Las dos caras de La revolución

El viernes, 25 de noviembre, murió, definitivamente, Fidel Castro. Para bien o para mal, no podemos negar que se apaga una de las figuras históricas del siglo XX que intentó hacer las cosas de otra manera a las que dictaba el capitalismo y el imperialismo comercial.  Su figura ha dividido a los cubanos y a la opinión pública en dos bandos, sus defensores y detractores, muchos de los cuales han protagonizado estos días celebraciones y manifestaciones en las calles de diferentes partes del mundo.

Dos bandos que son el reflejo de las dos caras de La revolución. Opiniones, reflexiones, puntos de vista, experiencias, historias e ideologías que configuran el legado dividido que dificulta mirar este momento de la historia con objetividad.

 

Las dos caras de la revolución ya asomaron las orejas en la especial y estrecha relación de Fidel Castro con el Che.  Se conocieron en México en el año 1955. Se necesitaban mutuamente, las teorías marxistas del Che precisaban a alguien que quisiera aplicarlas; las ganas de hacer La revolución en Cuba de Fidel requerían de una persona con una emocionalidad y pasión contagiosa.  Y es que, es imposible entender la figura de Fidel y La revolución sin mencionar a la persona que conquistó su derecho de ciudad en el imaginario social de una generación entera mediante el místico encuentro de un hombre y su época. Otra persona, en los años de ira y dulzura de los sesenta, escasa huella hubiera dejado. Pero el Che la dejó, en el mundo y en Fidel.

Su relación fue estrecha y particular. Empezó a enfriarse cuando después de la huida de Cuba de Batista tras la ganada o negociada batalla de Santa Clara (depende del biógrafo que lo narre) había que materializar todo lo prometido al pueblo. Fidel sabía que no sería fácil jugar en un tablero que te obligaba a pertenecer a uno de los dos equipos, tanteó el diálogo con ambos con el objetivo de buscar apoyos o mejor aún, no crear enemigos entre los protagonistas de una Guerra Fría que, todavía hoy, nos sigue congelando. El Che, por su parte, no quería jugar al escondite inglés y comentaba abierta y públicamente sus intenciones y sentires comunistas.

 

Pese a estas diferencias en la forma de hacer política, los ideales de La revolución siguieron su curso, querían entregar la tierra a los campesinos, nacionalizar las empresas estadounidenses y construir una sociedad socialista. Algunos de ellos, poco a poco convertidos en hechos, empezaron a afectar a intereses estadounidenses y se terminó por imponer un embargo económico al país, ya antes de la famosa Crisis de los misiles.

 

¿La Cuba soñada hubiera sido posible sin el bloqueo económico?

 

Las propuestas de La revolución pronto empezaron a convertirse en una nube de humo que llevó a su líder a caer en el propio chovinismo que tanto, él mismo, había criticado. Y el sueño revolucionario terminó convirtiéndose en una dictadura que ha “empobrecido” a un riquísimo país, ha generado sueldos insatisfactorios y ha cortado muchas de las libertades básicas como el derecho a emigrar o la libertad de expresión.

La muerte de Fidel ha avivado el debate en esta sociedad polarizada sobre la responsabilidad del Comandante del estado actual de Cuba. La prensa se ha llenado de una guerra de cifras abanderada por cada uno de las caras, los revolucionaros señalan muchas de estas cifras:

  • Antes de 1959 la mortalidad infantil era superior a 60 por cada mil nacidos vivos, ahora es de alrededor de 4,2.
  • La cifra de médicos por habitantes, uno por cada mil en 1958, es hoy de 7,7 por mil habitantes, esto es, uno por cada 130 cubanos, la más alta del planeta.
  • El 44% de la población en el campo antes no pisaba una escuela, ahora todo el mundo está escolarizado.
  • En una isla que supera ya los 11 millones de habitantes, las mujeres constituyen el 65% de la fuerza técnica del país.

Mientras que los antirrevolucionarios destacan estas otras:

  • Antes de la revolución el peso cubano tenía igual valor al dólar, había seis vacas por habitante (hoy la proporción es de una vaca por cada seis cubanos)
  • El número de periódicos de tirada nacional superaba la decena (ahora solo hay dos, Granma y Juventud Rebelde).

Parece que sí se han producido cambios o consecuencias, depende de la cara de la revolución en que te sitúes.

La revolución de Cuba y el Movimiento 26 de Julio no han dejado de estar acompañados de quejas y represalias por ser un generador de la creencia y convicción de que era posible derrocar a los “tiranos” con pocos hombres y un terreno favorable. Seguido por gran cantidad de personas y países de Latinoamérica, ha avivado guerrillas armadas cuyo destino, muchas de las veces, ha sido la muerte de sus integrantes o de lo que ellos han considerado “tiranos”.  Pero claro, esos “tiranos” son siempre los que se encuentran al otro lado. El Che confiaba plenamente en la guerrilla armada para derrocarles y murió sin remordimiento de las muertes de las cuales fue responsable porque sin ellas, pensaba, sería imposible haber llegado a La revolución.

Pero, a día de hoy, en el siglo XXI sabemos de sobra que podemos cambiar sin guerrillas armadas.

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“La bóveda inmensa que mis ojos dibujaban en el cielo estrellado titilaba alegremente, como contestando en forma afirmativa a la interrogante que asomaba desde mis pulmones: ¿vale la pena esto?”. Ernesto Guevara

Fotografía: Sara García. Cuba 2016.

Acerca de Lucía Barba

Madrileña inquieta. Curiosa por naturaleza y optimista por definición. Apasionada de la vida y de todas las cosas que le ponen los pelos de punta. Hablando por los codos la escucharás unos gramos de “sabes” y un kilo de “porqués”. Fan de las personas y las marcas. Eligió la publicidad como el viaje que le permitiría estudiar a las personas. Le encanta agitar las cosas, darles la vuelta, cambiarlas, descomponerlas y volverlas a componer. De ahí Melettea, un baúl abierto y volátil con destino la inspiración, donde poder volcar su curiosidad y agitar más de un pensamiento.
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