Sobre Singularidad Tecnológica y otras universidades

Diario de Felipín. Jueves tres.

El otro jueves quedé fatal en un cocktail de ingenieros porque me hablaron de la Singularity University con toda familiaridad y yo no supe estar a la altura de aquello ni supe entonces por dónde salir. Y como soy tan así, en lugar de disimular: “Ay, sí, hay que ver con la Singularity… qué pedazo universidá y la de enjundia que tiene”, salí con el típico mugido que hace una vaca cualquiera sin gps en el coche: “¿Y eso por dónde queda?”

Para arreglar mi laguna, yo que soy de buena familia, me puse a leer como un loco Abundance (que ya hay que tener huecos), y mira tú que casi me ha ido peor. El libro es un bescheler de un menda muy simpático del MIT, el que inventó los XPrize, y que dice y reperjura como tesis en de que dentro de unos años no nos vamos a morir nunca, el tío japuta. ¡Qué salaos estos de la SU! Porque el Futuro pinta bien ahora que vamos a potabilizar el agua, electrificar a lo Tesla, barra libre, y terrificar Marte, ¡y además no nos morimos nunca! −para resumir.

Están ellos todos en Silicon Valley y los financia la NASA y Google o Microsoft o la mare que los parió. Porque, ponte como quieras, para el 2029 las máquinas habrán alcanzado la singularidad tecnológica y eso va a ser un sindiós de bondad y buen rollito, que es ese momento en que el test de Turing para los cibortécnicos será como el mus lo era para Alfredo Landa a la hora del carajillo: no tendrá chiste. Estos todos han votado y votarán a Donald Trump, me da, pero son muy cachondos, a cambio.

Para el 2045, además −no he terminado−, el límite de Hayflick, ese tan pesimista según el cual las células solo se duplican cincuenta veces y luego no hay tu tía porque la diñas, estará más que superado y ya podremos, con toda enjundia y andar muy grave, no morirnos nunca. Se acabó el cáncer, se acabó la malaria y se acabó Tú porque viene el posthumanismo. Morirse nunca es casi peor, Usté. Porque, además, no te dicen que te mueras nunca, sino más bien, léete la letra pequeña, te dicen que dejamos de ser humanos. Aplaude tú.

La democracia de estos ultraliberales ociosos y millonarios resuénale a uno tan “demos” como los whiskys añejos de mil euros el copazo y tan poco “populus” como los calcetines de Carlos Slim. Nada nuevo bajo el sol.

No me extraña hoy, sin embargo, que ante tanto apocalíptico y cuerpo político corrupto polilla y vampiro surjan, doquier que haya un tonto, vendedores optimistas, motivadores de futuro y futuristas que ya empiecen a caernos casi bien.

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
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