebook no sale de casa, no sale de fiesta, no va a buenos restaurantes ni tampoco viaja, no se viste con ropa elegante, no se hace tatuajes y tampoco tiene coche, no se va de boda y no hace deporte, no ha celebrado las navidades con su familia y ni siquiera celebra su cumpleaños (si es que cumplen años). Como es obvio, tampoco se enamoran, no viven locas aventuras de amor ni les rompen el corazón. Sabemos que viven, pero no hacen nada.

Hasta este punto hemos llegado, el “si no lo compartes no ha sucedido” triunfa, y triunfa mucho, tanto que se está convirtiendo en norma. Es como follar y no poder contarlo, que da la sensación de que no mola. Sin embargo, se está perdiendo el misterio, la intriga, el ¿qué es de ti, cuándo nos tomamos una cerveza y nos ponemos al día?, lo bonito que es el hablar cara a cara.

Y es que, el uso que le estamos dando a las redes sociales, que en un principio se crearon para poner a la gente en contacto, se está cargando precisamente el elemento más importante y primitivo para el que fueron concebidas, el social. Parece que se han convertido en un concurso para averiguar quién lo tiene mejor montado, quién sale más de fiesta o ama más a su pareja.

En este concurso uno no se muestra tal y como es, sino que se intenta proyectar una imagen de cómo le gustaría ser, una especie de “yo ideal” que suele ir acompañado de un buen puñado de filtros y unas posturas que desafían toda lógica y coherencia, siendo un completo misterio cuál ha sido la motivación que puede llevar a hacerse semejante foto (y cuántas se habrá hecho antes hasta llegar a ella). Además, para optar a ganar el concurso parece que hay que mostrarse siempre felices y contentos o, por el contrario, muy reflexivos (aquí si se acompaña de alguna frase profunda se ganan más puntos). Funciona de esta manera siempre y cuando no te rompan el corazón, que entonces hay que argumentar que te sientes decepcionado y después de ganarte unos cuantos “me gusta”, cosa que al parecer reconforta mucho, como que ya te sientes mejor.

Sin embargo, la realidad es que toda esa parafernalia, ese postureo llevado al extremo no es necesario. No me gusta pensarlo, pero a veces da la sensación de que las redes sociales se están llenando cada vez más (casi saturándose) de personas con una vida vacía, las cuales están realizando publicaciones constantemente para reafirmarse a sí mismos, ganar unos cuantos “me gusta” y así reforzar su autoestima, autoestima que, por lo que se puede deducir a priori,  no parece  que sea muy alta. Pero es todo mucho más sencillo, basta con aceptarse, ser natural, ser tú mismo, ser como te guste ser al fin y al cabo, pero teniendo en cuenta que a la gente que le importas, a tu gente (y no a la gente que te “conoce” a través de una pantalla), le gustas y te quiere tal y como eres, y no como en muchas ocasiones aparentas ser.

Para finalizar, señalar que lo escrito no pretende decirle a nadie lo que tiene que hacer, cada persona es libre de hacer lo que le salga de abajo, tenga lo que tenga. Simplemente  lo que quiero decir es que yo apuesto por una sociedad en la que haya menos “Me gusta” y más cervezas (tapa incluída) con los amigos.

Pd: cuando digo cervezas también se puede aceptar cafés, refrescos, zumos e incluso cubalibres.

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