La danza de Napoli

Nápoles Melettea

 

Las calles danzaban como si se tratase de un baile mil veces ensayado por el paso del tiempo. Acudían en espléndidas y lúgubres motocicletas roídas por la dejadez que provoca el pensar que el comer va primero. Los feligreses de la supervivencia activa podían aparecer por cualquier lugar, llenos de vida y ruido, de alegría. Contagiaban con sus gestos y aspavientos a todo aquel asistente que se atreviese  a cruzarse en su camino. Con un poco de suerte y algo de intuición felina, pues llegábamos desde Madrid, logramos encontrar el lugar donde se originaba la danza. Aquella plaza se movía bajo el estruendo de motos, dembelés y guitarras. Pero si hubo algún sonido que destacaba por encima de todos, ese era el de las palabras. Procedían de las cientos de bocas que rodeaban la plaza, empleaban diferentes lenguas y tonos, todos parecían escucharse, tal vez todos los que se encontraban en ese lugar tuviesen algo interesante que contar.

 

Acerca de Pedro López

Nací por el azar del desenfreno, como casi todos. Fui a crecer en el genuino barrio de Carabanchel, donde la noche se extiende al día y el ruido de pasos acelerados y las palmas no cesa. Debe ser por las palmas por lo que tengo los pies inquietos y es el sonido del caminar de las personas lo que me lleva dormir poco y pensar mucho. Me atraen las mentes sexis, esas que tienen las piernas largas y no cesan en su caminar, por lo que decidí estudiar Recursos Humanos, aunque cuatro años no me valieron para desaprender que lo humano no puede ser un recurso sino una prioridad. Así que me vi obligado a desempolvar la curiosidad para desobedecer a la rutina insípida. Ahora busco palabras en las experiencias esperando que desordenen mi cabeza.
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