Cielo e infierno

Digo hace dieciocho años. Tú acabas de nacer y hoy son un ahora. Cierras los postigones. Tiemblo en la penumbra y la luz que solo me das tú, piel que se ilumina con un brillo pálido, virgen,  de capa blanca.

Te acercas, quiero huir y quedarme. Miedo. Te acaricio los brazos. Echas el pelo hacia atrás, sacudida brutal a mis sentidos. Quiero huir. Me voy, me estoy yendo, me alejo y me detienes. Tomas de la copa de la altanería y ordenas. Me quiero escurrir entre las sombras. ¡Que no pase! ¡Que no sea! ¡Huye de aquí, maldito bribón!

Pero eres agua. Y eres luz. Eres viento, piedra, yerba verde, tormenta, nube gris, rayo.  Paz también. Y yo no soy nada pero estoy. Te arrojo a mis pies y me desquito, liberado. Ahora eres tú quien temes. Manos voraces, sabias, expertas.

Digo hace mucho y tú no estabas. Ahora sí. No quieres escuchar mi historia y yo no sé si quiero contártela. Hace mucho. Ahora es hoy. Y tiemblo. Y ahora tú. Entro y mueres. Jaula, libertad o quimera. Lloro pero no me ves. Gritas y me miras. Me devoras. Te devoro. Me absorbes. Me dejo hacer y muestro las garras, pretérito, malherido. Te poseo para no dejarte ir. Tu cabello golpea mi rostro.

Digo hace dieciocho años. Me miras. Sonríes. Te arranco la furia, me la adueño y la uso contra ti. Caemos. Cielo o infierno. No entiendo de tiempos, ni de complejos. Es un ahora. Tomas de nuevo. Me arranco a morir, despacio. Los postigones se abren bruscamente y nuestras almas tras ellos en busca de la tormenta que no cesa afuera. Adentro todo es calma ya.

📷 Ander Burdain

Acerca de Vicente Aguilar

Como dice mi buen amigo Joaquín la pasión deja cicatrices. A mi no me queda piel sana ya entre tatuajes y ‘pasionaduras’. Nací de la pasión y apasionadamente (estoy seguro, aunque nunca me lo dijeron). Esto sucedió en Madrid el siglo pasado. Vivo pues desde la pasión, para la pasión, por la pasión, tras la pasión …. y podríamos acabar casi con todas las preposiciones pues encajarían como un puzzle en el día a día de mi agitada vida. Cocino, como, hago el amor o follo (según se tercie), río, lloro, trabajo o escribo con pasión y eso es todo lo que puedo ofrecer. No entiendo de otra cosa. Es por ello que, desde aquí quiero comunicarme apasionadamente y recibir el calor de vuestra compañía que confío esté a la altura de este secretillo mío que ahora acabo de desvelar.
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