La Liminal: generando discursos alternativos que partan del aprendizaje colectivo.

Como dijo Dorothy, “si caminamos lo suficiente, alguna vez llegaremos a alguna parte”. En Melettea nos encanta perdernos con los pies y un día tuvimos la suerte de cruzarnos con Yolanda Riquelme y Beatriz Martins, fundadoras de La Liminal; un colectivo de mediación cultural que surge del deseo de convertir los discursos y espacios de legitimación en lugares de cuestionamiento. Con La Liminal hemos caminado, aprendido y aprehendido. Ahora, en un alto en el camino nos sentamos para conocer la esencia de este proyecto en movimiento.

 

¿Cuál fue la motivación por la que empezó este proyecto?

Nosotras nos conocemos cuando coincidimos trabajando como mediadoras culturales en el Museo Reina Sofía.

En ese momento ambas estábamos en pleno desarrollo de procesos formativos que marcarían muchas de nuestras conversaciones e intereses. Por un lado Bea estaba inmersa en sus estudios de Antropología Social, donde prestó especial interés a la Antropología urbana y la Antropología de género, y por otro Yolanda estaba metida de lleno en la investigación de su trabajo fin de máster, que se centró en prácticas artísticas relacionadas con la crítica al turismo y la mercantilización de los ecosistemas urbanos.

Estos intereses comunes, unidos a nuestra experiencia profesional como mediadoras culturales y el firme convencimiento de que esta metodología tenía que desbordar el espacio de las instituciones para acercarse a otros saberes, hace que empecemos a hablar de un proyecto en común que terminará siendo La Liminal.

 

¿Cuál es el proceso de investigación para la preparación de vuestras rutas?

El proceso de investigación es orgánico y pasa por distintas fases que no siempre siguen un orden predeterminado.

Habitualmente, el primer paso después de haber elegido un territorio es empezar una investigación de un corte bastante similar a una investigación académica. Empezamos consultando bibliografía especializada de distintas ramas: historia, antropología, historia del arte, sociología, etc.

También en paralelo a esta fase solemos buscar mucha documentación de carácter más informal en internet. Esto nos permite acercarnos a diferentes puntos de vista que huyen de lo académico, y también nos ayuda a ir detectando los distintos agentes activos del tejido social y cultural que estamos explorando.

Una vez que hemos detectado a estos agentes intentamos ponernos en contacto con ellos y conocerlos personalmente con la intención de compartir saberes y de comprender mejor el contexto socio-cultural del barrio.

El siguiente paso de la investigación es diseñar el recorrido, es decir, aterrizar en el espacio el material recogido y las reflexiones que el terreno nos ofrece. Esto va perfilándose a lo largo de muchos paseos en conjunto por la zona en los que el debate de ideas en la marcha y la observación de campo del espacio y sus dinámicas termina dando forma a una ruta.

A partir de aquí comienza la puesta en marcha de los recorridos. Se trata de la fase más intensa pues supone por una parte un testeo del recorrido diseñado y por otra un aprendizaje continuo a través de las aportaciones y críticas de lxs participantes.

Este es un proceso que nunca termina, porque cada vez que se pone la ruta en marcha con un grupo ésta se transforma y enriquece.

 La Liminal Melettea

 

¿Qué importancia tiene el conocimiento compartido en vuestro trabajo?

Siempre tratamos de colocarlo en el centro, lo cual supone un reto en todo momento porque requiere una constante revisión crítica de nuestras metodologías y una búsqueda continua de maneras de abrir espacios de intercambio.

Por ahora la forma en la que proponemos este terreno de encuentro es a través del recorrido urbano, una práctica espacial habitualmente utilizada en la industria turística de la que nos apropiamos para darle un giro a sus códigos y aprovechar su enorme potencial como vía de comunicación, transmisión, revisión, contaminación.. de ideas.

En una visita turística hay un experto que muestra una forma de ver e interpretar el paisaje urbano en base a los discursos del espacio que circulan en el mercado turístico. Nosotras por el contrario proponemos generar entre todas las personas que participan una imagen múltiple del paisaje que cuestione los discursos oficiales sobre el mismo para abrirse a su complejidad.

Este sería uno de los objetivos centrales de nuestras actividades: generar discursos alternativos que partan del aprendizaje colectivo. Pero somos conscientes de que las dinámicas e inercias que todos manejamos son justamente las contrarias y entendemos este objetivo como todo un reto, pues supone una ruptura con la forma tradicional de participación en actividades culturales y también con la forma de relacionarnos con nuestras ciudades y su paisaje.

Por otro lado, partiendo de esta idea de producción de conocimiento colectivo, siempre nos interesa buscar la forma de materializar las ideas y reflexiones surgidas. Por eso, tras un ciclo de varias sesiones de un recorrido, solemos producir algún tipo de material que recoja lo sucedido y hablado. Con esto pretendemos dejar un registro de los debates, poner en valor lo generado y ofrecerlo como devolución a lxs participantes.

En cualquier caso somos muy conscientes de que este cierre es artificial pues mientras se sigan produciendo los recorridos continúa el proceso de investigación sobre el territorio.

 

“Este es un proceso que nunca termina, porque cada vez que se pone la ruta en marcha con un grupo ésta se transforma y enriquece”.

 

 

¿Qué objetividad tiene la historia colectiva?

Primeramente creemos que hay que cuestionar la idea de objetividad en sí, un término que resulta muy conflictivo. Porque la narración de una historia supone siempre pasarla por el filtro de la subjetividad del/la narrador/ra. Contar es hilar una serie de piezas y fragmentos en base a elecciones propias.

A pesar de esto, se ha construido la idea de objetividad y en ella se ha basado históricamente la supremacía del relato dominante, siendo utilizada como herramienta de legitimación de un discurso a través de la “Verdad” indiscutible que le otorga. De esta manera, los grandes discursos se nos presentan como la narración objetiva de la realidad, cuestión de especial relevancia si quieren ser el relato único. Y estos relatos homogeneizan la realidad en base a un canon normativo que se sustenta en la exclusión de múltiples voces.

Partiendo de ahí, el gran valor que encontramos en la historia colectiva es que precisamente relativiza y pone en cuestión el carácter unidireccional y excluyente de esta objetividad en mayúsculas. Y lo consigue atomizando esa corriente de discurso único desde la expresión de múltiples subjetividades. En esta pluralidad y apertura es donde para nosotras reside el potencial de lo colectivo para construir memoria, identidad e historia.

Y son estas voces que nos hablan desde su parcialidad las que nos interesa rescatar, ya que rastrear los procesos que las han hecho desaparecer de la historia oficial nos permite desvelar  los mecanismos e intereses que construyen cuestiones esenciales para la ciudadanía como su memoria, su historia y su identidad.

 

¿La falsificación del pasado se puede acelerar según se vayan apagando los testigos? ¿Y según se va cambiando de gobierno?

Es cierto que es mucho más sencillo construir un discurso interesado que no se ajusta a la realidad cuando no queda ningún testigo que pueda evidenciar su falsedad.

Pero también nos parece que es una tarea bastante sencilla cuando aún viven los testigos, pues rara vez se les pregunta por su testimonio. En la construcción de discursos operan con fuerza las desigualdades en las cotas de poder, permitiendo que determinadas élites invisibilicen a sectores completos de la población. Por eso es tan importante unirse y generar contradiscursos desde lo colectivo, para luchar contra estas dinámicas tan instaladas y naturalizadas en la sociedad.

 

“En una visita turística hay un experto que muestra una forma de ver e interpretar el paisaje urbano en base a los discursos del espacio que circulan en el mercado turístico. Nosotras por el contrario proponemos generar entre todas las personas que participan una imagen múltiple del paisaje que cuestione los discursos oficiales sobre el mismo para abrirse a su complejidad”.

 

En el primer tour que estuvimos con vosotras, recorrimos La Tabacalera y pudimos conocer la figura de las cigarreras y su influencia en la conformación del barrio de Lavapiés. ¿Por qué la mujer es borrada de la memoria histórica?

Los discursos hegemónicos son construidos desde posiciones de poder y una de sus principales misiones es precisamente perpetuarlas.

Tradicionalmente la historia ha sido construída desde el canon patriarcal, según el cual las mujeres tienen un papel subsidiario dentro de la sociedad. El patriarcado ha construído una narración del pasado caracterizada por el ensalzamiento de valores que este sistema considera ligados a lo masculino. Así la historia es una consecución de logros bélicos, políticos, económicos, etc. todos ellos espacios donde se ha privilegiado la actuación masculina, mientras que todas aquellas cuestiones ligadas con lo femenino, los cuidados, los afectos, el tejido desde lo colectivo, han sido infravaloradas socialmente e invisibilizadas de forma sistemática.

Esto nos lleva a la doble invisibilización a la que se ve sometida la historia de las cigarreras. Por un lado han sido expulsadas de la historia oficial no solo por ser mujeres, sino por representar un modelo de feminidad no normativo, pues su identidad está ligada a la de la clase obrera. Por otro, esta inserción en la clase obrera y sus luchas hace que desaparezcan doblemente, pues todas las micro-luchas cotidianas de este grupo social han sido sustituidas por los grandes relatos del movimiento obrero, y estos relatos a su vez, han quedado relegados a un plano de inferioridad en favor del ensalzamiento de dirigentes o estamentos como la monarquía o la iglesia.

Esta idea de expulsar la diferencia de las narraciones no sólo tiene que ver con la construcción de la historia oficial que encontramos en los manuales, sino que penetra en nuestro paisaje cotidiano.

Actualmente la Tabacalera es un espacio que tiene usos múltiples, pero ninguno de ellos ligado con la historia industrial y de la clase obrera de Madrid. Así el nombre de Tabacalera se va poco a poco vaciando de contenido hasta hacer desaparecer la memoria del espacio. A nosotras nos recuerda mucho al proceso de lo sucedido con Matadero.

 

La Tabacalera se ha convertido en un nuevo espacio dedicado a la cultura. ¿El hecho de que siga en pie hace que los ciudadanos sepan la historia que hay detrás de ella? ¿Es suficiente un edificio para que la memoria se mantenga? 

Que el edificio siga en pie, viendo la política de conservación del patrimonio industrial en España ya es todo un logro.

Pero nosotras pensamos que conservar el edificio no es suficiente. De hecho diríamos que actualmente muchos madrileños no vinculan el nombre de Tabacalera con la idea de que allí hubiera una fábrica de tabacos, mucho menos con que fuera una de las principales industrias de Madrid que además contaba con la plantilla más numerosa de la ciudad, altamente feminizada y que esto incidió decisivamente en la configuración del barrio.

Habitualmente utilizar estos edificios como contenedor artístico suele desconectarlos de su memoria, ¿Cuánta gente recuerda que el Reina Sofía era un hospital?

Los edificios como estructura guardan gran parte de su memoria y tienen capacidad de evocarla. Posiblemente hubiera sido el caso de otro espacio con el que trabajamos que es la cárcel de Carabanchel, o más bien el descampado que quedó tras demolerla.

Que la cárcel se mantuviera en pie era una demanda tradicional de los vecinos, querían que no se perdiera la memoria de lo que allí había sucedido. En los movimientos vecinales se habló mucho de cómo reutilizar el edificio, pero en los últimos años parecía unánime la idea de convertirlo en un museo de la memoria de lo allí acontecido.

Tras la aprobación de la Ley de Memoria Histórica en 2008, cuando más fuerza toma este proyecto, se da la orden de derribar la cárcel, lo cual se hará como dicen los vecinos “con nocturnidad y alevosía”.

Claramente era peligroso que ese edificio se convirtiera en la memoria viva de todo lo acontecido. Posiblemente si se hubiera propuesto convertirlo en un museo y se hubiese ejecutado, hoy sería un edificio totalmente desconectado de su memoria. Al menos esto sucedió con el MARCO de Vigo.

Por eso consideramos tan importante hacer un ejercicio de mediación cultural en estos espacios, un trabajo de investigación y comunicación de esta memoria por un lado, pero que al tiempo plantee una continua revisión reflexiva que permita dialogar con ella y mantenerla abierta y viva conectándola con el presente.

 

“Por un lado han sido expulsadas de la historia oficial no solo por ser mujeres, sino por representar un modelo de feminidad no normativo, pues su identidad está ligada a la de la clase obrera”.

 

¿Qué diferencia hay entre la historia y la memoria?

Podemos decir que la historia está conformada por una serie de memorias que construyen una imagen uniforme de lo acontecido. Para servir a estos fines es fundamental excluir todas las narraciones que no entren dentro del canon de la transformación mediante la consecución de éxitos y de la evolución lineal apoyada en la idea del progreso.

Hablar de memoria para nosotras supone hablar de multiplicidad de perspectivas y testimonios, pero también hablar de construir la historia desde otros parámetros, desde lo que tradicionalmente ha estado fuera del plano: la microhistoria, la historia femenina, lo cotidiano, lo sensorial, etc.

Otra manera de abordar esta cuestión sería decir que mientras la historia construye una narración del pasado ligada a bases de racionalidad ilustrada, académica, la memoria es una huella de acontecimientos y vivencias grabada en el espacio y en los cuerpos, y es ahí donde reside su carácter fluido y múltiple.

La Liminal

 

¿Cuál es el apoyo del nuevo ayuntamiento de Madrid respecto a la recuperación de la memoria histórica?

Por lo que vemos en prensa y redes sociales parece que hay una clara vocación de avanzar en la aplicación de la Ley de Memoria Histórica en Madrid, pero parece que los impedimentos siguen estando muy presentes tanto en esta ciudad como en toda España.

En nuestro país sigue siendo muy complejo llegar a consensos en unas cuestiones que continúan perpetuando polaridades y mostrando claramente una gran herida que sigue estando abierta.

 

¿Es esta recuperación partidista?

Parece claro que desde que se promulgó la ley son los partidos de izquierdas los más interesados en que se ejecute. Esto no significa que la recuperación de la memoria tenga que ser partidista.

De hecho creemos que la sociedad civil debe permanecer muy vigilante ante la posibilidad de que aparezca un cierto partidismo, así como de que se produzca una instrumentalización política de esta ley.

Estamos hablando de un pasado que debemos revisitar de forma crítica y responsable, y de una ley que aboga por la idea de justicia y reparación. Lamentablemente parece que corre peligro de pervertirse en múltiples sentidos.

 

¿Se ha convertido la memoria histórica en una industria?

Desde nuestra humilde opinión creemos que aún es un concepto que no tiene la suficiente relevancia social como para ser reabsorvido por el sistema y pervertirlo convirtiéndolo en otra mercancía más destinada a generar plusvalías y al intercambio económico.

Sin embargo, sin duda, esta es una de las peores amenazas que se ciernen sobre ella.

 

Para no perderos ningún paso y asistir a sus próximos recorridos urbanos, podéis visitar su página web laliminal.com  y redes sociales, Facebook, Twitter e Instagram.

 

Fotografías: Lukasz Michalak.

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