Un selfie en 25 años

Pi…pi…pi-pi, pi-pi, pipipipi…

 

—¿Manolito? ¿Manolitooo? ¡Ay, dios! ¿Manolito estás despierto?

—Mmm…cinco minutitos más.

—¡Pero bueno! ­—Rosa le da una colleja—. ¿Llevas veinticinco años durmiendo y me dices que cinco minutitos más? Desde luego que el coma poco ha mejorado tu sinvergüenza.

—¿Cóoomo que veinticinco años? —intenta agarrarse el corazón con una mano—. Rosa, ¿dónde estoy?, ¿qué me ha pasado? y…—se incorpora ligeramente de la cama—, ¿qué te ha pasado a ti?

—¡Serás granuja!—hace amago de darle otra colleja—. ¿Qué te crees, que los años no han pasado por ti? Hace veinticinco años te caíste de un caballito tonto con la moto de tu primo, el del pueblo, ¿le recuerdas? Y de ahí a aquí. De un pueblo de Valladolid a Madrid. De la casa de tus padres a la habitación de este horrible hospital.

—¿Hace vein-ti-cin-co años? ¿Qué me estás contando?—Manolito se quita bruscamente la sábana de encima y comienza a tocarse y observarse a sí mismo, mira ligeramente hacia la ventana como si quisiera adivinar qué ha pasado durante todo este tiempo ahí fuera—. Pero eso…¡eso muchísimo tiempo!

—¡Y tanto! Ni yo me creo esto que está pasando — Rosa se pellizca un par de veces los carrillos.

—Bueno, puesss… ¡vamos a celebrarlo!, ¿no? ¿Habrá una Mahou bien fresquita en esa nevera?

—¿Y ya está? ¿Eso es lo primero que se te pasa por la cabeza? ¡Qué poco te ha cambiado esa cama Manolito!

—¡No mujer! Era por acompañar el momento, venga Rosa, cuéntame, ¿qué ha pasado en la calles durante todo este tiempo? ¿Tendrás un álbum de fotos preparado para enseñarme no?

—¿Qué álbum ni qué álbum? Los álbumes de fotos son cosa del pasado, ya nadie los usa.

—Pero y… ¿dónde guarda la gente sus fotos ahora?

—Aquí. —Rosa le enseña el último modelo del Iphone que tieneesto es un móvil, como un teléfono de los de antes pero que te lo puedes llevar contigo a todos lados. Es como un dedo más de la mano, puedes hacer de todo con él, encender la lavadora, organizar un viaje, hacer la compra en Alcampo, hacer una transferencia bancaria, leer un libro, despertarte por las mañanas y por supuesto hacer fotos. Casi todos ya hacemos las fotos con esto y aquí dentro se almacenan pero, no me preguntes cómo porque yo las cosas de informáticos ya… ni idea. Eso sí, la tontería está cuesta un riñón, unos 800 €, que claro, tampoco sabrás que son. Las pesetas se fueron al garete y ahora pagamos y nos dejamos la crisma por los euros. Esto serían como 133.000 pesetas de las de antes, ahí es .

—¡Guau! —Manolito parece realmente impresionado—. ¿Y cuántas fotos se pueden hacer antes de revelar el carrete?

—¿Reve qué? Ay Manolito… ¡qué de cosas te has perdido! Esto no se revela, ya prácticamente nadie revela las fotos. Se quedan aquí dentro, sin revelar. Las puedes ver cuando quieras pero es que, hacemos tantas, tantas, que a ver cuando vas a tener tiempo para volver a verlas Manolito. Para que veas, en una semana que me fui a Torrevieja con la Tati hicimos más de 1.000 fotos, ¡imagínate tú!

—¿La gente no vuelve a ver las fotos? Pero entonces, ¿para qué las quieren? ¿Para qué las usan? Y, ¿por qué hacen tantas fotos?

—Las comparten en el feisbuk y esos sitios.

—¿En dónde?

—En las redes, las redes sociales, una especie de programas de esos informáticos donde cada persona pone su nombre y apellidos y publica textos, reflexiones, fotografías y vídeos y además, bueno, ¡esto es una paaasada! Te permite hablar con personas en la otra punta del mundo, ¿te acuerdas de Fátima la del quinto? Pues vive en las américas y hablo con ella casi cada día, ¿flipante eh?

—Ah, o sea que, ¿las redes sociales son los álbumes del futuro? ¿Lo que serían los álbumes de toda la vida?

—Uy… el futuro a mi me da miedo. Nos van a terminar metiendo los álbumes estos de los móviles con chips en el cerebro y sino verás… Yo ya sabes que no me equivoco Manolito. De momento son algo así como los álbumes de antes pero no se tocan, se ven a través de una pantalla. Con la diferencia de que antes tus fotos se las enseñabas a la familia y a los amigos y ahora hemos perdido la vergüenza, lo enseñamos y contamos todo y nos da igual quien lo vea.

—Yo sigo sin entender cómo pueden realizarse tantas fotos, ¿pero a qué Rosita mía?

—Pues a todo, hoy en día cualquier cosa es digna de una fotografía, los garbanzos que te has comido, tu gatito, la blusa que te has comprado, la oficina, los restaurantes, la frutería… porque si no hiciste la foto es como si no hubiera pasado. Así estamos, inseguros, ansiosos e idiotas, expuestos a los demás a través de las fotos y los vídeos que hacemos. Que no te he dicho pero, este aparatito también hace vídeos. ¿Tú tienes algún vídeo de cuando eras pequeño?

—Pues la verdad que ahora que lo dices…No.

—Pues hoy en día todos los niños tienen su vida grabada y fotografiada al milímetro. Cuando sean mayores podrán volver a ver cómo fueron sus primeras palabras y sus primeros pasos.

—Pero a ver… que yo me entere entonces, ¿las personas se siguen fotografiando unas a otras o no?

—Sí y no. Ahora lo que se lleva son los selfies esos, lo que viene siendo hacerse una foto a uno mismo vamos.

—¿La gente se hace 1000 fotos a sí misma?

—1000 y más. Se fotografían a sí mismos toooodo el rato, para vender principalmente mentiras. Lo que se comparte en el feisbuk que te hablaba es solo una parte de la realidad o a veces ni eso porque se pueden poner cosas encima como pegatinas o caretas que deforman la realidad para hacerla más “bonita” a los demás. Además están hechos para los selfies y te maquillan de forma automática, te hacen la nariz más pequeña, te quitan las ojeras…etc.

—Parece que os lo hubieran dedicado a vosotras…

—¡Pues claro! En esto no hemos avanzado casi ná pero eso es otro tema.

—¿O sea que el selfie es como ser uno mismo pero para otros?

—El selfie es la esclavitud Manolito, que no se te olvide. Estamos atontaos todo el día pensando en ser alguien para los demás y buscando su aprobación, como si ellos se fueran a levantar a currar por nosotros cada mañana.

—Parece que estéis demasiado obsesionados con cambiar la realidad.

—Sí, por lo menos con mostrar la mejor versión de ella, no la real ni la natural.

—Pero entonces, ¿qué pasa, qué las fotos ya no son espontáneas?

—La mayoría no. Para que te hagas una idea, hay gente que visita determinadas ciudades solo para hacerse determinadas fotos. ¿Una locura eh? La mayoría de las veces la foto la han pensado antes de hacerla.

—¿Las fotos son más como una prueba que un recuerdo?

—Correcto, así es. Las fotos son como una exigencia de la gente, no como algo que realmente nosotros queramos hacer. Se han convertido en una manera de manipular la idea que los demás tienen de ti.

—Uiii, pues qué de tiempo hay que dedicarle a eso, ¿no?

—Depende Manolito, no es difícil, lo que te comentaba de esa especie de caretas…lo facilitan mucho. Y una cosa importante que no sé si te has imaginado ya pero, con estos aparatos —vuelve a enseñarle el móvil otra vez puedes ver las fotos que haces al momento, no tienes que esperar a revelarlas, por lo que es fácil ver los resultados rápidamente.

—Parece como una enfermedad….

Narsisimo o algo así dicen por la tele. No seré yo quien lo juzgue Manolito pero a mí ya me ha dicho mucha gente que puede llegar a convertirse en una enfermedad obsesiva compulsiva de esas.

—Y en los salones de las casas ¿ahora qué hay? ¿Selfiss?

—Pues algún que otro igual hay pero como te decía, que no me escuchas, las fotos ya prácticamente no se revelan, no hay álbumes como antes, no hay muebles en el salón con las fotos de la comunión de los primos. Ahora se lleva enmarcar láminas con frases de esas para venirte arriba, qué claro, para los tiempos en los que vivimos tiene todo el sentido.

—¿Y qué ha pasado con las cámaras analógicas? ¿Han desaparecido? Pues sí que me he pasado tiempo durmiendo…

—No te creas, no. En lo que tú te has pasado postrado a esa cama ha dado tiempo a que se fueran y también a que volvieran, por los modernos creo o guisters como dice mi sobrina. Ahora se dedican a hacer fotos con cámaras analógicas para recuperar la emoción, la incertidumbre, la espontaneidad, la sorpresa y las historias detrás de cada foto.

—Y Rosa, ¿tu qué crees que pasará en el futuro?

—Ay no sé Manolito, ya tengo suficiente con entender el presente y recuperarme del susto que me has dado despertándote pero desde luego, este aparatito—vuelve a enseñar el móvil—terminará desapareciendo y podremos controlarlo todo con los ojos o con lentillas que se ponen en los ojos, o eso es lo que dice el Discoveri.

—¡Qué de cosas Rosa! Parece un tema complicado para acabar de levantarme pero, ¿habrá que hacerse un selfi de esos para celebrar que por fin me he despertado no?

 

 

Fotografía tomada en el Museo Nacional de Bogotá (Colombia) el 9 de Julio de 2017.

 

Acerca de Lucía Barba

Madrileña inquieta. Curiosa por naturaleza y optimista por definición. Apasionada de la vida y de todas las cosas que le ponen los pelos de punta. Hablando por los codos la escucharás unos gramos de “sabes” y un kilo de “porqués”. Fan de las personas y las marcas. Eligió la publicidad como el viaje que le permitiría estudiar a las personas. Le encanta agitar las cosas, darles la vuelta, cambiarlas, descomponerlas y volverlas a componer. De ahí Melettea, un baúl abierto y volátil con destino la inspiración, donde poder volcar su curiosidad y agitar más de un pensamiento.
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

3 comentarios

  1. Bravo…un deleite la ‘transposición’ monentánea en el sentimiento que percibe el ‘exdurmiente’durante la explicacion del nuevo tecnomundo.

  2. Me ha parecido una historia muy bonita, muy positiva y en un corto espacio, has vislumbrado por medio de otra persona todos los cambios ocurridos en la tierra y tan avanzados. Tienes una gran imaginación y escribes muy bien. Un saludo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.