¡La vida es un milagro!

Las películas, al igual que este artículo, no cambiarán el mundo. El mundo como diría Jose Mujica:” Lo cambian las personas, aquellas que ven películas y leen libros, y luego conversan sobre ello”.

La reflexión es algo natural y constante en el ser humano, a través de la historia observamos como ha demostrado su capacidad de reflexión y su inquietud, por todo aquello que le acontece en su época, incluso llegando a proyectar lo que podría devenir en su futuro más próximo. Dentro de la infinidad de temas que conciernen a la vida y evolución del ser humano, la organización social de su tiempo, es uno de los temas más recurridos. A través de la historia de la filosofía, podemos conocer la necesidad del hombre por tomar a las personas como seres sociales y, por lo tanto, entender la importancia de repensar de manera constante las organizaciones sociales.  En los textos clásicos, como en los de la edad media, y al igual que en la filosofía moderna es común encontrar autores cuyas reflexiones están interconectadas sobre los conceptos de justicia, felicidad y virtud (equilibrio personal y social).  Una idea que se repite aunque se camufle con diferentes atuendos, es la del hombre que actúa con “virtud”.  En muchas ocasiones entendiendo esta capacidad como necesaria para la buena convivencia y gobierno. Y como muestra de libertad individual. En este concepto de “virtud” no sólo se concibe la libertad individual del hombre, sino que además este tiene un fin. Si viajamos con esta reflexión al presente, nos podemos encontrar con un documental que está haciendo mucho ruido.  Frágil Equilibrio, de Guillermo García López, nos permite afirmar (respaldados por el discurso de José Mujica), que el hombre como especie, sí, tiene un fin.  Éste es tanto en primera como en  última instancia, vivir. La vida es el fin que tiene el ser humano.

Durante todo el mes de Diciembre en Madrid, hemos tenido la oportunidad de recibir un estímulo para replantearnos la sociedad de nuestro tiempo. El documental Frágil Equilibrio dirigido por el Director Guillermo García López ha hecho viajar a todos aquellos que han podido ver el documental. Este largometraje acaba de ser nominado, por partida doble para los Goya. Las nominaciones son, mejor canción original, por “Muerte”, de Zeltia Montes y como mejor película documental. El viaje se realiza a través de un contenido audiovisual que reflexiona sobre el mundo contemporáneo, donde de una manera especial se relacionan mediante las palabras de José Mujica diferentes realidades y estilos de vida. Es un viaje a través de vidas distantes, con culturas, lugares y sociedades diferentes. Pero no solo se queda en una fotografía de la incoherencia humana actual, sino que de este documental nace una propuesta de cambio que va inspirando al espectador, logrando en este, remover emociones dormidas y con la esperanza de despertar el cambio individual como preámbulo de un cambio mayor como sociedad.

En este documental encontraremos conceptos tales como el de trabajo y el lugar que ocupa éste en nuestra vida. También veremos la lucha por una vida digna, donde alimentarse supone un reto diario y esta lucha no es una particularidad de países menos desarrollados, sino una constante a la que nos encaminamos en una sociedad que legisla y limita la propia vida. Son tres historias, que recogen conflictos clave de nuestra actualidad.

Entramos en un café, podría estar situado en cualquier ciudad empresarial de Japón. En esta ciudad empresarial, la ley, al igual que en el resto del país, tiene establecido una jornada laboral legal de 40 horas semanales. Pero la norma de la costumbre empresarial, ofrece jornadas de hasta 13 ó 14 horas, para todos aquellos que “voluntariamente” (según sus necesidades, reales o inducidas) deciden hacer horas extras. En este café el director nos presenta a  dos directivos japoneses, sentados uno enfrente del otro. -¿Qué tal estas?-, se preguntan mientras se miran y suspiran. En sus ojos se refleja un cansancio extremo, las arrugas de sus frentes llevan grabadas sus dudas. Parece como si esa pregunta se la hicieran frente al espejo cada mañana y ésta se hubiese convertido en su sombra, mientras les toca “vivir” en el imperio del sol naciente. Tras un trago y gesto similar a un suspiro, se sueltan el nudo de la corbata y dan rienda suelta a sus sentimientos. En sus palabras vemos reflejado una vida de ensueño, una vida que cumple con los estándares de vivir en un país desarrollado. Una buena posición laboral, casa propia, coche propio, un buen traje a juegos con unos zapatos de piel, y una vida de trabajo y neón. Pero no es oro todo lo que reluce, y aún estando acompañado de todas sus pertenencias materiales, en la entrevista que se realizan mutuamente los dos personajes, dejan entrever que a pesar de desear y de obtener una felicidad efímera, a base de dinero, todavía no han logrado llenar ese rincón inerte de su mundo interior. Pensaban que para rellenarlo la fórmula era sencilla, más horas y dedicación en el trabajo, un mayor sueldo y un mayor número de posesiones. Pero lo que empezó siendo un camino claro y de éxito, se torna en la soledad de un té al que se le pregunta, ¿Estamos aquí para vivir de esta manera?. Mientras, va avanzando la conversación. Como espectadores,  podemos observar cómo esta infelicidad es producto de una estructura social y laboral donde el trabajo pasa a monopolizar todo su tiempo. Solo queda ganar pequeños respiros a través de la accesibilidad material que le otorga su salario, pero como ellos nombran, una vez pasado el momento de la posesión, siguen quedándose vacíos, con la sensación de que hay algún resquicio deshabitado en ellos que no logran llenar. Se replantean su concepto de felicidad, donde se supone que tenían que estar contentos por su estatus social solo encuentran soledad. Pero más intenso parece el tema, cuando en su reflexión, ves aparecer un miedo enorme a abandonar ese estilo de vida de jornadas laborales interminables, donde se ha difuminado su papel de trabajador, hasta tal punto, que uno deja simplemente de ser uno. Se ven encadenados a un trabajo que no permite separar su identidad individual de la que socialmente se espera de ellos. Podemos ver traducida esta historia de forma metafórica las palabras del expresidente de Uruguay, José Mujica :

“En lugar de ser ricos con tanto cacharro, vamos a ser ricos en ocio, ¿ Cual es la prioridad: trabajar y consumir o  vivir ?”

Otro de los conceptos que observamos en el largometraje, es el de la lucha por la dignidad. En el monte Gururú, cada día se lleva a cabo una lucha por la supervivencia. Donde miles de susaharianos malviven, intentando subsistir un día más, para poder pasar la frontera de Melilla. En este caso, la palabra lucha, no solo hace referencia al reto individual de una población del continente africano, en la búsqueda de un mejor futuro, sino de la actitud bélica que toman los países europeos, fuera de sus fronteras, ocultando así su falta de acción en la defensa de los derechos humanos. Incentivando de una manera económica y de recursos militares, la violencia del estado marroquí. Para que sean estos quienes repriman a base de “palos” a los “asaltantes de la esperanza”. Es en esta realidad, donde podemos ver realmente una solidaridad entre los grupos de personas del monte Gururú, donde, a pesar de sus conflictos por sobrevivir, se ve un apoyo mutuo, dejando a un lado individualismos y realizando un apoyo comunal en aras de sumar fuerzas a su causa y, sobre todo, de tejer un red de seguridad donde la filosofía de hoy por ti y mañana por mí hace de su capa un sayo, para la supervivencia. Así vemos una solidaridad práctica y real, bastante lejos de un altruismo caritativo, más próximo a lo que se práctica en la zona europea y que convive con un política del miedo, que se traduce en un violencia real sobre las personas que buscan un mejor futuro, o por lo menos, una vida digna.

Esta lucha titánica que narra Guillermo López, no solo deja huella de una realidad muestral que se encuentra en el norte de áfrica, sino que la voz de sus protagonistas hacen referencia a todas esas personas que emigran de un país a otro, con la intención de poder comer todos los días, y de poder dormir bajo un techo. Además de huir de una corrupción gubernamental y de guerras de poder donde los países europeos intervienen de forma cómplice. Se juegan la vida dejando su historia atrás, en favor de un futuro que no será tal. “El perro europeo se alimenta mejor que el perro africano”, llegará a decir el expresidente, en su reflexión de porqué jugarse la vida en busca de un futuro europeo, que en la mayoría de los casos no se trasformaran en las expectativas que se tenían. Así, vemos como las soluciones europeas pasan por financiar sistemas opresivos y sumamente agresivos en terreno africano. Una insolidaridad en tierra lejana, donde no se puedan cuestionar su acción para con los derechos humanos.

Para poder hablar de esta última historia, hay que acudir primero a la pirámide legislativa de nuestra organización social como país.  “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación….”. Con el artículo 47 de la Constitución Española atendemos a la última historia que se nos presenta en el documental. En este caso nos hablan sobre la nueva realidad de una familia desahuciada en Madrid, donde la propia administración haciendo valer el derecho financiero ejecuta la orden de desahaucio, dejando a los protagonistas en la calle. “Cuando ves 100 tíos, armados hasta los dientes y más de 20 furgones en la calle, se te ponen los huevos en la garganta, a ti, y al más valiente.” (Frase tomada de uno de los protagonistas del documental).

En la reflexión de los protagonistas, queda latente la inacción del poder legislativo, que lejos de velar por el cumplimiento constitucional, se posiciona de una manera firme con el poder financiero primando el derecho del cobro de una deuda abusiva, cuya finalidad es puramente lucrativa para una actividad económica basada en la especulación y cuyo resultado es un desamparo social que repercute directamente sobre la sociedad. Causando circunstancias de difícil retorno, ya que logra apartar a las personas de la sociedad en la que viven y las margina en su miseria. Estas historias hacen que nos replanteemos nuestro estado solidario, pues si bien es algo que se repite constantemente en términos legales, es nuestra realidad quien nos quita la máscara y saca a relucir nuestra peor versión.  ¿Tiene que primar el poder financiero sobre los derechos básicos que deberían quedar garantizados en una sociedad desarrollada?. Aceptamos que en la era en la que más se produce, en la que a nivel tecnológico gozamos de numerosas oportunidades de conseguir una mejor calidad de vida, no podamos garantizar una vida digna a toda la sociedad. Ahora más que nunca hay medios de sobra para atender las necesidades de todos sus ciudadanos, ¿Qué nos está impidiendo abastecerlas?

Para acabar con este artículo, cabe aclarar, que este documental, no solo nos narra historias de nuestra sociedad actual, sino que coloca al espectador en el centro del concepto de globalización. Generando a través de sus imágenes, colores, música y diálogos una amplia reflexión que se atreve a cuestionarse las bases de nuestra sociedad actual. Las imágenes te someten a un estado de shock del que únicamente es capaz de sacarte el lenguaje positivo de  José Mujica, que lejos de plantear el sin futuro, y sin abandonar un visión crítica, alienta el espectador a valorar el amor, la familia y la solidaridad,  logrando trasmitir su filosofía de vida al público, dejando ver que el valor más importante del hombre, entendido como especie, es la vida.

 

“El mundo vivo, y hablo de la vida en general, es como una cosa frágil, hermosa. Por eso la vida es un milagro, y hay que cuidarla.”

José Mujica en Frágil Equilibrio

 

Más información en Facebook: Frágil Equilibrio  

Acerca de Pedro López

Nací por el azar del desenfreno, como casi todos. Fui a crecer en el genuino barrio de Carabanchel, donde la noche se extiende al día y el ruido de pasos acelerados y las palmas no cesa. Debe ser por las palmas por lo que tengo los pies inquietos y es el sonido del caminar de las personas lo que me lleva dormir poco y pensar mucho. Me atraen las mentes sexis, esas que tienen las piernas largas y no cesan en su caminar, por lo que decidí estudiar Recursos Humanos, aunque cuatro años no me valieron para desaprender que lo humano no puede ser un recurso sino una prioridad. Así que me vi obligado a desempolvar la curiosidad para desobedecer a la rutina insípida. Ahora busco palabras en las experiencias esperando que desordenen mi cabeza.
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