Será por eso que odio las modas.

Lo de ahora es quererse mucho. Se lleva el cuidarse, los gimnasios, el maquillarse y arreglarse el pelo. Vestir a la moda, comprarse esos zapatos de suela interminable. Lo de ahora son los selfies de lado, mostrando sólo unos labios rojos, un mechón de pelo y un cuello de piel bronceada. Se llevan los hashtags, los #Friends4Ever, presumir de sitios y amigos. Para ver quién gana. Se llevan las fotos con filtro, las “parejas de guapos” y los corazones en los comentarios.

Se lleva el sentirte una mierda si alguien es más guapo, más delgado o tiene más “me gusta” que tú. Se lleva el odio hacia el prójimo por fardar de algo que tú no posees.

Se lleva el no querer. El no mojarse. El no contestar. El “háblame, que ya te responderé en cinco horas (si te respondo), no porque esté ocupad@, sino porque no quiero mostrarte nada. Ni siquiera mi interés”. El “háblame y jódete, que me quedo en línea para que me veas leer tus mensajes y pasar de ti”. El dejarte en leído porque así gano yo; cierro la conversación y abro otra cuando me parezca.

Se lleva el no complicarse la vida (o complicársela demasiado) diciendo que no buscas nada serio. El callarse y no decir “Cómo me gustas”, “Que sepas que te quiero” o “Siempre me tendrás a tu lado” y cambiarlo por un “Qué tont@ eres” seguido de esas caritas fácilmente recurribles que no comprometen.

Lo de ahora es alejarte de una persona que te encanta y que te aporta cosas buenas. Pero como también son de ahora el egoísmo y la cobardía, no te quedas a averiguar nada, por si acaso hay algo que no entraba en tus planes. Si alguien te gusta, disfrútalo. Pero no. En su lugar, te acercas a los que te regalan su espalda cuando les necesitas porque son ideales: no se complican la vida por nadie. Ni por ti. No se exigen compromisos a sí mismos, y por lo tanto, a ti tampoco. Redondo.

Lo de ahora es hacer sufrir, enfadarte sin motivo, ser borde y generar dudas. Lo de ahora es preguntarte “¿Por qué es tan seco? ¿Por qué me habla así?”, o mejor, “¿Por qué no me habla?”, cuando el único problema es ver quién de los dos es más imbécil: si quien no te habla o tú, que le sigues el juego. Lo de ahora es tener miedo a sentir. No tener tiempo para quien lo tiene siempre para ti.

Lo que ha pasado de moda es dar besos, abrazos, llamar o escribir, preguntar qué tal estás, hacer un hueco en la agenda para hablar y escuchar, o reír, para variar. Ha pasado de moda poner la mano en el fuego por alguien. Si lo haces, eres demasiado dependiente y un inadaptado a lo de ahora.

Ha pasado de moda tener las cosas claras. Lo de ahora es el lío, el “ni contigo ni sin ti”, el “no te hablo, pero ay de ti si pasas de mí. No me sacarás de tu vida: comentaré todas tus fotos y te daré corazoncitos. Si tú te alejas, de repente comenzaré a gritarle al mundo lo maravillosa persona que eres”. Pero si sigues a mi lado, impertérrito, olvídate de que muestre mi cariño.

Han pasado de moda las cosas fáciles y directas. Las han sustituido las comillas.

Ha pasado de moda no tenerle miedo a la vida, desconectar el móvil cuando no quieres saber nada de nadie. El no estar en línea. El llevar tus riendas y tener tu vida a raya.

Será que en pleno siglo XXI, siendo todo tan fácil, el querer(se) es tan complicado que asusta. Será por eso que odio las modas…

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