Roncerismo ilustrado

El fútbol da para mucho y sobre todo en su versión menos futbolística, el cuatro-cuatro-dos o el cuatro-tres-tres son cosas del pasado y de televisión de pago. El fútbol de verdad es el de charanga y pandereta, el que idolatra humanos hasta el nivel de dioses, el que crea tendencias, viste niños pobres con marcas de ricos y se rodea de un ambiente televisivo en el que forofos, fanáticos disfrazados de periodistas, lloran por sus escudos como rocieros cuando sale su virgen.

El fútbol da para mucho por su función, para observadores externos, de medidor social que, a través del deporte más mediático del mundo, da cuentas de lo que la sociedad quiere. Las audiencias hablan y han gritado que lo que quiere es amarillismo sensacionalista y pasionales tertulianos que gritan sin ver más allá de sus escudos, si es que son suyos de alguna manera.

Esto ya nos suena y, además, dice mucho de lo que da de sí la creatividad humana o de lo exigente que es la demanda televisiva cuando se conforma con un formato televisivo que se aplica por igual en cualquier ámbito. Si no, díganme en qué se diferencia un programa presentado por Jorge Javier Vázquez, una tertulia política o El chiringuito de jugones.

Qué diferencia, a efectos de respeto y sociedad, hay entre el discurso de Tomás Roncero, Pablo Iglesias o Eduardo Inda. Cambian las palabras, la intelectualidad de sus mensajes pero no los intentos de subjetivizar, a través de verborreas demagógicas, a sus públicos.

Parece de esta manera que el periodismo se acerca al público y a los ciudadanos al posicionarse en la defensa de las pasiones y sentimientos de éstos, pero es este posicionamiento encarnizado, el de los grandes tertulianos poseedores de la verdad de nuestra televisión, el que está al servicio de los grandes medios de información y las grandes instituciones políticas tan alejadas, precisamente, del sentir de las personas.

El periodismo de los grandes medios ha perdido su carácter de servicio público y ha degenerado en una profesión cargada de becarios explotados que transcriben noticias del oligopolio de las agencias de información, miembros de élites sociales que se permiten hablar sin bibliografías y personajes típicos de barra de bar y tragaperras que antes gritaban a la televisión desde el sofá y ahora lo hacen desde plató.

Aquellos emocionados universitarios, están calvos de estrés en busca, ya no de un trabajo digno (já), sino de su realización profesional lejos de escudos sensacionalistas y circos romanos. Quizás en la búsqueda de que el periodismo discurra desde otras voces y no sea una marioneta repetitiva de los poderes privados y las instituciones de poder.

Suerte que internet da, a mi también, la libertad de cagarse en todo y no poder limpiarse con billetes sucios de contenido patrocinado por bancos, partidos y equipos de fútbol. La World Wide Web está llena de pobres (de dinero que no de fe) y fieles periodistas o libre comunicadores; muchos de ellos, como ctxt, formado por periodistas que ejercían en grandes medios y que han renunciado a las 14 pagas por un periodismo responsable, transparente y lejos de discursos vacíos. Son pobres de bolsillo, ojalá, de momento.

La libertad de prensa depende de lo que elijan las audiencias y del parón del bombardeo institucional a través los mass media. 

Pero si, elijamos, sigamos embotados a lo fácil de la televisión donde al menos algunos defienden mis creencias, cada uno barre para su casa y el gol en propia puerta.

Acerca de Luis Aguilar

Gato al sur del Manzanares, hormiga del globo y okupa del Cyberespacio. Su pasión por la comunicación le llevó a licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas y, aunque es más de esto último, adora el creativo resultado al juguetear con las palabras. Convive con el estrés a la espera de un traficante de tiempo y, mientras tanto, le roba a la vida más de lo que le puede dar. Cuando descansa, coge aire en las comas y a veces, consigue pararse en los puntos.
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2 comentarios

  1. Hola Luis. Me ha gustado tu artículo. Sobre todo el título y el párrafo final pues nos ‘goleamos’ a nosotros mismos, presa fácil de los medios. Sin embargo, se torna inevitable este hecho ya que es el tipo de TV que viene desde yankilandia y que nos venden con facilidad. Esto lleva pasando ya desde hace muchos muchos años. Nada nuevo. En la educación y la comunicación de calidad está la clave para revertir esta voraz tendencia.
    Gracias por apostar y defender algo mejor desde vuestro espacio.
    Un abrazo.

    • Hola Vicente,

      Muchas gracias por tu comentario. Como bien dices, el giro necesario es drástico y poco viable a medio plazo. Aun así, internet ha generado multitud de espacios de expresión alternativa entre los que, y me alegro de que así lo veas, nos encontramos.

      Un saludo.

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