Negativo original — Luis Antonio de Villena

El solsticio de verano cae como un foco roto sobre Madrid, en el día en que esta entrevista se realiza. En su casa, Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) me recibe cordial con la cautela de las persianas bajadas, consciente del arder de la calle. Poeta de renombre, escritor de novelas, cuentos, ensayos y colaborador habitual en prensa, continúa con la muestra a la galería de sus cuadros de juventud, concretamente de 1976 a 1996, en el segundo tomo de memorias, Dorados días de sol y noche. Viaje nocturno y diurno en el que se guardan instantáneas de cuerpos, literatura y demás ramificaciones de una vida no concluida.

 

Las palabras

—Luis Antonio, ¿qué te parece la elección de José Guirao como nuevo ministro de Cultura y Deportes? Ya pasada la polémica en torno a la dimisión del anterior.

Bueno, el anterior, obviamente, me pareció mal porque lo encontraba una degradación, de las muchas que todos los gobiernos han hecho en el último tiempo en  España, donde han dejado a la cultura como la hermana pobre de todo. La han menospreciado la izquierda y la derecha, todos, de una manera terrible. En ese sentido, hay que abroncar a los políticos una vez más, porque respecto a la cultura, son y han sido nefastos.

El ministro que había puesto Sánchez, Màxim Huerta, parecía una broma. Y Sánchez quedaba por los suelos. Teniendo la gente que hay y habiendo el nivel cultural, él se iba a los bajos fondos, como quien dice. Un horror. A Guirao le conozco personalmente, es un tipo muy cordial, no es un escritor ni un pensador, pero sí un buen gestor cultural. Así que me parece bien. Habrá que ver lo que hace, creo que es una persona talentosa, ha llevado bien sus pasadas funciones, entonces me parece bien. Sobre todo pienso que es alguien que puede ayudar al mal momento de la cultura actual, abandonada por sucesivos gobiernos. La derecha no hizo nada, pero la izquierda tampoco, desde Felipe González, quien sí hizo mucho por ella. En esta cuestión, a lado de Sánchez, González era un gigante. Pedro Sánchez tiene todo por demostrar, porque hasta ahora ha hecho muchas cosas, muy mal. Muchos que hemos sido —nos sentimos— socialistas, con Sánchez nos sentimos incómodos. Tiene que demostrar que es limpio, que las compañías con las que se ha juntado ha de apartarlas, tarea difícil. Está abocado a unas elecciones generales quiera o no, sólo eso le dará legitimidad de decir que cuenta con un apoyo popular, no solamente con el de esos grupúsculos separatistas de vascos ex etarras. Necesita un camino firme. Si es honesto y decente, en la Moncloa tiene que durar poco. Si sale elegido en las elecciones, bien. Pero volviendo a Guirao, me parece claramente bien.

—En las memorias, como de las novelas decía Baroja, ¿cabe todo?

Puede. Si son memorias de verdad, como son las mías, los dos tomos que llevo publicados, el último Dorados días de sol y noche, cabe todo. Pero tiene que ser tuyo, no de los otros. Me explico. No voy a hablar de alguien que no conozco, no es su lugar en unas memorias. Ahí se habla de tu vida, de la gente que has conocido, historias que te han pasado: tu vida literariamente y enfocada a los demás. Los que salen es porque han tenido relación contigo. En mi caso hay mucho de tipo personal, erótico, vida nocturna, y también literario, muchísimas personas, escritores, algunos ya muertos.

En las memorias se puede poner de todo lo que te concierne. No tendría sentido que te hablara de Dostoievski. Puedo decir que me gusta mucho, como lector…

—Pero sin elucubrar su vida.

Exacto, no es el sitio para elucubrar sobre la literatura de Dostoievski. Para eso, un ensayo, que está muy bien.

—‘Era otoño, ese buen otoño de Madrid tan famoso, que no sé si también se deteriora, como casi todo’, citas en uno de los primeros capítulos. ¿Ha sido el pasado mejor decorado que el presente?

Hay de todo. El otoño de Madrid es que era famoso, los que somos madrileños, por ser la mejor estación del año. Porque era o es, pues con el cambio climático no se sabe muy bien qué ha ocurrido con ella. Pero era una estación suave, donde no hacía ni frío ni calor, terminaba con frío ya en noviembre, pero octubre era un mes muy bonito donde ya se notaba el otoño. No había restos de invierno. Llovía. Había humedad, pero no frío. Pese a lo que diga el payaso del presidente de los Estados Unidos, personaje siniestro, el cambio climático es una realidad que se ve, por desgracia.

Lo otro que me preguntabas, ¿todo tiempo pasado fue mejor? No. Yo siempre digo, y está contado en el anterior tomo, El fin de los palacios de invierno, que he vivido mejor a los treinta años que a los dieciocho. Con dieciocho yo era estudiante en la universidad, en un franquismo final que no tenía nada que ver con el principio. Cuando se habla de los horrores franquistas de los años cuarenta, son ciertos, pero ya no era así en los setenta. Había cambiado mucho. Era una ‘dictablanda’. Ahora, el nivel cultural era muy alto. Lo que se pedía en la universidad era infinitamente superior. El universitario salía mucho mejor formado que hoy. Me da pena decir que el final del franquismo era, culturalmente, infinitamente mejor que la España de Rajoy y Pedro Sánchez. Éstas últimas han sido una basura, salvo los grandes nombres. Están preparando estudiantes a nivel bajo cero, lo encuentras en Internet todos los días. Han obrado un mal, porque ellos son muy incultos. No tengo ninguna duda que ellos dos son de un conocimiento cultural muy bajo, estoy seguro, no hay más que verlos comportarse. En el final del franquismo, a veces los alumnos vagos se quejaban de que había que estudiar mucho porque si no te suspendían. Pero claro, había sus restricciones. El cine tenía censura. Se vivía en una dictadura, eso era negativo, sí. Había cierta represión sexual. El mundo de mis dieciocho es peor que el de mis treinta, claro.

Hubo un momento en que el mundo mejoró. Lo único que suele ocurrir, que no nos damos cuenta, es que la Historia, muchas veces, va hacia adelante. Pero no siempre, como en algún momento creyeron los marxistas, que eran avanzadas. No, también va hacia atrás. A mi generación nos ha sorprendido un poco que, viniendo de una etapa negativa que era el franquismo, luego entráramos en la pobre Transición y después la  España de González, incluso la de Aznar, que han sido muy ricas. Pero no había sido así en más de cien años. Fue próspera, rica, sin problemas, sin la cochambre de este momento. Especialmente la política.

Luis Antonio de Villena 2 - Melettea

—Que es la que más te molesta, por lo que veo.

No. Me horripila. No por ellos, porque como decía Borges, suprimiría la política y ojalá el hombre recibiese la libertad y bienestar total. Pero esta última parte de los políticos en España está siendo horrible. Son de un nivel bajísimo, ellos y ellas. Ellos y ellas, porque se ha de ser feminista. Cuando hay idiotas, hay también idiotas femeninos. Es lo mismo. ¿Quieren el mismo nivel? Se lo damos. Si hay hombres estúpidos, hay mujeres que también.

Entonces, ¿tiempos mejores? Claro que los hay y habido. Pero ahora hemos vuelto hacia atrás. Pasamos unos años, en mi generación, con mala adolescencia, buena juventud, siguió así, y de repente, todo atrás. A partir de esa crisis, que no sólo fue económica sino de valores y civilización, de mundo, que pasa página la Historia —y esos momentos son muy duros—, los políticos no han sabido estar a la altura. Me da pena, pero es así.

—Muchos capítulos se cierran con íntimas despedidas o evocaciones. ¿Escribir es un modo de saldar los adioses?

Sí, entre otras muchas cosas, escribir es, cuando toca, una despedida. También un encuentro. Efectivamente, hay veces que uno puede decir adiós escribiendo, con tinte elegíaco, pero también saludar la novedad de una persona o un libro, un paisaje o viaje.

—Una apreciación que queda al final del volumen es que antes se trataba mejor la poesía, y a los autores emergentes en general. ¿Ha caído esa costumbre?

Más que caído, es lo que te decía antes. Hace quince años se vivía un momento de mayor valoración de la cultura. El Estado ayudaba a la cultura, que en España es deficitaria respecto al público, que de índole cultural es escaso, y claro, un autor tenía más fácil publicar. Ahora es más difícil, porque el Estado ayuda muy poco y mal.

Por ejemplo, yo voy a dar una conferencia, va habiendo menos, pero voy a dar una conferencia, y si me pagan…

—Si lo hacen…

No, me pagan. Si no, no voy. Pero, probablemente, con suerte tardan un mes. Dos, hasta tres. Y si son administraciones autonómicas o estatales, peor. Pagan menos y con más tardanza. Ellos dicen: ‘Es que estamos en crisis’. Ya, pero dejáis que el andamiaje cultural de España se caiga, construido décadas atrás. Insisto por eso. A mí no me interesa ni la política ni los políticos, pero la cultura les hace estar relacionados. Yo quiero la cultura y el arte y la música, los quiero más que a los otros. Pero damos el poder, sin darnos cuenta, a manos de tontos y tontas.

Ellos son crisis: Rajoy, Sánchez, Torra. En Cataluña, por ejemplo, se ha hablado y escrito y hecho cosas en catalán, normalmente, sin la vergüenza que existe ahora y sin los palurdos actuales. El señor Quim Torra, es increíble que hable mal de nadie porque no se ha mirado en el espejo. Es la degradación de Cataluña. Con un personaje así, la comunidad le sigue en su curso descendente. Existen otros bien distintos, pero si todos fueran como él, habría que pedir que sí, que se largaran. Torra, Colau, son la palurdez de Europa. Parecen sacados de una comedia costumbrista. Colau parece la portera de un sainete. En fin, ni me interesan ni quiero hablar mal de ellos. Los respeto como seres humanos. Como políticos nada, son impresentables y pueden hacer muchísimo daño al país, a su región, a la cultura. Sería importante quitarlos.

—Recuperando una vieja pregunta que te hicieron en el año 1988, en el programa Viaje con nosotros, ¿sigues llevando veneno en los anillos?

Bueno, eso supongo que era una broma de Javier Gurruchaga, entonces amigo mío. Ahora se ha perdido, no sé nada de él, ni de su grupo…

—La Orquesta Mondragón.

Sí. Para mí son seres perdidos, pero en aquel tiempo era una persona que se llevaba muy bien conmigo, y en ese programa —él estaba de moda, ahora no— me hizo tales preguntas. Hombre, era un programa que tenía una mezcla de elementos culturales y lúdicos, cosa que a Gurruchaga les gustaba mucho. Supongo que lo del veneno en las sortijas sería por la idea del Renacimiento…

—La copa Borgia…

Claro, que se abría y caía un polvito que echabas en la copa de quien cenaba a tu lado. Eso era una broma. He llevado siempre anillos porque me gustan mucho, pero que recuerde nunca he llevado veneno… (Risas)

—¿No has tenido oportunidad?

A lo mejor debería pensarlo.

—Para finalizar, ¿queda lugar para el dandismo en nuestro paisaje actual, Luis Antonio?

Sí, porque el dandismo no es más que una actitud disidente. El dandismo nace con el romanticismo, y es una idea de disidencia, que la sociedad que hay te disgusta. Que estás en contra de los valores sociales, y especialmente de los valores mayoritarios. De la mala mesocracia. De esa burguesía que ni sabe ni opina. De la famosa mayoría silenciosa, que es un horror. Hay que tener opinión, decirla, formarse. De ahí nace el dandismo, manifestándolo un poco a través de la manera de vestir. No hay que confundirlo con elegancia, sino con un sentido de lo que lleves. Que sea bonito, luzca bien, más caro o barato, no importa. Lo destacable es que sea original y represente un tono distinto al de los otros.

Se puede ser dandi, sí. Ha habido muchos grupos, rockeros sobre todo, que en un momento en que la gente no hablaba de dandismo, se encontraban con que ellos lo eran.

 

El test

¿Cuál es tu palabra favorita? Pasión, excelencia, arte

¿Cuál es la palabra que menos te gusta? Políticos

¿Qué es lo que más te causa placer? Lectura, escribir, la Belleza (la física también)

¿Qué es lo que más te desagrada? La cretinez y la ignorancia

¿Qué sonido o ruido te agrada más? La música clásica instrumental, de fondo

¿Qué sonido aborreces escuchar? El ruido (un mal contemporáneo)

¿Cuál es tu palabrota preferida? Las entiendo, pero no sé decirlas

Aparte de tu profesión, ¿qué otra profesión te hubiese gustado hacer? Pintor o actor

¿Qué profesión nunca ejercerías? Informático o matemático

Si el Cielo existiera y te encontraras a Dios en la puerta, ¿qué te gustaría que te dijera al llegar? Suena ingenuo, pero me gustaría que dijese: ‘Hola, Luis Antonio’

Acerca de Luis Bravo

Alma madrileña y mente incierta. Versándose en el cine y el teatro, pues uno es su arte favorito, un sombrío espectáculo que ilumina la oscuridad del patio de butacas, y el otro tiene el poder de malear las distintas fuerzas de las palabras. Escribe porque aún no sabe nada, por las historias que relatar, porque la gente incita a que sea observada, porque sigue habiendo fantasmas sin voz propia, porque la literatura escapa de la certeza, incitándonos a la fiebre o a la sombra. También he publicado un libro, lo puedes encontrar en Amazon y en La Casa del Libro buscando por Mala Sombra.
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