Mucho ruido y pocos papeles

 

Queridos lectores: tengo miedo.

Seré uno de los próximos, lo sé. Cada vez paso más frío cuando alborea. Pocos son ya los que me llevan entre el bíceps y el costado. Me quedo ahí, amontonado con el resto, viendo la vida pasar. Echo de menos desayunar olor a café, pasar de mano en mano en los bares, peluquerías y medios de transporte. He conocido mucho, cada día con algo nuevo que contar… Ellos me cogían y acogían, me tocaban, acariciaban, arrugaban e incluso, a veces, guardaban una parte de mí como recuerdo.

No sé que ha pasado.

Hay rumores de que mi hogar será otro. Donde no corre el aire. Donde no sentiré los pelos de punta, la rabia, frustración y alegría de ellos. Algunos colegas de profesión me dicen que terminaremos detrás de una pantalla. No puedo creerlo, no me imagino ahí. Estoy celoso y rabioso, dicen que me leerán en diagonal y que solo una parte de mí, los titulares, como siempre, se llevarán todo el protagonismo.

Tengo miedo. A lo rápido. Siempre he sido de digestión lenta.

El branded content me tiene temblando, no le conozco, solo de oídas, dicen que me sentará bien, que será como llevar un nuevo cinturón. Pero yo no sé… soy de carácter muy fuerte, no me gusta que me digan de qué tengo que hablar y cómo. No sé que tal nos vamos a llevar.

No lo entiendo.

Dicen que es por mí, por mi existencia, pero yo pienso en ellos, no solo en mí, y no sé si será bueno este barco de una sola dirección que estamos cogiendo.

No tengo elección. Renovarse o morir, dicen.

He buscado, me he informado. Igual, esos que se hacen llamar hipsters, me pueden ayudar. Dicen que se alejan de las corrientes culturales predominantes y que son afines a estilos de vida alternativos. ¡Pues que alteren esto joder! Hace poco yo mismo informaba de que Steve Stepp, presidente de National Audio Company, confirmaba que en 2014 habían vendido 14 millones de cassettes y que estaban teniendo el mejor año desde su fundación en 1969. Seguro que estos hipsters han tenido algo que ver. Yo no quiero esperar a la nostalgia. Y en eso espero que me ayude la Pantera Rosa y su sistalgia.

Me ha dicho un vecino del kiosco que la culpa de todo es de los millennials, que lo quieren todo rápido y ya, y encima en vídeos de un minuto pero, ¿cómo voy a contarles yo cada noticia en un minuto? Es imposible. Por lo visto un tal Playground ya lo está haciendo e incluso en menos de un minuto, a la gente le encanta, dicen.  Tengo que preguntarle cómo lo hace y enterarme de si ellos se enteran de algo o creen que se enteran.

Los inmunes a la nostalgia del papel lo tienen claro pero yo sé que no les va a ser tan fácil y sino que os lo cuente la ropa con la que me vestí hace bien poquito; “el 26% de los usuarios utiliza adblock en España según un estudio realizado por el IAB”.

No me enrollo más. Si has llegado hasta aquí, gracias.

 

 

El 12 de Febrero El País publicaba: ‘The Independent’ dejará de publicarse en papel”. Menos de un mes después, el 3 de Marzo, era el director de El País, Antonio Caño, el que publicaba una carta abierta a la redacción donde, entre otras cosas, decía, “en los próximos días concluirá la primera fase de la obra que habilitará una nueva redacción, y con ello llegará el momento de la conversión de El País en un periódico esencialmente digital; en una gran plataforma generadora de contenidos que se distribuyen, entre otros soportes, en el mejor periódico impreso de España. Asumimos el compromiso de seguir publicando una edición impresa de El País de la mayor calidad durante todo el tiempo que sea posible”. En el 2011 el diario The Guardian informaba a sus lectores de su nueva estrategia bautizada como digital-first. En el 2012 el diario Público cerraba su edición impresa debido a una contracción en la publicidad, cambios en el sector de los medios impresos y dificultades de financiación. A finales del 2013 era el periódico La Gaceta el que echaba el cierre a su edición en papel con el titular de su última portada impresa, “Mantengan la calma, este rey no abdicará”.

 Desde mediados de los 90, con la popularización de Internet, ya sabíamos que esto acabaría pasando y seguro que uno de los kioscos más cercanos de tu casa ha echado el cierre o has tenido que terminar comprando el periódico en el Supercor. Ojalá los cambios vinieran con fecha de caducidad, como los yogures, para poderlo aprovechar todo hasta el final.

 Y lo dice una que escribe entre etiquetas, metadrescripciones, seguidores y likes.

 Sincretismo.

 

Fotografía: Mick Cam

 

Acerca de Lucía Barba

Madrileña inquieta. Curiosa por naturaleza y optimista por definición. Apasionada de la vida y de todas las cosas que le ponen los pelos de punta. Hablando por los codos la escucharás unos gramos de “sabes” y un kilo de “porqués”. Fan de las personas y las marcas. Eligió la publicidad como el viaje que le permitiría estudiar a las personas. Le encanta agitar las cosas, darles la vuelta, cambiarlas, descomponerlas y volverlas a componer. De ahí Melettea, un baúl abierto y volátil con destino la inspiración, donde poder volcar su curiosidad y agitar más de un pensamiento.
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2 comentarios

  1. No. Me resisto a pensar que el papel acabará desapareciendo. Porque no desaparecería sólo el papel. Con él se iría su olor, las manos levemente oscurecidas por el color de la tinta que impregna nuestros dedos tras cada noticia. Necesitamos la edición impresa, su lentitud, sus crucigramas, su contribución a la lumbre pasado un tiempo. No podemos arriesgarnos a perder todo esto. No.

  2. No podemos estar más de acuerdo con tu opinión Kike. Como dices, no podemos arriesgarnos a perder todo esto. Lástima que los hechos estén marcando otra dirección.

    Muchas gracias por leernos y aportar tu granito de arena : )

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