Saudade

Hace ya tiempo que brillas de vieja y te excusas con los colores de un maquillaje que se corre desde la época en la que fuiste guapa. Tienes dificultades para subir tus cuestas pero respiras cuando llegas a los miradores en los que te descubres a ti misma, eterna y aún rota por los terremotos de tu adolescencia.

Todavía te sientas en los bancos frente a las puertas de tus casas, esperando a ese hombre que nunca vino de entre todos los que llegaron. Marineros con ganas de alcohol y sexo rápido que te dejaron saudade y tabernas que todavía huelen a los lupanares que fueron, manchando el Tajo que había entre tus piernas.

Un día fuiste emperadora y ahora eres madre de los hijos de tus colonias, a los que amamantas con el mismo café que un día les robaste, allá cuando lograbas salir de tus fronteras.

Aunque no lo quieras, porque para ti si pasa el tiempo, siempre te atardece. Justo por el mismo lugar en el que se marchitó tu historia, por el sitio donde te juntas tú con el horizonte, donde ves a tus marineros marchar sin despedirse y a los delfines marearse cuando se juntan con tus aguas dulces. Y es un sol que despide Europa hasta otro día, hasta mañana si dios quiere cuando sus rayos, por última vez, se cuelan entre tus 7 chepas, todas castigadas por los vientos de un Atlántico que no te respeta y la responsabilidad de bajar el telón al continente.

Por la noche todos los gatos son pardos y estás tan embriagadora. Te vistes de calle y gritas músicas en cada esquina, haciéndonos bailar entre los tropezones de tus adoquines romanos, inestables desde hace siglos.

Mientras, hay restaurantes en los que suenan fados que cantan por aquel tiempo pasado que fue mejor, cuando ese tiempo, por ti menospreciado, es tu único y mejor aliado.

 

 

Carta a Lisboa.

 

Fotografía por Natalia Pumarega

Acerca de Luis Aguilar

Gato al sur del Manzanares, hormiga del globo y okupa del Cyberespacio. Su pasión por la comunicación le llevó a licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas y, aunque es más de esto último, adora el creativo resultado al juguetear con las palabras. Convive con el estrés a la espera de un traficante de tiempo y, mientras tanto, le roba a la vida más de lo que le puede dar. Cuando descansa, coge aire en las comas y a veces, consigue pararse en los puntos.
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