Juventud, divino tesoro.

Juventud divino tesoro

Querido joven, ¿qué crees que ocurre cuando eres octogenario, cuando la mayoría de lo que has construido como familia se ha marchado, cuando el cuerpo se ha convertido en una maquinaria obsoleta, cuando tu compañero de viaje es una mascota harapienta, cuando tu casa huele fuerte, cuando lo máximo que te tocan es el timbre para dejarte publicidad en el buzón, cuando a cualquiera le aburre tu presencia o cuando la mayor atracción en la que puedes montarte es una máquina de resonancia magnética?

Es irónico dedicar la vida a alargarla, a estirarla de forma que ya no la desees porque ha caído por su propio peso. Haz deporte, come sano, fuera estrés, vivirás más años, dicen. Gimnasios, dietistas, coaching, centros de estética, programas de televisión, los labios de Angelina Jolie. Todo un bombardeo de apología a la juventud, a la exacerbación, a la belleza de lo extremadamente pulido: la filosofía del acabado perfecto. Tú tomarás nota, comenzarás el programa de salud, transformarás tu vida y tu cuerpo por el nuevo orden mundial. Y conseguirás estar en el top, habrás comprado el kit completo del nuevo devoto, serás el tío más bueno del lugar. Tus fotos en las redes sociales conseguirán miles de likes. Llegarás a un punto en la treintena en el que creerás que tu estado de bienestar físico te hace indestructible y que has vencido a las inclemencias del paso del tiempo. Tendrás fe ciega en que el hombre mortal no solo está arrojado en la naturaleza como cualquier animal vulgar, sino que la domina y que además, la ciencia avala tu creencia. Fe y razón nunca han estado más en consonancia. Pero joven, para la fluidez del mundo del consumo, eres un producto más, tienes fecha de caducidad. No olvides que quien te hace indefenso no es la naturaleza, sino la fantasía en la que vivimos, por ocultarte la doble cara de la moneda. Nadie presta atención a los ancianos. Y entonces la vejez llega y te das cuenta de que emprendiste una huida sin posibilidad de escapatoria. Te habrás convertido en una carga para la sociedad, para tus seres queridos y puede que incluso para ti mismo.

Fotografía: Santiago Gómez (@sgophoto)

Texto: Mercedes Navarro

Acerca de Santiago Gomez

Constante explorador de la imagen, lector, melómano y adicto a la fotografía tanto fija, como en movimiento. La cámara con un hombre colgado a ella. Habiendo estudiado fotografía artística, dirección de cine y ahora imagen y diseño. Un friki técnico buscando evocar sentimientos en cada imagen, tratando de crear preguntas, buscando inquietar, reflexionar o marear al espectador. Intentando hacer cosas diferentes en un ámbito donde todo está hecho. Iluso.
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