Sé tú mismo. Piensa por tu cuenta.

Creo que es en alguna parte de sus diarios de 1911 donde Kafka nos dice lo siguiente: «Hoy declaro ante mi conciencia atravesar el desierto de la vida como jefe apache de mí mismo […]. No voy a esperar a que ni jefes, ni padres, ni maestros ostenten la autoridad que nunca les he cedido». Y claro, tú te lo imaginas esto así declamado con el vozarrón de Fernán Gómez, pongamos por caso, y te dan ganas de asaltar El Corte Inglés  o de hacer una matanza de armenios, que diría William James. La literatura está llena de ideas que animan a ser beligerante con lo establecido y qué bien está que así sea.

Pero hay ideas y rotulillos que por muy repetidos no terminan obligadamente de convencerme. Uno de los latinajos más repetidos y absurdos es ese de Carpe Diem: Porque, para no vivir el día y saltarte los lunes por la mañana, por ejemplo, tienes que ser más que supermán. Vivir el día o el momento es una obligación biológica, no una decisión moral. De hecho, no vivir el día sí que sería una buena proclama política en algunas etapas de nuestra historia, esa sí que la compraba; ahora, ¿vivirlo?, no te quedan más narices, paisano, o paisana. Es un mal consejo moral ofrecerte la acción de lo que no puede ser de otro modo. Lo mismo pasa en teoría política.

«Los pobres —dice Chesterton en algún lugar—, se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos. En consecuencia, los médicos sugieren suprimir el pelo. No parece habérseles ocurrido suprimir los piojos. Y es que sería largo y laborioso cortar las cabezas de los tiranos; es más fácil cortar el pelo de los esclavos». Me parece que Chesterton era muy bueno pensando al revés, y es que, en política real, pensar al revés es estadísticamente un acierto, pero pensar al revés obliga igualmente a aprender de otros.

Si a uno no le gusta leer ni estar informado, se puede en todo caso recurrir a una sentencia muy manida entre la gente que ve mucho la tele y que lee muy poco: «Yo pienso por mí mismo, no necesito citar a Aristóteles. Yo pienso por mi cuenta». Y la verdad es que tienen razón: para qué citar a Aristóteles cuando puedes citar a Marhuenda o a su contrario si hace el mismo efecto político en tu comunidad. Este tipo de ciudadano y votante soberano sufre del síndrome del barón de Münchhausen, tiene autonomía y sentir propios y, como el barón, es capaz de sacarse del agua a él mismo y a su caballo tirándose del pelo, aunque ese pelo esté ya infestado de piojos. Puedes cargarte al tirano, cortarle la cabeza, o bien hacer tonto al ciudadano con síndrome de Münchhausen. Chesterton dice en Lo que está mal en el mundo que los imperios son provisionales, pero que el pelo es sin embargo una institución eterna. A mí sin embargo ya se me clarea la coronilla y voy dejando el intelecto al desnudo. Igual Chesterton no tenía tanta razón o hablaba con mucha metáfora. Sea como sea, Chesterton es pa’ listos y yo tengo ya la cabeza como la casa de un rico: Dos hermosas entradas y una piscina detrás.

Una de las citas más célebres de Newton dice: «Si he visto más lejos ha sido por alzarme sobre hombros de gigantes». Pues bien, hasta esa frase de Newton no es de Newton, es copiada de otro, de Robert Hooke, y éste a su vez la copió de un vicario llamado Robert Burton, quien a su vez la copió, mutatis mutandis, de William Hicks. Ahora dime que Newton era más tonto que ese que ve a Marhuenda y que piensa por sí mismo sin haber leído a otros. Yo digo que si realmente pensáramos por nosotros mismos no pasaríamos del balbuceo de un bebé, a veces no pasamos ni leyendo a muchos otros. Pensamos gracias a otros, mejor o peor, siempre gracias a otros. La mayoría de los intelectuales que te recomiendan que pienses por tu cuenta lo hacen después de haberte vendido un libro que no es otra cosa que una recensión del pensamiento, ideas y conceptos de otros miles de autores. Pensar es en sí mismo una deuda. Hasta la racionalidad mejor fundada teóricamente se la debemos a otros. Seamos más humildes, ahora que aprender es gratis. La verdad está en los bares, sí, pero también en los libros. Se puede ser muy leído y moralmente muy necio, sin duda, pero el pensamiento no es nunca una genialidad espontánea de nuestro solo patrimonio. La lectura hoy está ya al alcance de casi todos y pensar por uno mismo es otro flatus vocis sin justicia. Ayer leí en Facebook la siguiente jaculatoria, muy instructiva por su enjundia filosófica a este propósito: «Sé tú mismo. Salvo que seas gilipollas. Entonces no».

Dice Kant, negando la mayor, que no somos un factum, sino que somos un faciendum: no somos un “hecho”, sino un “haciéndonos”, y mientras nos hacemos encontramos resultados desiguales en nuestro esfuerzo por ser “nosotros mismos”, como ése que aprendiendo francés estaba también un poco sin acabar por mucho que le pusiera empeño siendo un “sí mismo”: «Que al pan le llamen “pain”, lo acepto, que al vino le digan “vin”, bueno, está bien, pero que al queso le llamen “fromage”… ¡cuando están viendo con sus propios ojos que eso es un queso de toda la vida, hombre, eso sí que no lo acepto!».

Y termino con un adagio muy antiguo que leí una vez en un libro polvoriento (o que lo copié de alguien) para terminar de maldecir la idea de ser uno mismo y en sí mismo para pensar por sí mismo:

«Había unos camelleros que tenían que amarrar a sus camellos, pero les faltaba una cuerda para uno de los camellos. Entonces el viejo camellero le dijo al aprendiz: “No te preocupes, simula que lo amarras; el camello es tonto y creerá que está atado y no se moverá”. Y así ocurrió tal como lo dijo el viejo maestro camellero, y cuando tuvieron que reanudar viaje, el aprendiz le dijo al maestro: “Ese camello es tonto: no se quiere mover”. Y el maestro contestó: “Claro, aún no lo has desatado”».

Pensar por uno mismo, claro, pero sin ahorrarse la travesía por el desierto que resulta estar siendo educado, o, como dice Aristóteles: «Para gobernarse, uno ha debido de ser gobernado primero».

Acerca de A Cuenca

Todólogo en muy mal sentido, y de casta diletante populista, disfruta un café casi tanto como contrariar sin noticia a quien tercie coincidir al otro extremo de su café. Fuentes autorizadas aseguran haberlo visto en iguales disputas ociosas mucho después de que la víctima criatura hubiera abandonado ese otro extremo del café con mucha prisa porque había quedao. Entre su extenso currículo intelectual permítasenos destacar con mención especial el prestigioso diploma que acredita su segundo puesto, obtenido echando leches, en el concurso de ripios para matemáticos de la Escuela Parvularia a Distancia de Taifuk (e-PeDeTe).
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