Fiesta a la utopía

A menudo caminamos entre la utopía y la distopía, nuestros barrios viven en el sincretismo necesario de sus habitantes, donde se permite soñar con realidades utópicas en marcos totalmente distópicos. Soñamos con las ideas de igualdad, justicia e integridad que nacerían en una sociedad utópica, pero vivimos en marcos sociales donde se ha establecido la distopía, el miedo y la ausencia de identidad que trae consigo. Huxley, Orwell, Bradbuty, Tomás Moro, Platón son algunos de los autores que han escrito sobre estos conceptos. No son los únicos que han descrito estas hipotéticas realidades, sino que los barrios se suman a crear cultura y de ellos también nacen realidades utópicas y distópicas, en su día a día, en su manera de interaccionar, en su forma de hacer barrio.

Es Junio de 1981, un grupo de jóvenes del barrio de Vallecas se encuentran en plena celebración de las fiestas del Carmen. El sol aprieta, pero no asfixia las ganas de divertirse. El grupo de jóvenes se encamina hacia la fuente que se encuentra en el “Bulevar de Vallecas”, en la calle de Peña Gorbea. De manera improvisada comienza un baño de agua fría, los ataques desde la fuente se suceden entre unos y otros, dejando a todos empapados y listos para continuar las fiestas de su barrio, las del Carmen, pues ni el sol, ni los 40 grados de temperatura pueden parar las ganas de celebrar.

Es Julio de 2016, miles de personas se presentan en el Bulevar de Vallecas, el barrio entero ha salido a la calle para hacer barrio. El espíritu de 1981 se ha fusionado con el carácter guerrero e indomable de Vallecas y bajo el lema, “NOS QUEREMOS VIVAS”, se arman de pistolas de agua, cubos, tuppers… o de cualquier recipiente que permita recoger y lanzar el agua con la intención de mojar a todos aquellos que están “muy secos”.
A por el que está demasiado seco. A por ella que está demasiado seca. Vamos a por todos aquellos que no se mojan. Entre el ir y venir noto algo distinto, a diferencia de otros momentos donde he tenido la oportunidad de pasear por este histórico barrio del sur de Madrid. Encuentro sustituidos los rostros de amplias ojeras, de arrugas provocadas por la deuda y la angustia, por el paro, la injusticia y la desigualdad. Quedan camuflados por miradas llenas de alegría, de darse un respiro para sonreír. Son sus fiestas, salen para acercarse a sus vecinos, incluyendo en la festividad a los forasteros que se dejan caer por sus calles, plazas y bares.  A los pocos pasos que realizo al entrar en el bulevar soy atacado por un ejército de piratas menores de 8 años donde con pistolas, casi con su misma altura, me apuntan y ejecutan empapándome las ropas secas.  En otro momento puede que el frío clima del agua me hiciese maldecir a los muchachos de alguna u otra manera,  pero esta vez el gesto era un símbolo de bienvenida, de integración en el barrio, pues hoy las diferencias se liman a base de agua, hoy los prejuicios se aparcan para acercarse a conocerse y conocer el barrio e incluso para conocernos más a nosotros mismos.  Entre risa, agua, batucada y algo de cerveza va llegando la hora del desfile. Con el lema,  “NOS QUEREMOS VIVAS”,  empezamos todos a caminar a ritmo de batucada, saltando sobre los charcos, refrescando nuestros tobillos. Seguimos caminando y sufriendo el dulce ataque acuático a una tarde de calor madrileño. No son ingleses pero siguen siendo piratas, esta vez autóctonos y sin armada invencible, los que, refugiados en sus casas,  se preocupan durante todo el recorrido de que nadie  se fuese sin mojarse por la causa de este año, pues que nadie se olvide, que su carácter festivo va de la mano con su carácter reivindicativo. 

El movimiento vecinal, y en especial de la Cofradía Marinera de Vallecas, quienes se juntaron allá por el 2001 dejando muestra del movimiento social para gestionar el evento, tumbando las barreras legales, logrando que estas no sean realidades bloqueantes y permita al barrio perseguir  la utopía de conseguir algún día su “Puerto de Mar”.  Un puerto donde todas y todos podamos echar el ancla, un puerto activo, donde mitigar la dureza y el hambre de la mar. Un puerto de reunión, con vida, con acción, un puerto por y para sus marineros y marineras sin discriminar la procedencia, sexo o sexualidad de estos.

La celebración reivindicativa continuaba, piratas llegados de diferentes mares ascendían empapados y empapando a los demás, hasta llegar a una de las arterias principales de Vallecas, la  calle del Payaso Fofó. Donde la marea calada hasta ir dejando huella húmeda en cada paso se dispersa en todas las direcciones.

Algunos continuaron la celebración de las fiestas del Carmen, otros se volvieron a su embarcación. Pero creo que todos dormimos esa noche contentos, habíamos sobrevivido al calor infernal de Madrid en el mes Julio, habíamos superado los miedos de compartir tiempo y espacio con personas distintas a nosotros, habíamos formado parte de una alegría conjunta, y sobre todo, habíamos gritado al unísono:

“NOS QUEREMOS VIVAS”

Acerca de Pedro López

Nací por el azar del desenfreno, como casi todos. Fui a crecer en el genuino barrio de Carabanchel, donde la noche se extiende al día y el ruido de pasos acelerados y las palmas no cesa. Debe ser por las palmas por lo que tengo los pies inquietos y es el sonido del caminar de las personas lo que me lleva dormir poco y pensar mucho. Me atraen las mentes sexis, esas que tienen las piernas largas y no cesan en su caminar, por lo que decidí estudiar Recursos Humanos, aunque cuatro años no me valieron para desaprender que lo humano no puede ser un recurso sino una prioridad. Así que me vi obligado a desempolvar la curiosidad para desobedecer a la rutina insípida. Ahora busco palabras en las experiencias esperando que desordenen mi cabeza.
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