Artesano solitario

Artesano Melettea

Artesano solitario. Quiso construir su última obra de arte.

Buscó mil cuerpos de guitarra para copiar sus curvas. Recorriendo con la palma de su mano simuló el tacto y la perfección que eligió. Tocar cuerda al calor de su piel.

Escogió dos escaleras que subían a la luna para ponerlas como piernas, y así en las noches tristes poder descubrir sus estrellas.

Engañó a cisnes para poder robarles sus alas, y las colocó a modo de brazos. Y que volase. Que volase cada vez que se lo pidieran, que lo sintiese. Y así luego pudiese volver a su lado. Para que fuese ave y voladora los días de frío. Cuando lo corriente no le fuese suficiente.

Escavó minas y limpió dos gemas. Le ayudarían a ver lo real. Le miraría cada mañana con dos piedras preciosas, serían sus ojos. Suaves y precisos. Todo rayos de luz. El lugar donde encontraría la verdad.

Para la boca un susurro.

Y para dentro, para colorearla por dentro, recorrió y coleccionó. Acuarelas de todos los colores, creando confusiones; la fuerza de los tambores; el olor del viento en verano y la imprecisión de la lluvia; varios colores de piel; los llantos del corazón roto… las lágrimas del volverse a ver. Todos los libros que se encontró para que pudiera decidir por sí misma, noches del sur. Hombres desnudos mirando a mujeres desnudas, mujeres bailando, todos bailando. Guiños en todos los idiomas.

Coleccionó maravillas para hacerla maravilla.

Pero cuando terminó su arte, cuando ya era ella, se marchó y se quedó solo, como siempre había estado. Había creado bien, sin pensarlo, era independiente e impredecible.

La había hecho libre.

Templo de revoluciones y templo de deseos.

Aún muere por ella…

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.