El fuego de Dadaab

 

No hay nostalgia ni recuerdo alguno, el miedo los ha erradicado. Se llevaron la memoria y su identidad, solo queda perseguir la nada, el creer en nadie. Nadie y nada es todo lo que te rodea cuando la muerte va en tu bolsa de equipaje. Gritan alto, gritan fuerte, pero el frío metal que los acorrala no escucha, no siente, a duras penas les permite coger el aire que respiran. Sellaron la puerta para mantener el confort de una estufa putrefacta, condenando a la miseria a unos y a la vida hermética a otros.
Tras la valla sigue el fuego, alimentándose de golpes e insultos, de rabia y de esperanza, no se dan cuenta que el fuego se alimenta del oxígeno que entra por las corrientes del viento. El fuego sigue vivo, sigue ardiente y nos quemará a todos.

Acerca de Pedro López

Nací por el azar del desenfreno, como casi todos. Fui a crecer en el genuino barrio de Carabanchel, donde la noche se extiende al día y el ruido de pasos acelerados y las palmas no cesa. Debe ser por las palmas por lo que tengo los pies inquietos y es el sonido del caminar de las personas lo que me lleva dormir poco y pensar mucho. Me atraen las mentes sexis, esas que tienen las piernas largas y no cesan en su caminar, por lo que decidí estudiar Recursos Humanos, aunque cuatro años no me valieron para desaprender que lo humano no puede ser un recurso sino una prioridad. Así que me vi obligado a desempolvar la curiosidad para desobedecer a la rutina insípida. Ahora busco palabras en las experiencias esperando que desordenen mi cabeza.
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