El vacío

 

Alguien se marchó sin dejar rastro. Una despedida habría sido un analgésico para la familia.

Alguien reposa con la mente en blanco cansado de esperar a que le tiendan una mano. Hubo

un tiempo en que ese alguien soñaba con ser uno de esos que llegan a ser otro alguien, de los

que se emancipan en la gran ciudad, pero quince años dando tumbos en la calle son más que

suficientes para perder toda esperanza. Una de esas personas que son madres lleva quince

años esperando una llamada de teléfono, una carta, una respuesta. Está sumida en la desdicha

porque la curiosidad que no se sacia se torna dolorosa, incluso más que una herida física. La

sensación es algo así como un embarazo psicológico: el vientre hinchado albergando un ser, la

oxitocina preparándose para llenar los senos de alimento, una trampa emocional que nunca

llegar a tener el descanso del puerperio.

Una de las mayores crueldades del ser humano es evidenciar mediante el ignoro que el otro, el

ajeno, no importa. Es indudable que no podemos atender a todo aquel que se cruza en

nuestro camino, la labor sería agotadora e inabarcable. No obstante, a lo largo de nuestra vida,

tomamos la decisión de situar en la periferia a unas cuantas personas que concurren de

manera activa en nuestra existencia. Nos comunicamos con el silencio, mandamos con él un

mensaje vil a aquellos que creemos que no merecen nuestra atención sin pensar quizás en la

condena a la que los sometemos cuando nos marchamos sin dejar rastro.

Fotografía: Santiago Gómez (@sgophoto)

Texto: Mercedes Navarro (@stery_boyner)

Acerca de Santiago Gomez

Constante explorador de la imagen, lector, melómano y adicto a la fotografía tanto fija, como en movimiento. La cámara con un hombre colgado a ella. Habiendo estudiado fotografía artística, dirección de cine y ahora imagen y diseño. Un friki técnico buscando evocar sentimientos en cada imagen, tratando de crear preguntas, buscando inquietar, reflexionar o marear al espectador. Intentando hacer cosas diferentes en un ámbito donde todo está hecho. Iluso.
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