Cuenta atrás

-¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-Ya perdí la cuenta.
-¿Necesitas que te ayude a recordar algo?
-Cómo se cuenta el paso del tiempo.
-Bueno, eso depende de cada uno. Hay quien cuenta el tiempo con horas, con minutos, pero los relojes se paran y entonces, hay caos. Hay quien lo cuenta con la salida del sol por las mañanas, y la salida de la luna por las noches. Pero tienen la fea manía de quitarse el protagonismo uno al otro, y hacen que haya gente que viva de día y gente que viva de noche. Luego, hay gente que lo cuenta a través de su memoria, porque todos sus días son iguales, pero el día más previsto, se saldrán de su rutina y se habrán perdido.
También hay gente que lo cuenta con las manos. Pero hay cosas mucho más importantes que hacer con las manos, hay cosas mucho más bonitas, y algún día lo sabrán. Perdiendo la hora.
Otros, cuentan el paso del tiempo con personas. Yo no me fío de ese método, pues hay personas que duran un suspiro y gente que dura toda la eternidad. O en besos, pero todo el mundo sabe que los besos engañan y roban hasta el alma.
Por último, hay gente que no cuenta el tiempo. Que decidió dejar de pensar en ello y ahora se esconden en bosques alejados del mundo exterior, porque les consideran locos, o peligrosos. Ellos suelen ser infinitos, porque nadie sabe cuántos días, besos, personas o minutos llevan vividos, pero aún así, significan el universo entero para otras personas.
-Y tú, ¿cómo cuentas el paso del tiempo?
-Yo soy El Tiempo. Soy todos los vientos que te han traído hasta aquí, porque estás perdida.
-¿Y a qué vienes?, si ya estoy perdida, no puedes hacer nada.
-A llevarte conmigo. Salvarte quizás. A que veas que quien pierde el tiempo acompañado lo está salvando. Que me maquillo con los años pero nunca cambio, y enseño que todo se repite, una y otra vez hasta que no queden errores que volver a vivir. Que no existen relojes que sean capaces de alcanzarme. Y a que veas, que a veces, una mirada dura más que un anillo. O el color de una risa, vive más tiempo que el recuerdo de una lágrima. Nadie sabe del tiempo más que el propio tiempo. O aquellos que dejaron de hacerme caso. Por eso quiero salvarte, quiero que juegues conmigo y que me des forma a tu antojo, porque aún estás a tiempo, y sólo las personas especiales, como tú, son capaces de jugar conmigo. Y son capaces de hacer invisibles las horas si se pasan a tu lado. Juega conmigo, y a cambio, te regalo todo lo que conozco y aún me queda por conocer. Te regalo el para siempre que estás esperando. Por él te perdiste al fin y al cabo.

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